domingo, 17 de abril de 2016

El periodismo en Tennessee


Querido director;

Como bien sabrás, tú, antaño intrépido reportero de provincias y ahora capitán del navío general de la información nacional, el periodismo es un sistema de eufemismos, una máquina de distorsión y extorsión de la realidad, un instrumento de hipertrofia o aparato de hiperbolización de lo real, al servicio de la economía y su imperativo de "maximización del beneficio", sea del tipo que sea, y a las demandas y caprichos del poder político; ya conoces esos salones de la alta sociedad, donde encuentras siempre tan grato y cálido refugio. Recuerdo que ambos, cuando empezábamos, sabíamos que la carne no puede comerse cruda, que necesitaba de ese fuego lento eufemístico para cocinarse y hacerse comestible y digerible; y que toda empresa ideológica implica un correlato sombrío, o no, económico. Sabíamos que el periodista goza de total impunidad para mentir, inventar, o exagerar lo que sea, lo aprendimos, entonces, del viejo e irónico Twain, el cuentista que nos parecía el más lúcido y el de la prosa más sintética y ligera; sobre todo, nos parecía divertidísimo, nos  reíamos a carcajadas de sus sátiras y bárbaras representaciones de la realidad periodística. Ahora, ese juego literario que tanto tiempo ocioso nos ocupó, es una innegable y dura realidad cotidiana. Recuerda el cuento, recuerda la primera versión del novato haciendo un resumen de prensa, y la segunda, la del redactor jefe, tras explicarle cómo hacerlo. 

La del novato sonaba así:    


<< Revista de prensa de Tennessee

Los editores del Semi-Weekly Earthquake se encuentran evidentemente en un error con respecto al ferrocarril de Ballyhack. No es propósito de la compañía dejar de lado a Buzzardville. Por el contrario, consideran esta población como uno de los puntos más importantes de la línea ferroviaria, y por consiguiente no pueden tener el menor deseo de soslayarlo. Los señores del Earthquake se mostrarán, sin duda, muy complacidos de proceder a la rectificación oportuna.
El caballero John W. Blossom, el competente director del Thunderbolt an Battle cry of Freedom de Higginsville, llegó ayer a nuestra ciudad. Se aloja en la pensión van Buren. 
Observamos que nuestro colega de Morning Howl de Mud Springs ha caído en el error de suponer que la elección de Van Werter no es todavía un hecho consumado, pero no cabe duda de que descubrirá su equivocación antes de que estas líneas lleguen a su conocimiento. Indudablemente, se habrá guiado por escrutinios incompletos. 
Nos complace señalar que la ciudad de Blathersville ha entablado negociaciones con unos señores de Nueva York para pavimentar sus prácticamente intransitables calles utilizando el pavimento Nicholson. El Daily Hurrah urge encarecidamente que la adopción de tal medida y parece mostrarse confiado en que se llevará felizmente a cabo. >>

Y la versión picante y en su supuesto punto, según el redactor jefe...

<< Revista de prensa de Tennessee

Los inveterados envusteros del Semi-Weekly Earthquake están sin duda tratando de arrojar sobre gentes nobles y caballerosas otra de sus viles y brutales falsedades con respecto a la más gloriosa iniciativa del siglo diecinueve: el ferrocarril de Ballyhack. Ha germinado en sus repugnantes cerebros, o mejor dicho, en lo que ellos tienen en el lugar del cerebro, la idea de que Buzzardville iba a ser dada de lado. Harían mejor en tragarse esa mentira, si quieren que su inservible pellejo de reptil se libre de la somanta de palos que tanto merecen. 
Ese asno de Blossom, del Thunderbolt and Battle Cry of Freedom de Higginsville, ya está otra vez aquí, comiendo de gorra en el Van Buren. 
Observamos que el infeliz pelagatos de Morning Howl de Mud Springs nos endilga, con su habitual propensión a la mentira, la noticia de que Van Werter no ha sido elegido. La muy elevada visión del periodismo es difundir la verdad; erradicar el error; educar, refinar y elevar el tono de la moral y las costumbres públicas haciendo a los hombres más amables, más virtuosos, más caritativos, y, en todos los sentidos, mejores, más santos y más felices; y aun así, ese canalla de corazón ennegrecido degrada persistentemente su honorable profesión difundiendo la falsedad, la calumnia, el vituperio y la vulgaridad. 
Blathersville quiere un pavimento Nicholson... Lo que quiere es una cárcel y otro asilo para pobres. ¡Valiente idea pavimentar un pueblucho con dos tabernas de mala muerte, una herrería y ese emplasto amarillento de periódico que es el Daily Hurra! Ese insecto rastrero de Buckner, el editor del Hurra, rebuzna sobre este asunto con su acostumbrada imbecilidad, figurándose que habla con algún sentido. >>

