lunes, 11 de abril de 2016

Un apéndice para mi pequeña xenofobia




Algunas notas dispersas que en el anterior artículo no encontraban su sitio, se quedaron desparramadas sobre la mesa, secas, junto a la ceniza fría de mi extinto cigarrillo. Desde el cajón en el que fueron encerradas posteriormente, en una exagerada soledad y densa oscuridad, ahora piden airearse, tomar siquiera algo de aliento antes incluso de ser escritas; las expongo pues, primitivas, bárbaras ellas:

I) El Manifest Koiné es la expresión textual, en forma de libelo (nada de informe técnico o académico; o quizás sí que es de nuestra academia de barretina y chichinabo...), del mito político que en el SXX, nuestra época técnica y lingüística, se ha convertido en una ingeniería de la despolitización y técnica trófica de la imaginación exuberante, en la que el mito, como sostenía Roland Barthes, es un "habla despolitizada", cuyas imágenes y símbolos, que articula y en los que vive instalada, no son considerados como tales, sino como insobornable realidad (naturaleza). Esta realidad no puede ser criticada o rechazada (negada), sino, aceptada pasivamente como necesaria e inevitable, como un fenómeno meteorológico irreversible; no como un artificio con métodos y planes de expertos y especialistas en técnica política: fabricadores de cáscaras ideológicas, espumas políticas etc. Por lo tanto el nacionalismo lejos de ser, como consideran algunos liberales, una excepción o un anacronismos en la comunidad europea de nuestros tiempos; es un fenómeno cuya naturaleza se adapta perfectamente a la condición técnica de nuestra época; que aún vive de los viejos resortes políticos del SXX. 

II) De los profetas y panfletos providenciales, como el Koiné, dice Gellner: " La imagen que de sí mismo tiene el nacionalismo, y su verdadera naturaleza se relacionan de forma inversa y con una perfección irónica que pocas veces se ha visto, siquiera, en otras ideologías triunfantes. Ésta es la razón por la que creemos que, en términos generales, no podemos aprender demasiado acerca del nacionalismo estudiando sus profetas". Pues bien, yo, como Francisco Caja en La raza catalana, creo justamente lo contrario. Que no hay nada más revelador que la exposición pública de sus textos ante un espejo en el que se refleje intensamente y al aire libre, su mentira y su vileza; exactamente como sucedió con las figuritas de lladró del mandarinato catalán con el papelucho Koiné. De modo tal, que quien siga pensando en la jovialidad y el entusiasmo inocente y festivo de los nacionalistas, será él, el único y verdadero responsable de su negligencia política; no cabe engaño ni moralidad diferida alguna ante la evidencia. La responsabilidad de los individuos que forman parte del incoloro fantasma de la masificación que produce el mito político, no siempre permanece recluida en ese yo social en el que nos proyectamos e instalamos dejándonos llevar por la corriente dominante, para no actuar cuando el acontecimiento es inminente e inmediato, para no pensar genuinamente cuando el pensamiento único nos acecha, clavándonos su amenazadora mirada en el pecho.  

III) El mito político (el nacionalismo) es ucrónico, por lo tanto su refutación racional es imposible, pues, en el fondo el mito coincide con el deseo colectivo personificado en el narcisismo de las diferencia. Idéntico a las convicciones de un grupo que se cree "único" y "excepcional"; y constituye la expresión de esos deseos y convicciones en un lenguaje beligerante, hostil y de movimiento continuo, de acción colectiva y permanente, de un solo cuerpo sin más oposición que la "fobia al exterior", en un plano ficcional de alteración temporal, en definitiva, de atemporalidad, en el que los análisis históricos y críticas políticas se desactivan e inutilizan a priori. Convirtiendo al otro, en enemigo de la realidad. Crea así, un universo de sentido en que cualquier dialéctica política (en el sentido político más amplio y e el sentido filosófico más estricto) que ataque el marco en el que se construye y habita el nacionalismo, más sólidamente lo incrusta en la mente de los conservadores incondicionales como en la de los progresistas moderados, afectados ambos por la falta de responsabilidad y espacio político. La negación de un marco, activa ese marco, reafirmandolo proporcionalmente a la fuerza e intensidad del ataque. Apoyes o ataques al nacionalismo en su universo de sentido o fuera de él, lo estás ayudando y consolidando.  

IV) Que el núcleo doctrinal del catalanismo es la doctrina de la raza, que el nacionalismo es una especie de racialismo; lo vemos en Taguieff, en forma de cita en el libro de Francisco Caja:  

<<  a) el desplazamiento de la raza hacia la cultura, y la sustitución correlativa de la pureza racial por la identidad cultural "auténtica"; 
b) el desplazamiento de la desigualdad hacia la diferencia: el desprecio dispensado a los inferiores tiende así a dejar el sitio a la obsesión por el contacto con los otros y, más profundamente, a la fobia  de la mezcla; 
c) el recurso a enunciados heterófilos (derecho a la diferencia etc.) más que a enunciados heterófobos. >>

V) Un artículo en La Vanguardia (una Vanguardia que cada día pretende, inútilmente y con una dosis de cinismo y oportunismo incalificables e inasumibles, imitar y parecerse a la de Gaziel. Al menos en cuanto a una escritura, una melancólica y sudorosa prosa, que carga con algo perdido, irrecuperable, pero que siempre esta presente en la burguesía catalana como una aspiración ilusoria y entusiasta de realización plena: una Cataluña, en fin.) de Gregorío Morán nos revela la verdad sin tapujos ni trampantojos sobre el neofascismo lingüístico


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Bulerías para cinéfilos





viernes, 8 de abril de 2016

Mi pequeña; mi liberada xenofobia


( Raúl Arias. Una zona de recreo

<<1. La urgència d’una presa de consciència del problema social que constitueix per a la societat catalana el desballestament lingüístic creat per la dominació espanyola, una consciència que ara manca en la majoria dels ciutadans i en molts dirigents polítics. Cal que tothom entengui que un dels grans problemes d’estat de la nova república, potser el més important, serà el problema lingüístic, perquè afecta la base mateixa de la cohesió social.>>  (Manifest koiné)

Sólo para estómagos fuertes, Manifest Koiné: un ejemplo textual -cuando lo ponen fácil, hincarle el diente es irresistible - del difuminado carácter étnico y racial de la doctrina nacionalista. Las tesis que sostiene el panfleto propagandístico son simples y falsas, reducciones históricas manipuladas por la ideología normativa de la lengua. El catalán no es la lengua de Cataluña, sino que ambas, el catalán y el castellano, lo son. El catalán no se ha desplazado, al menos a causa del Estado, de los ámbitos de uso lingüístico general, pues su uso, está normalizado y garantizado a nivel institucional, en las escuelas y las sucursales burocráticas; y en cualquier otro tentáculo estatal, el catalán es la lengua oficial, oficiosa, y ordinaria. No existe tal marginación ni tal peligro en lo institucional ni en lo social. Sólo un cambio de usos sociales, libres y sin dirigismos políticos o tutelajes pedagógicos culturales, puede variar el proceso de consolidación de la lengua; un destino, sea cual sea, que ni el poder político, ni ningún otro, deben determinar. En el libelo nacionalista las ideas se mueven por un espacio inventado, un lugar ficcional tanto en el mórbido presente como en el incierto e imperceptible futuro que nos depara. Ni la dominación  española del régimen del 78, como extensión del franquismo, que ellos aducen, ni la república catalana, inevitable Ítaca de todo delirio y perdición política, existe hoy; ni sería deseable que existiera, por cuestiones higiénicas. Tampoco existe ningún proceso, mal que les pese, de dominación política lingüística españolista (horrible palabro que adulteramente utilizan), esa colonización del idioma ¡inmigrante! ( considerar inmigrantes a los riojanos, andaluces, extremeños, castellanos... Me parece una de las mayores vilezas de su ignorancia y su flatulenta aristocracia racial), escondida y oculta en el bilingüismo como aparato ideológico. Ni su plasmación administrativa, en funciones, supone una subordinación y sumisión del catalán hacia el castellano. Sino que coexisten con normalidad civil y orden social, y en ocasiones, con conflictos generados ideológicamente, fomentados por un gobierno que lanza a unos ciudadanos contra otros en función de sus orígenes y pertenencia. No sólo los lanza unos contra otros, sino que los organiza para presionar a los tribunales y la ley. Al margen, claro, de la reflexión que la maquinaria y los aparatos institucionales y cuerpos legales nos merezcan, lo que esta claro es que en un gobierno "liberal" el fomento de la hostilidad civil contra las instituciones es una contradicción insalvable e inasumible. Así, la imposición jurídico-política del castellano orquestada por el Estado español, es una ficción más, un intento desesperado y pornográfico de construir un enemigo externo irreal, una brecha onírica entre el acomplejado y autosatisfecho "nosotros" y el sórdido y perverso "vosotros". Una de las múltiples estrategias sutiles de la beligerancia irredenta e inútil del narcisismo de las diferencias que los distintos grupos sociales del nacionalismo intentan imponer por frustración, al ver que ni su propio gobierno es capaz de soportar su cinismo cuando se enfrenta cara a cara contra su expuesta mentira. Ese maravilloso momento de revelación que conlleva la descomposición de las mentiras ante su propia imagen, nos lo ha hecho ver la incapacidad de ruptura de un gobierno secesionista con la ley española. ¡Y qué grata sorpresa! ver que los mossos, aunque involuntariamente, sirven para algo más que para obedecer y cumplir con el que paga.  

Ese arrinconamiento y esa degradación cualitativa de la lengua que se deriva de los exabruptos y sonidos guturales del libelo, en modo alguno pertenecen al resultado de acciones políticas reales de ningún gobierno español o alguno falsamente catalán. De existir, la degradación y el arrinconamiento, cosa que niego, serían producto de la decantación indeleble del paso del tiempo y la decisión y elección de los individuos, usuarios dicen, ¡bah!, sobre la lengua. Los hablantes serían sus únicos y legítimos jueces, a los que ninguna voluntad política, y menos aun religiosa como el nacionalismo, debe quebrar o torcer en su juicio y elección. Sustituida la etnia y la raza por la lengua catalana, de mismas y exactas funciones políticas que el Mito: la autenticidad, el reconocimiento del sentido y la justicia poética, que no real; parece, digo, que las observaciones lingüísticas son inofensivas, y cuanto más efusivas e impositivas, más pasionalmente técnicas y menos doctrinales parecen. Nada más lejos. Cuando un tropo sustituye a otro, los efectos se mantienen o se multiplican según el nuevo campo semántico y la nueva gramática política ( anti-política) que abre el trampantojo ideológico. Yo seguiré igual de atento a la lengua y a la viciosa jerga de la pertenencia, o la autenticidad, que a los movimientos de un gobierno nacionalista; pues el mimetismo entre ambos valdrá la pena identificarlo y analizarlo.  

 Esos especialistas en la sustitución, sustituyen el lenguaje por la lengua ideológica y sus preceptos, más normativos que productivos y creativos, por eso, (mal)tratando el lenguaje, creen estar tratando la lengua, y de ahí su confusión y vaguedad; las veces su abierta falsedad y malicia. Recordemos que no existe hoy, en la prensa, ninguna prosa en catalán, exceptuando a Lluís Foix y Valentí Puig,  que pueda considerarse al nivel de la prosa melancólica, la miel ácida, de Gaziel (Agustí Calvet), insigne director de La Vanguardia (entre 1920 y 1936), gran memorialista y dulce dietarista; o siquiera, algún periodista que siga como los discípulos siguen al maestro, el modelo lingüístico que Pla, y la prosa planiana, dejaron a la posteridad a modo de redención de la palabra. Esa decadencia - que por otro lado también se vive con el castellano, si no es que todas las decadencias son una ilusión, no son la excepción, sino la regla - no depende de "enemigos externos", sino de la mediocre condición del  mandarinato.Cat. Uno de los mandarinatos mejor retribuidos, y subvencionados con generosos fondos públicos; pues es sabido que el poder adora, y persigue frenéticamente, a los embellecedores, a los que adornan y decoran un discurso repleto de ruindad y zafiedad. Los que construyen en Cataluña el relato y la narración del poder, son los mismos sujetos verticales que viven de, por y para él; son los mismos "marginados" y "degradados" que se defienden en el panfletucho. Si su calidad literaria, intelectual, y lingüística es baja, no se debe a la falta de motivación teológico-monetaria, pues de dinero, ¡les sobra!; sino que se debe a su mediocre y decadente condición de dóciles y serviciales  intelectuales.Cat prostituidos.    

PD: Quizá sea verdad y uno de los problemas más graves de hoy, y del mañana, sea el lingüístico; o mejor, el del lenguaje en política. Pero no por la falsa cohesión social que se pierde, sino por el torrente y aluvión de mitologías y ficciones (sistema también de eufemismos) que se llegan a construir con la palabra mórbida que los panfletos y los libelos nacionalistas, apoyados por los medios televisivos, son capaces de introducir no sólo en el discurso público, sino en las conciencias individuales, con la forma de un deber religioso. No olvidemos que la lengua es ya la primera industria de Cataluña, una de sus mayores formas de negocio; existe una cantidad ingente de instituciones y de grupos de gente especialistas: lingüistas, filólogos, juristas, profesores y escritores, que se dedican íntegramente a la lengua, a promocionarla, a venderla y a crearla. Todo eso, en su mediocre y degenerada condición, tan ideológicamente determinada.  

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Otras artes y variedades del pueblo; un debate en 8tv; todo queda en casa.
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Un poema de Diarios de la Peste.
 Arcadi Espada


Declaración unilateral.

Mi pequeña
La hora de tu liberación debe llegar
Desde hace trescientos años
sufres de opresión
Dices
En la lengua
En el corazón
En la cartera

Pero solo se trata de una opresión
en el pecho
mi pequeña
Porque aún no has tenido el valor de confesar
la causa única y verdadera de todo esto

Yo también quiero luchar por tu liberación
Mi pequeña xenófoba

miércoles, 30 de marzo de 2016

Sólo para mayores de edad


Karl Kraus dejó escrito en las raíces de la memoria cultural y política europea, que son lo mismo que las brillantes páginas de Die Fackel (La Antorcha) - y que empezaban a sobresalir beligerantes, gruesas y arrogantes del fondo de una húmeda y agradable tierra hacia la seca y brutal superficie donde la luz lo abrasa todo -, aquello de que el periodismo y la política eran sistemas de eufemismos. Pues, la realidad cruda, inmediata, no podía tomarse sin cocinarla; resultaba intolerable e indigesta sin un tratamiento mediador, doméstico, domesticador. Quizá en los eufemismos de los medios y los agentes políticos, tanto hoy como ayer, sólo prevalece su moral pervertida y viciosa de metaforización fangosa, de analogía arbitraria (ideológica e interesada), de sinécdoques hipertrofiadas y repetidas, juegos macabros de hipóstasis, y metonimias apolilladas. Eso sí, en una jugosa y gordinflona libertad de expresión, nada casquivana. Quizá el eufemismo sea una herramienta autoritaria y un instrumento de dominación sutil, hasta que en sus últimas consecuencias, cuando el uso y el abuso desgastan la pieza de engranaje, el objeto utilizado, degradado y caducado, se vuelve meramente basura en movimiento, basura dinámica. Eufemismo encontrado, eufemismo desactivado. La diferencia mediática, pues, entre las democracias y los regímenes autoritarios, sean tiranías o dictaduras (los totalitarismo son más singulares y me quedan grandes ahora, aquí, en esto) es precisamente la cantidad de basura circular, en movimiento, que en sus dominios se desplaza y reproduce como insectos, y se acumula mórbidamente durante años. Las democracias evidentemente parecen hervir en una corrupción mediática y basura dinámica que burbujea hasta desbordarse del puchero. Suelen vivir acompañadas de ruido; graznidos agudos y roncas avalanchas de gruñidos colectivos. Sin embargo, los regímenes autoritarios suelen permanecer en un silencio sepulcral, inertes, hieráticos, recostados en el la mortecina prohibición de la palabra y la acción política. Sólo lo cómico puede desvanecer las densas e inaccesibles brumas de la dominación. De ahí parto para tolerar la estúpida, y seguro que fugaz, polémica: la falta de respeto hacia las victimas directas o indirectas, que la última portada de los divertidísimos e irónicos dibujantes de Charlie Hebdo, en su último número,  ha despertado; el que encabeza estas notas desde el córner. La endémica y patológica diacronía de los medios españoles, parece ser incurable y gozosa para los periodistas de cerebro estrecho desproveídos del sentido sincrónico de los hechos y tiempos políticos. ¿Qué mayor falacia diacrónica hay, que tomar el terrorismo como un único hecho, aislado, barbárico, que atraviesa distintas etapas temporales sucesivas y progresivas, en la civilización? Evidentemente; ninguna.

 Anoche, una noche más, tan tranquila y dilatada como todas; encontré en una tertulia televisiva, La noche en 24h (a partir de 1:32:00), un pestilente rastro de la incipiente polémica. Dos de los tertulianos de la mesa, horrorizados por la falta de respeto hacia las víctimas, aducían que por naturaleza, por el mero hecho de ser victimas poseían una condición, moral y cognitiva, distinta del resto de los mortales. Son el tipo de hombre mordido por el perro, no duermen por las noches, pero viven con las conciencias limpias e higiénicas; mientras que los que mordemos a los perros, no vivimos. Esos dos bichos son Ignacio Camacho, la peor pluma de ABC junto al indecible Burgos, reaccionarios que creen creer poseer algún arte, y la simple y llana doncella del erial de la derecha mediática, Carmen Tomás; especialista en arengas de todo tipo. Ambos representan exactamente el Tertuliano I, II (...) y el Victimato de los crujientes, dorados y deliciosos pecios de Ferlosio (los devoro como caprichos, aperitivo de cualquier lectura desde hace semanas; me acompañan como tentempié, digestivo, dulce postre y azucarada obsesión): 


<< (El Victimato) Se considera a las víctimas como algo sagrado y no lo son. Han armado una nueva configuración mental; han transformado el sentimiento en venganza sagrada, con su ganar o perder, al que no le falta su negra hornilla; se han constituido en asociación con lista de socios, que son los parientes de los muertos, con su organización burocrática, sus declaraciones públicas, su "doctrina"; al resultado de esta inversión capital es a lo que yo llamo Victimato.  [...] Decir "Tiene que haber vencedores y vencidos" es no reconocer más legitimidad que la de la victoria. >>


<< (Tertuliano II)  Sería una grave injusticia despojar a las víctimas de su derecho a contemplar el retorcerse de los cuerpos y oír los alaridos de sus verdugos abrasándolos en el fuego eterno.>>


Evidentemente en la desestructura mental de esos periodistas, propagandistas, del erial, en las paredes desquebrajadas de su conciencia moral, el motivo es la esencia y el espíritu del terrorismo y el Victimato de ETA; sin embargo, lo aplican a todo, paradigma general, en esa suerte de hipostización y homologación estéril y flatulenta de su contagiosa ideología, memética, pandémica. Juegan ese triste y desalentador papel de politizar la carnaza, los restos de la escabechina, en favor de su ideología. Igual que "las socialdemócratas", pero desde la otra esquina de la calle. Nadie quiere, nadie pide comprender. Aunque aquí tampoco se consigue eso, pues mi tarea siempre ha sido lo colateral y los bordes estéticos y cosméticos, al menos se es consciente de ello, y no se partidiza ni se administra el miedo, el terror, ni se gestiona la desgracia. Así es la prensa de la diacronía. 


Concluyo. La única cosa que los terroristas no pueden soportar, como también sucede con las redes institucionales, los aparatos y la maquinaria de Estado (Universidades, Tribunales, Burocracia varia...) y las ideologías identitarias, es que no se les tome en serio. No soportan, en su sentido fisiológico y evolutivo, lo cómico: el humor, la ironía, la risa... la prosa satírica krausiana. De la misma manera, poder considerar a los terroristas como payasos, figuras trágicas, patéticas y absurdas en la realidad, es algo que no podrían soportar sus frágiles y delirantes mentes; y que además, desactivaría sus estrategias y pretensiones de introducir el Miedo (primer elemento de la política moderna y del poder, desde Hobbes) en las venas de los infieles e incrédulos que habitamos en democracias kindergarten. Crear polémicas de basura dinámica, huecas y sordas, como la presente, pretender prohibir esas portadas satíricas, nos muestra hasta que punto la conciencia democrática es frágil y vidriosa, en nuestras cínicos y encebollados demos infantiles; y hasta que punto las raíces de la memoria intelectual europea son un gran eufemismo histórico, un magnífico tropo. Bergson sostenía, revelando lo implícito, en esa maravillosa pieza filosófica, La Risa (1899), que la diferencia (libertad) sólo es posible mediante la espontaneidad y flexibilidad de la risa, lo cómico, frente a lo siempre igual, la repetición y lo mecánico de la dominación. Algo comprendido, únicamente por mayores de edad.  
 









sábado, 26 de marzo de 2016

"Ellas" y "las suyas", sobre el terrorismo y la pluma ligera


Miércoles, 23 de marzo de 2016. Son las 19:07:?? de una tarde suave y dilatada, como si la calma húmeda y amarilla que siempre acontece tras las matanzas y las carnicerías humanas, descendiese, arrastrándose, reptiliana, desde el norte hasta nuestras distraídas y ruidosas tierras; y permaneciera suspendida, flotando, durante días, como una untuosa espuma en el ambiente. Todo sucedió, si es un suceso lo nuestro, en ese medio tan caliente y revelador que es la televisión. Una "mujer experta en oriente medio", así se hacía llamar, con esa doble condición problemática y friccional de "mujer" y "experta" como categoría profesional, sospechosa e irritante, por lo de militante sindical de cuotas, aparece en un programa verde de ímpetu generalista; de masivos y ociosos espectadores. En ese espacio recreativo y visual del periodismo, hoy, la primera forma de ocio y pasatiempos de los individuos "civilizados", el más goloso y sabroso de los tentempiés ciudadanos, la "mujer experta", de la que no recuerdo el nombre, construyó, como sólo los niños construyen sus efímeros y caducos juguetitos, el siguiente lazo pirotécnico: - no se está produciendo una radicalización del islamismo, sino una islamización de la radicalidad. Sintagma, si la gramática política lo permite, tan socialdemócrata y buenista que no persigue enemigos, sino la exclusión y marginación de ciertos discursos ideológicos que hablan de guerra (asimétrica o de religión, no clásica o fría) o de responsabilidad ante las atrocidades de la violencia religiosa y, como un zorro cuando en unas semanas de hambruna se equivoca de madriguera y se come a sus propias crías con devoción, fomenta lo que precisamente intenta suprimir, la inexorable muerte; escondiéndolo todo: el origen del terrorismo, y todas sus etiquetas. Disfrazando a los asesinos islámicos de esa justificación y redención  universal que es, el mal radical o absoluto; y que no sólo es un indulto político, las veces teológicos, sino un Prozac para la comprensión de lo acontecido.

La muchacha, siempre tan parlanchinas y redichas esas socialdemócratas, expresó, en un indolente alarde de torpeza, aquello que uno siempre anda buscando como una formulación, un final discursivo, audaz y feliz, y que en escasas ocasiones logra producirse en mi cabeza, y mucho menos logro expresar con la precisión quirúrgica que una disección se merece. En este caso, la chica, formuló exactamente lo que pienso sobre el tema, invirtiendo geometricamente su sentido, el de ella, su condición, y su binomio especulativo, su metafísica del mal, mucho más reaccionaria que la del conservadurismo al que pretende excluir y marginar de la ecología mediática. Pues suponer que el mal existe al margen de alguna de las grandes arquitecturas del sentido, todas artificiosas y fácilmente manipulables, y sus pequeños y dóciles albañiles, peones contingentes, es un doble salto mortal metafísico que sólo un cura o un socialdemócrata (el típico progre de hoy), las veces a la limón, puede llegar a proferir en público, sin la inevitable rojez de mejillas y nariz, sintomáticas de la vergüenza, propia y ajena, práctica y teórica. Esas arquitecturas del sentido, religiones, ideologías, sistemas económicos, intereses particulares (el beneficio cenital que promete el liberalismo) y conciencias solipcistas; almacenan en sus flatulentos sótanos los motivos, fines y objetivos, adornados con los ropajes de la historia y el sentido, la excusa y expiación del "mal". Almacenan como rastros y huellas fósiles los orígenes de la violencia, la guerra y el terrorismo. Siendo menos beligerantes, hemos dicho que el sustituto político de ese gran ornitorrinco teológico del mal, es la violencia o la guerra. Pero precisamente a esos términos también reaccionan alérgicos los, las (la), socialdemócratas. Buscan enmascarar el "mal" de esos radicales sin casa ni origen que sus adulteras cabezas del wishful thinking han creado; como pretenden ocultar términos que escapan a su sofisticada y cínica economía del lenguaje condescendiente y perdona vidas, porque según su lógica binaria, eso conduce inevitable y fatalmente hacia la islamofobia, el racismo y la impunidad de los crímenes de guerra. Nada más lejos de la realidad. Dejar esas bolsas ideológicas, lingüísticas y religiosas intactas, sin explotar, e irreducibles entre sí: el conflicto entre religiones, el choque de civilizaciones. Ocultarlo o edulcorarlo a través de mentiras o sucios eufemismos, aumenta el conflicto, lo agudiza, creando nuevas contradicciones que las ideologías canónicas no contemplaban: la mezcolanza arbitraria y gratuita de contenidos, y las afinidades inesperadas e impensables entre movimientos religiosas reaccionarios y falsas izquierdas progresistas, posmodernidades de casino, que emergen como aliados discursivos de los propios terroristas.

El terrorismo en sí no posee ninguna entidad ni sustancia, ningún fin a realizar, es un conjunto de prácticas neutras y blancas dirigidas a la destrucción a través de la violencia, comprendida como medio para alcanzar un fin mayor, superior. El terrorismo, ajeno al "universo de sentido" autónomo, funciona según el imperativo y las reglas de una construcción y producción de sentido heterónomo, sea del orden y la naturaleza que sea. Afirmar entonces, que una religión, tan dogmática y brutal, y que sólo ligeramente y relativamente puede tomarse al margen de su literalidad, - " Matadlos donde los encontréis... Tal es la retribución de los incrédulos" (Corán, II, 191) o "Matad a los politeístas, doquiera que los halléis" (Corán, IX, 5); puede "integrarse" (palabro tristemente imperialista) en un orden o sistema de valores, o simplemente de estructuras políticas básicas, occidental (democracias liberales burguesas y burocráticas); no sólo es atentar contra el sentido común, sino que manifiesta una férrea voluntad de manipulación mediática y mentira empírica. Implica el nefasto relativismo sobre los hechos, y la manipulación de la prosa fáctica, que los posmodernos creen herencia de las democracias, pero que indefectiblemente, son producto y herencia del totalitarismo. Las citas anteriores no pueden ser precisamente fragmentos interpretables por ninguna hermenéutica moderna, sino, simple y llanamente, obviados ad hoc, ocultados y silenciados, en beneficio del que los practica o unos terceros que lo relativizan. Unas palabras de Albiac en el ABC del miércoles aclaran algo el asunto: << Y el islam no se parece a ningún otro monoteísmo. Judíos y cristianos se asientan sobre la exágesis de un texto inspirado. EL islam, no. El Corán, que existe eternamente junto a Alá, es por Alá dictado en una sola operación y un solo copista. No admite interpretación. Se repite y se replica. Literalmente. el córan no se lee; se recita. Sin que una sola tilde pueda ser alterada (...) Ante el Islam todos son culpables. >> "Ellas", esas progres, las rojas desteñidas... No entienden que ante esos axiomas coránicos, ninguna comunidad ética, cultural o política puede permanecer indiferente. Debe establecerse como sucede con las ideologías en un espacio político crítico y plural, un escrutinio estético y cognitivo de igual brutalidad y acidez con que la realidad golpea al resto de animalitos políticos, hambrientos y sedientos, que nos rodean. Esa impunidad de las religiones, en espacial el Islam, hace retroceder en múltiples siglos una decantación temporal sobria y sabia del pensamiento y la razón, y su producción de límites y fronteras intelectuales, morales y políticas. Se mata en nombre de un Dios, cruel, indiferente e inflexible, y de tal modo, las comunidades identificadas y definidas por ese principio rector y normativo, deben responder al terrorismo. Deben responder como teocracias o como miembros de sectas, pero inexorablemente deben responder con la palabra política. No sirve ocultarse bajo sujetos abstractos, vagos y retóricos de perdón, solidaridad, humanidad y fraternidad con las democracias. Las teocracias directa o indirectamente los amparan; aunque sólo sea por compartir una misma cosmovisión bajo los techos adornados del poder, y el poder económico, cosa distinta en ocasiones. Nada que oculte eso será lícito o legítimo ni ética ni estéticamente; o aún peor, nada que lo oculte, será verdad.  

 Ante ese acontecimiento atroz del terrorismo que requiere, antes que las habituales clasificaciones binarias y obsoletas de buenos y malos, civilizados y bárbaros, verdugos y víctimas, o peor: todos inocentes, y cualquiera de los binomios que a las incontinentes mentes pequeñoburguesas puedan cocinar, lo cierto es que lo esencial y primordial, siempre minoritario, es comprender. Entendido como esa carga y resistencia a lo acontecido (que como poso, permanecerá en la memoria) del que no pueden deducirse causas pues nada lo antecede de un modo tan determinante que aplastara su espontaneidad y singularidad; y menos comprensible sería, cuando aún los cuerpos siguen calientes, los gritos adheridos al eco, y los huecos de las bombas humeando negras nubes como chimeneas a pleno rendimiento. Algo, temporal y espacialmente, imposible. No se puede escribir de la vida, a veces la política aún no siendo lo mismo se adhiere a ella de forma insoportable y obsesiva, con escuadra y cartabón. Pero, sí, es necesaria cierta frialdad y superficialidad para que el emotivismo del "sentimiento de humanidad" que "ellas" profesan, quede desactivado e inservible. Hay gente que no encaja en la vida, que sus mentes, no así sus bolsillos, no encajan con este mundo anhelado de comprensión. Una vez más, aquellos que se supone deben combatir y erradicar las raíces teológicas de la política, son los que las extienden, alimentan, nutren y amparan, en su cínica temperatura uterina. Unas manías, costumbres, que desde todo punto de vista son contrarias a "su" propia noción de progreso. La manipulación de los muertos por esa suerte de doble moral que los, las,  progres se gastan en la contabilización partidista de las víctimas, ese pesar racial, religioso, e ideológico de las víctimas en una balanza partidista, es sin duda lo que los hace incompatibles con esa vida. Pues esta, no funciona según la lógica que ellas declaman: los muertos se comen a los vivos. Una tesis formalmente bella pero moralmente cínica, que está contenida en uno de los peores libros de Ortega ( España invertebrada, 1922), ese gran ensayista español. Sólo queda preguntarse, aunque en cierto modo, no del todo (nunca se tiene nada del todo ni se pierde nada absolutamente), ya he respondido:  ¿Aprovecharán los agentes políticos concretos que los representan a "ellos" y a "ellas" el caudal de sangre derramada en favor de su molino?

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Cortesías...

Arcadi les recordaba esto a "las suyas", - que no son "las mías", tampoco "las muchas", ni "las más", pero en fin, "son", y abultan - en su día señalado: 


<< ¿qué son acaso las flechas del amor y el corazón sangrante sino pruebas de esa violencia cenital?
Al margen de cualquier sarcasmo Menguzzato acierta a exponer un cierto pensamiento fracasado: del amor, como de la vida, solo existe su desdicha. ¿San Valentín? ¡Querrá usted decir la matanza de San Valentín! Es un serio problema que el gobierno de los países esté en manos de fracasados. De gente que acude a la política para extender colectivamente su desolación privada. >>
Y estas, resuelven rápidas, incontinentes ellas, con el ritmo del gallo, el pito, y su incontrolable, expansiva y perfumada sangre; todo su arte:












lunes, 21 de marzo de 2016

Un PE, sin la "S" ni la "O", pero con Pdr Snchz y los trampantojos de la memoria




El país está de mudanzas, simplemente. Como todo desbarajuste familiar, eso implica discusiones teológicas como las de Salamanca sobre la propiedad y la bienaventuranza de las cosas, el orden y distribución de las cajas acumuladas, la salvación y condena de lo viejo, la esperanza de lo nuevo, la resurrección de lo atávico, las ofensas y sensibilidades afectadas por el griterío administrativo, las pérdidas logísticas por el duro y nostálgico camino, y los nuevos habitáculos de conquista, nuevos espacios a domesticar y traducir a la temperatura hogareña de cada cual; idiosincrasias múltiples. Algunos apocalípticos, por el contrario, firmes defensores de la tozudez reaccionaria, perciben en el ambiente el caos, el desorden y la inestabilidad orgánicas. Sí, perciben sensiblemente lo metafísico, algo insólito en filosofía, pero de lo más común en la encebollada política española; la de antes y la de ahora. Parece, por lo dicho, que la "regeneración", el "cambio", en fin, la "nueva era", sea verdaderamente un sintagma marxista, o por lo menos izquierdista, así, suspendido en su balsámica ambigüedad, que pudiera acelerar la taquicardia a los conservadores. Pero no. Resulta que es más marketing amateur y publicidad rapidita la que opera en nuestras calcificadas tuberías mediáticas. Es más televisivo que político nuestro pequeño mundo. Veo en ese supuesto "cambio" lo de la "Nueva Era" de Ferlosio en sus deliciosos pecios reunidos en Campo de retamas:

<< (Albas de profetas) ¿Por qué les da tanto gusto decir "amanece una Nueva era"? Primero el verbo "amanecer": sabiendo lo que sabemos de tantas Nuevas Eras del ayer, no sé cómo una vez más tienen la desvergüenza y la osadía de teñirse el pelo con los dorados rizos de la aurora. Las Nuevas Eras son los salientes de roca de los despeñaderos por los que la Historia viene precipitándose aceleradamente hacia el abismo. Así que cuando oigáis Nueva Era echaos a temblar: la palabra sonriente de esa rubia teñida y de dientes postizos es el engaño que anuncia el renovarse la eterna desventura >>

Así que de "Nueva Era" nada. Una simple y vulgar mudanza; algo ajetreada y exótica por los exabruptos deportivos, pero mudanza al fin y al cabo. Algo que no consigue disolverse en la grumosa papilla primitiva socialdemócrata contenida en las paredes estrechas de la psicología sociata posfelipista, en la que viven instalados los vástagos, agradecidos o desagradecidos, de Pdr Snchz; el guapo, la marioneta, llamado candidato, que el viejo periódico vertical del sistema, El País, creó en difusa y viperina imagen. De todos modos, en ellos, por desgracia, perfectos matarifes, residen las dos claves de la legislatura, o mejor, dicho sea en liberal-conservador, de la gobernabilidad y el orden: la posibilidad de un gobierno pro status quo, pro teología del capital. Dando un rodeo, Arcadi, en sus Cartas a K., El elefante blanco llega al congreso, sostiene que sólo existe un elefante blanco en el congreso que no se ve, y este es, el nacionalismo, el soberanismo o ¡cómo quiera dios que se llame! Aquel sombrío y espinoso tema que nadie quiere tratar con nitidez analítica y compromiso existencialista, no vaya a ser que alguien se queme los dedos. Conociendo el carácter arcadino, sé que está y habla desde el final de la historia, una unidimensionalidad que no admite la disidencia y la resistencia política subversiva, algo tan sencillo como las posibilidades políticas, emancipadoras (dirían) o rupturistas, de la "izquierda", o lo que quede de ella, sea su semántica política o su educación sentimental. Y precisamente de esa omisión arcadina, se construye su propia trampa (falla como analista por sus prejuicios ideológicos) traducida en incomprensión. No hay un elefante blanco, sino dos; y uno de ellos con una pequeña cría a cuestas. Una situación zoológica o zoofílica en la que no sólo está involucrado el "PE" (antiguo PSOE) sino muchos otros partidos que aglutinaban lo que se llama "izquierda". El elefante arcadino advierte de la necesidad de conjugar una decisión inexorable que el "PE" tendrá que asumir de manera unívoca y clara, al margen de pactos y estrategias en forma de abrazos de oso con los nuevos niños liberales; y que hasta el momento evita y camufla con trampantojos ideológicos. Tendrá que decidir si gobernar o no con los nacionalistas, si reconoce el estúpido y pueril "derecho a decidir", sus xenófobos "hechos diferenciales", y sus mocosos y viscosos espíritus colectivos de inherente lógica escatológica. El segundo de ellos, el que no ve Arcadi, es la elección entre izquierda o derecha, dicho así sin sutilezas teóricas y con las banderillas más afiladas de la inmediatez política. El PE deberá asumir que el tablero ya no puede estirarse como un chicle, pues el binomio en forma de juego de suma cero está rígido y firme: o la derecha y sus niños lechosos, cuyos componentes conservadores o tecnócratas han quedado marginados por todos los grupos políticos, o la izquierda violeta, purpura, fosforita, pop, cool y soft, cuya imagen mediática se deforma por momentos gracias a los grandes grupos mediáticos que en su desintegración del "periodismo" (entiéndase la escritura, el lugar del autor, el buen periódico), imposibilitan cualquier análisis riguroso sobre la condición izquierdista de los podemitas y asociados; pegados como lapas. Regionalistas trepas y aprovechados que ahora se suman al carro de la fama y las ansias de poder para reivindicar sus ridículas y absurdas idiosincrasias valencianistas, galicistas, catalanistas, y cualquier "ismo" o "ista" que derive de las lúdicas y comerciales actividades de las guías del ocioso turismo nacional.  

Estos últimos, los podemitas violeta, mucho más maltratados por la prensa que los sospechosos niños liberales (¿quién diablos ha financiado a C'S para poder presentarse en todas las comunidades en las elecciones municipales, autonómicas y generales? Son perros a los que pronto les tirarán del collar con la fuerza que sólo posee el brazo y el músculo de las finanzas, el mítico ímpetu libidinal del mundo empresarial), introducen gracias a lo que representa la música de su discurso, pero no su letra, lo del tercer pequeño elefante que no se ve: introducen el discurso "crítico" y rupturista con la Transición; aunque de ello no se derive la aceptación ciega que ellos pretenden, de considerar la Transición como fuente de todos los males. Sin embargo, no la Transición, pero el relato, la leyenda y la mitología que de ella se desprende como una costra bien seca que oculta una vieja y honda herida en la memoria ética y estética, sí supone uno de los grandes problemas de este país acalorado: el árido desierto del olvido que ese proceso de desmemorialización y amnistía ideológica, supuso (véase El precio de la transición, y El cura y los mandarines de Gregorio Morán). Pdr Snchz y su PE, deberán asumir y aceptar los tres elefantes o quedarse, como parece por su tramposo y cínico pacto de legislatura con C'S, con los mitologemas de la "derecha", formando lo que llaman en los mentideros periodísticos un bloque constitucionalista: PP, C'S y PE. Siguiendo pues con la leyenda de la Transición y su desmemoria, su exquisita y caprichosa unidad de España  monárquica (que responde a aquello del viejo izquierdista: "a España le huelen los pies a franquismo") y la obediencia de vida a la teología del capital. Parece que esta última opción del bloque constitucionalista, no le brinda al PE la oportunidad de jugar su papel de cínico trampantojo, y prefiere pactar con C's y exigir responsabilidad de Estado a los podemitas o la "izquierda" en general, aposentándose cómodamente en el gobierno sin haber tenido que definirse sobre nada, sin haber tenido que apostar por aceptar o negar ninguno de los elefantes blancos invisibles para el congreso. En misa y replicando le llaman. Esa opción de momento es imposible, y el incierto futuro de repetir elecciones se acerca. En ese escenario futuro y repetido, podrían salvarse del dilema zoológico, si IU y Podmeos (y asociados) pactaran ir juntos a las elecciones y, con las previsiones de un resultado semejante al anterior en numero de votos, ocupar ese puesto tan privilegiado da partido bisagra para todos los pactos de gobierno. De ese modo el dilema estaría resuelto y los elefantes visibles y enjaulados; eso si, el PE se desplomaría y perdería todo su poder. No sólo perderían poder económico y político sino también mediático. C'S pasaría a ser la nueva apuesta de la prensa socialdemócrata, negando el pan y el agua a todos los demás. Aún con los problemas que un gobierno en coalición con los podemitas implicaría con Europa, se abriría por fin, no sólo en la teoría, sino en la cruda y desnuda práctica, un camino de comprensión con lo sucedido en el pasado olvidado y enterrado. La mera presencia de esa resistencia y hostilidad hacia el relato de la Transición en el poder, abre el camino a la comprensión del acontecimiento tal y como lo entendía Arendt; al margen de las imposiciones ficcionales que nacionalistas, regionalistas, o izquierdas pop quisieran re-introducir. Arendt lo escribía así en Los Orígenes del Totalitarismo:

<<  Comprender, sin embargo, no significa negar la atrocidad (lo acontecido), deducir de precedentes lo que no tiene o explicar fenómenos por analogías y generalidades tales que ya no sientan ni el impacto de la realidad ni el choque de la experiencia. Significa más bien, examinar y soportar conscientemente la carga que los acontecimientos han colocado sobre nosotros - ni negar su existencia ni someterse mansamente a su peso como si todo lo que realmente ha sucedido no pudiera haber sucedido de otra manera. La comprensión, en suma, es un enfrentamiento impremeditado, atento y resistente, con la realidad - cualquier que sea o pudiera haber sido ésta. >>

A mi juicio, y eso es poco, el camino de comprensión puede no aportar ningún rédito electoral para los partidos, y ningún beneficio material o económico para la nación; pero sin duda, y conste que la comprensión por si misma ya vale una vida, decantará en favor de una verdad reparadora de cuerpo moral, al modo que solo el buen vino y el paso del tiempo pueden hacer con los sabores infinitos, el recuerdo y el relato de un acontecimiento manipulado en beneficio del "poder" (en este caso el Estado y su forma monárquica, y el pastel partitocrático) y en contra de la memoria.


sábado, 12 de marzo de 2016

Sábado

Hoy sábado junto a mi padre, he ido de compras. No hay nada como salir del uterino hogar y toparse con el olor a sobaco en el metro, el olor gástrico de ciertos pasajeros y el hedor de algunos cuerpos en descomposición, estando vivos aún. Al fin llegamos. Las mejores librerías, dicen, de las mejores calles de Barcelona, estaban llenas de gente. Redondas, mayúsculas, opulentas, rebosantes, de sonrisas verdes y rizadas, lujuriosas, ludópatas, ansiosas, cursis y apestosas, esas gentes... Algunas señoras se paseaban. Sin embargo dicen que la gente no lee. Si leen, dicen que no entienden nada. Si lo entienden, son zafios y vulgares en su compresión. Si lo comprenden rectamente, simplemente eso, rectos y ortodoxos están. Otros leen y son académicos: nada más que decir. Si van más allá, algunos adquieren cara de besugos, grises, hervidos, asalmonados, incomprendidos; hay de todo. De todos modos, los veo muy tranquilos y relajados paseando entre libros y hablando por el móvil; aunque mal dormidos. Empiezo a descubrir -estoy en una curva y tierna edad donde a cada esquina descubro algo, y en cada pliegue me dejo la vida- que la gente adulta, aún considero adultos a los demás, que no duerme por las noches, es porque bascula mal el sentimiento de culpa, en los más sinceros, o porque en su cálculo de bienes morales, que confunden y asimilan utilitariamente a los materiales, la cuenta de resultados se inclina hacia el debe, el déficit, producto del desfalco moral, en los cínicos. Durante la noche, así, con eso, esa deuda, otro modo de responsabilidad por venir, en diferido, no consiguen dormir, dan vueltas y sudan, se rascan la cabeza hasta sangrar; pastilla al ristre y a intentarlo de nuevo. No suben, sólo bajan. Mientras que durante el día, son personas normales de lo más agradable y educadas, de dulce conversación, o viril respuesta, siempre contenida. Otros dormimos perfectamente por la noche, aunque no vivamos de día; respiramos con dificultad y fumamos sin parar. Las veces comemos, como goce perdido o limitado, inseguro e incierto. Otras, mordemos a los perros. Y sólo vivimos, si eso es vivir, en esa tranquilidad y ficción del reposo eterno, un simulacro, cuando dormimos, junto al sueño. Me da la sensación que justo ahí está la diferencia: los hombres que muerden a los perros no viven, y los hombres mordidos por un perro, no duermen.

En todo caso, he adquirido suculentos libros de esa inmensa y cara librería del centro; son libros pesados, densos, de trago largo y poso solemne; son novedades, bueno, libros actuales, contemporáneos, aunque minoritarios, quizá de culto: poesía, cuentos, ensayos... Los que pienso, llegarán a ser clásicos; es un noble juego, entretenido además. Siguen ahí, presionando violentamente mi mente; son siete libros, sólo uno y medio leídos, pero aguardan su turno con una impaciencia infantil y una presencia arrogante; están como si nada en la realidad, suspendidos en la indiferencia acuática del mundo, pero calando fuerte, quemando y abrasando, en el interior de mi conciencia. Eso sin tener en cuanta la presión del contexto temporal y su derivado material, espacial dicen. Con todo, es un sin vivir abrumador; un momento de un vasto y desierto paisaje que paradójicamente no permite parar, sino que acelera los tiempos, los plazos, las entregas, las fechas, acumula acontecimientos sin resolver, ni suturar, deja abiertas las heridas.Ya saben, vivir es una herida abierta. Al menos es sábado, aunque para mí, todos los días son iguales, vapuleo su sintaxis y embrutezco su gramática. 

PD: Mañana domingo, voy al cine con M; veremos algo francés que ella no soporta y yo adoro, Los cuatrocientos golpes. Soy el más pequeño de una pequeña familia, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. En mi caso, un querubín, sólo goces. Ella siempre me toma el peso y la tensión cuando nos vemos, dicho sea en un doble sentido, de culpa y política, como no podía ser de otra manera tratándose de un asunto familiar, como siempre lo son al fin y al cabo, los asuntos sobre el peso y la tensión tratados sin acritud ni hostilidad, sin deportividad televisiva al fin. Debería haber dicho que soporta, más que toma, mis asuntos físicos y metafísicos, que como sabemos, son la cosa más decorativa y doméstica; aunque se ensucien con facilidad y sirvan de poco. Algunos, los más afectados, los más en general, los usan para presentarse y reafirmarse, vanagloriarse, son premios para ellos cuando llegan a entenderlos. Yo, largón e impertinente, simplemente todo eso me transpira; efecto de poros irritados, verdaderos surcos rojizos, bien abiertos y ejercitados.






     

martes, 8 de marzo de 2016

Cuando la estupidez golpea (yII)



Como dejé apuntado en el artículo anterior, encuentro en los niños liberales, una mezcla de rastro fangoso y fétido de propaganda adherida a los pliegues de su piel, y rasgos caracterológicos, autoritarios y caprichosos, como eternos adolescentes dependientes siempre de una autoridad superior y teleológica que les  abrigue y les alimente, les proteja y les guíe. Todo, en esa temperatura doméstica entre bebé recién nacido, lavado y saciado en sus necesidades estomacales, y la síntesis entre semen almacenado entre fibras de papel sedoso y sudor corporal, producto de una alteración hormonal y ejercitación física excesiva y sin sentido. Nada mental por supuesto; a esa edad, la que representan y no la que tienen realmente esos bribones, las ideas no están en la cabeza, sino más próximas a la fricción entre la mano y el órgano reproductor, las veces lúdico. Donde se producen todas sus ocurrencias y originalidades. Como decía, los niños liberales, son insaciables con la propaganda y la reducción de las ideas. No las del otro, que desconocen o sacuden como cojines, sino de las suyas propias, que surgen de donde surgen. Ellos, afanosos de la palabra balística, prefieren insinuar sin gracia y pavonear sus anhelos de "triunfador" y hombre de éxito, como animadoras enseñando muslos bronceados al sol; prefieren, profetizar y rendir culto, entregarse y depender absolutamente de un hermano protector, o un padre omnipotente, antes que, oh tesoro envenenado, pensar o reflexionar por cuenta propia.

Esos muchachos son lo que mi querida M, familia y sin embargo amiga, denomina, la gente del "algo". Aquel individuo que necesita estar sistemáticamente mediatizado por algo: una causa, una lucha, una batalla, un Dios, una patria, un mercado... En definitiva, un medio mediocre que entienden como un fin  exquisito, siempre luminoso; pero que los demás ven en su cruda naturaleza: mugre perfectamente pegada a una pared gris y destartalada. Son los mismos que acuden a las fiestas de sociedad con una tarjeta de presentación, artificiosa y ficcional, entre los dientes, como sabuesos, y con el código de barras pegado en la frente o marcado a fuego en el solomillo, como borregos, que informa del insignificante precio por el que están dispuestos a venderse ellos, y quién sabe, a los demás. Esos chicos, animalitos abandonados y desprotegidos por lo real, si no estuvieran entregados a su "causa" o su mentira, como el enamorado se entrega ciego a su amada, necesitarían de un sucedáneo como Prozac espiritual, lo suficientemente potente como para crear una realidad paralela, como en la que habitan de hecho, gruesos y lujuriosos, estos insaciables y pardos animalitos. Como bien dice M, si no fuera el mercado, sería la droga, o cualquier narcótico químicamente relevante. Condenándose al destino que impone lo puramente químico, donde el futuro que es pasado, y el pasado que es futuro, están sin duda cerrados y sellados en un presente de goteras y humedades oscuras. Destino escrito a cuna y tumba.  La cuestión, concluye M, pícara y alegre, es depender y exhibir el "algo", e ir con ese "algo" por la calle colgado del brazo como un bolso de marca exquisito y prestigioso; nuevo, por supuesto. Quizás el mercado sea otro tipo de sustancia, con extensión física y atributo de voluntad y pensamiento incluidos. Al menos así lo ven ellos, jóvenes al fin, como un deporte más, un entretenimiento indolente e inofensivo que no juega arbitrariamente con las vidas de la gente. Los niños, ven la única y contradictoria realidad, las veces terca e inflexible, como una novela, un novelón por su tamaño, de la señora Rand; implícitamente bañada por esas dosis excesivas de sentido escatológico, y las sutilezas, picantes condimentos, que el capitalismo añade: la culpa y el resentimiento colectivo, el culto dogmático e irracional, la construcción de grandes masas de humillados y desheredados, nuevos parias errantes, la necesidad de una reproducción laboral, productiva y consumista ilimitada, el adanismo de la actividad económica, la asimilación entre la vida libre y la alienación del mercado, etc.
 
Sus traducciones políticas son aún peores, pues no solo la estulticia y pobreza de su lenguaje les empobrece a  ellos y sus relaciones directas, sino que contagian y contaminan todo el orden discursivo de lo político. Se han sumado junto a los nuevos izquierdistas de la comunidad liberal (nuevos regionalismos y niños del juego municipalista) que dice Zizek, a la política generacional y la terminología soft de lo digital: regeneración democrática, actualización (como las aplicaciones informáticas) de nuevas formas de relación política y social, reinicios del sistema, que como un ordenador viejo y estropeado, se entiende como un aparato mecánico unidireccional y unidimensional, como un universo cerrado y autista o como un todo solipcista y personalizado que puede manejarse en absoluto como una conciencia plena sin esquinas ni desvanes (el inconsciente), consumidos en su conmensurabilidad inmediata; apagando y encendiendo, en este caso fundación y destrucción política, con un simple gesto o una sencilla acción binaria; sin contradicciones insolubles, necesidades temporales, conflictos inevitables, fisuras irreparables, y verdades enteras inexistentes. El sistema, y sus complementos, ahora es computacional y digital, no convencional, como heredamos de la tradición. Ciertamente las condiciones tecnológicas y virtuales que aporta la nueva reformulación teológica del capital, construyen nuevos contextos políticos, nuevos campos para viejos conceptos, nuevas practicas o nuevas conciencias para antiguos contenidos; pero en modo alguno convierten la política en una cáscara vacía, en un humus informe y soso, o peor aún, un sistema computacional que puede vaciarse y llenarse con las virutas y los desechos de una temporalidad efímera e incierta, sin atender a su tronco vertebrador. Más bien, el supuesto "tiempo nuevo" está tan sujeto al azar y a la fortuna como a los tiempos que Maquiavelo vivía, bebía, y escribía: en los que revelaba las inquebrantables necesidades y determinaciones de la política y su eterna fisiología. Mientras haya conflicto, y siempre lo habrá, y una dialéctica de las afinidades y las fobias, las clásicas relaciones de poder (...), existirá la especificidad del vínculo político que es la agonía y la pluralidad (la diferencia), y su hiperrepresentación: la polemología. Toda política, como bien observó Sánchez Ferlosio, es también una contención o un aplazamiento de la guerra, el conflicto por antonomasia, el objeto de la polemología; quieran los niños privados redimirla con el mercado, quieran los niños violetas redimirla con la justicia social pop.    
 
Estos nuevos niños de la comunidad liberal; desde los minarquistas, nuevos ejemplares de la estupidez, pues sociológicamente pertenecen a lo que mi abuelo denomina, -los muertos de hambre de la clase media, hasta la ideología de las mejillas y los corazones violetas, podemitas y subalternos; comparten ciertos recursos cosméticos y ciertas regiones discursivas: la eliminación del conflicto, las tautologías políticas, el "universo de sentido" teológico o literario (habría que detenerse a comparar la relación o el vínculo que existe entre un narrador, omnipresente y omnipotente, de relato, cuento o novela, y el todo poderoso creador del mundo; un Dios salvaje...), la ideología caracterológica, los índices escatológicos y demás adanismos, terminología en red, políticas generacionales, digitales y computacionales, y una cierta asimilación televisiva (deportiva incluso) y musical de sus formas y figuras como sujeto político. Todo ello conlleva a un estado en que la estupidez golpea con la fuerza de los vientos en una tormenta marítima, y en consecuencia, dificulta la textura firme y crujiente de un discurso político material, realista, memorístico, tradicional, y serio. En fin, a lo lejos, sea como sea "lo nuevo", retumban los ecos de un amargo grito socialdemócrata. No hay palabras para describirlo, pero sin duda se avecinan cambios; quizá  cosméticos y con el mismo contenido socialdemócrata, pero sus formas se agitan, se hipertrofian e hiperbolizan por momentos; como si retorcieran su cuello en busca de nuevas confesiones, nuevas palabras que aún no salen con la nitidez y la articulación suficiente para poder considerarlas como tales, como algo más que un ruido molesto de fondo; en el fondo de sus dañadas conciencias morales.