No veo en tu periódico ninguna intención de esclarecer, aunque sólo fuese teóricamente, en vuestras columnas siquiera, esa frontera infranqueable entre la realidad y la ficción, la escritura de los hechos, de observación, y la escritura de imaginación y promiscuidad literaria. No veo voluntad alguna de discernir lo esencial del añadido decorativo, lo ensayístico de lo literario, lo contingente de la búsqueda de sentido, la tarea del crítico de la del público o lector, la información de la propaganda, no os veo, prácticamente puestos en nada. Dirás, que la objetividad no existe, que toda selección es una opinión, que toda descripción es prescripción, que la gente tiene derecho a decir lo que quiera, que los anunciantes mandan, y que siempre ha sido así. Pero, sinceramente, me suena a excusa y a tedio; la pereza y la cobardía que te produce, os produce, pensar o reflexionar, pesa más que vuestro deber, eso es lo que veo.  

Seguiré otro día, esta carta nostálgica se me está haciendo demasiado larga; pero recuerda que para nosotros, los otros, siempre fueron aquello que le dice, en el cuento, el redactor jefe del Avalanche de Memphis a un corresponsal que le calificó de radical: "Desde que empezó a escribir la primera palabra, y luego las siguientes, poniendo los puntos sobre la íes y la rayita de las tres, hasta el mismo punto final, sabía perfectamente que estaba elaborando una frase saturada de infamias y rezumante de falsedades". Esos son los demás periodistas también hoy, no somos nosotros, ¿verdad?

Recuerdos, de un viejo amigo.






sábado, 16 de abril de 2016

Quo vadis ?


(Raúl Arias) 

Un día en funciones, pensé. Pero no, mi vida está en funciones como el gobierno. Así decido pasar estos días, descansando, haciendo ver que hago algo; estar ahí, firme y erguido, que ya es suficiente. Otros se agachan y extienden las manos entre lágrimas, se arrastran como larvas o tiernos y viscosos gusanos perforando húmedos y estrechos túneles en la arena laboral clientelar, para luego hacernos creer que son frescas y libres mariposas. Los más, directamente esperan con el culo en pompa la gloria de la vida, una gracia fortuita y divina; pensándose héroes, sienten un cierto placer de sodomía y esclavitud, ¡qué gente tan extraña! les gusta lo más raro y lo ven normal...

Día en funciones, a pleno sol, comiendo lo suficiente, bebiendo en exceso y paseando lo permitido. Mientras estoy en La Ciudadela, entre trabajadores, asalariados, teñidos en cobre por el sol y curtidos por el duro trabajo,y mientras exorcizan su diferido esfuerzo con comentarios masculinos sobre mujeres, coches y salarios de toda plusvalía y explotación, y entre burguesitos de chichinavo,  como con L una inverosímil, pero vulgar, paella valenciana. Han metido de todo, las sobras quizás, pero extraordinariamente, queda bien, sin más; ambos le damos el visto bueno. Luego me traen un atún en su perfecto punto, la parrilla se hizo para ese atún pardo y salvaje, jugoso por dentro y crujiente por fuera, marcado a latigazos de fuego de por vida, y bañado en salsa de soja, excesivo tal vez; descalabros de la creación artística donde no hay arte. Pasa el rato, hablando gratamente con L, y llega lo de verdad: unos serios bombones de coco bañados en polvos suaves de chocolate, una inversión del orden lógico de las cosas, que al menos engaña al paladar satisfaciendo sus necesidades. A todo eso, un Verdejo, espumoso y con aguja, nos dijo el cubano y simpático camarero, envolvía, dulce y ácido a la vez, burbujeante él, todos los tragos densos de los platos principales; era fresco y cristalino, grato y agradecido, pero sin dejar huella alguna en la memoria. Llega, tras un café solo, negro, profundo, breve y acompañado de un caro y costoso pitillo - la experiencia se acumula en el estómago esperando un claro y ácido digestivo que lo empuje todo, incluso a uno mismo, a una sana y etérea tierra de nadie - y un rápido trago en forma de alcohol y hierbas líquidas, se agradece todo lo verde de la comida, el final de la comida. En el paseo ya puedo empezar a recordar. Entro otra vez en el mundo real protegido por cierta burbuja otorgada por el don de la ebriedad y la amistad; que no siempre van de la mano. Es demasiado pronto para preguntarse quién es uno y a dónde va, así que me vienen a la cabeza, acumulándose los materiales como en un delta, los asuntos, los papeles y los trámites, de la semana:

1. ( Sólo L, logra paliar este tedio, ese maldito zumbido nacionalista) El papelucho Koiné da vueltas en mi cabeza, no me abandona, gira y revolotea en ella sin parar como un niño revolviendo el viejo baúl de los juguetes; forma parte de mi vida cotidiana e íntima sin que tampoco me lo termine de creer del todo. Después de beber y comer copiosamente, todo adquiere una textura de nube de azúcar y un ritmo casi acuático; pienso entonces que no es del todo serio; si lo fuera, el hombre sería un hombre sórdidamente cómico y ridículo, como dice el viejo y grueso Chesterton. Ni siquiera la disputa en forma de efímera y chabacana provocación, que esos viejos reaccionarios de la burguesía catalana pretendían introducir en el erial mediático, llega al nivel de la querella, en el Diari Català de 1881, ya, algo apolillada, entre Valentí Almirall y su catalanismo racialista, y Pi i Margall y su federalismo "pactista", como él mismo lo definía. Seguramente Gaziel, el escritor manqué, no hubiera permitido que esa decadencia se filtrara, como se filtra la carcoma en los muebles exuberantes y olvidados, o la humedad en las bigas de las casas antiguas, en su querida Vanguardia española; el eterno intelectual orgánico de Cataluña.

2. (Paseando por la Ciudadela) Leo una entrada en lo de Arcadi (él también suele estar en funciones), y coincido exactamente en su descripción y sus adjetivos, aunque disiento de su juicio de valor, pues el mío se diría que es inversamente proporcional al suyo, en su énfasis, en su importancia, en su forma, en su penetración, en todo. Yo también veo a Pdr Snchz con el abrigo de un asesino; lo veo además "no siendo lo que son, sino lo que creen creer que son de lo que les han hecho ser por lo que les dicen que son". En cualquier caso, la culpa no es sólo de la superioridad moral de las "izquierdas", como dicen algunos; sino de la arrogancia y la soberbia de la derecha, de todas las "derechas".  

3. (En casa, ya de tarde, alienado con los aparatos, despejo las nubes de la bebida) Oigo por la radio al ministro de cultura y educación, de nuestra industria cultural, y dice el paniaguado, que la educación en la actualidad es cosa también de los padres, que las escuelas deben integrar, como si de un cuerpo de ayudantes docentes se tratara, a los insoportables papás y a las cursis y sentidas mamás en las escuelas. Papás y profesores agarrados de las manitas, paseando por verdes prados y diáfanos cielos azules, para educar a sus irrepetibles y excepcionales hijos. De paso, el aristócrata ministro, sostiene que los retos de la educación han cambiado, pues hoy, un niño con la dichosa tableta, sabe más y más rápido que el profesor, de modo, que las técnicas educativas, pedagógicas y tecnológicas deben cambiar. Su abierta y ofensiva ignorancia, su despreciable y redonda arrogancia, junto a la indecible impunidad y desparpajo goyesco con que el habla, demuestran una vez más, que la pregunta clásica por el buen gobierno y la buena gobernanza, no son ni fantasías de los clásicos ni eludibles preguntas que la flatulenta posmodernidad activista pueda esquivar y tomarse como excusa para sus juegos pirotécnicos. Recuerdo un breve y reciente artículo donde impera el sentido común y la capacidad analítica, de entre los muchos, que Jorge Sánchez, escribió y colgó en las paredes de su cuaderno digital, Bajo la lluvia: El "negocio" educativo, se llama la criatura. Una síntesis perfecta del problema que conecta, encaja como sólo encajan los enamorados, con la tesis central de Borriquitos con chándal; el ensayito delicado e incisivo de Ferlosio: lejos de ser lo público lo que se introduce en lo privado, invadiéndolo; son las manías domésticas y decorativas de lo privado, las que penetran y arrasan con lo público. La publicidad (consumo; o "la fabricación de consumidores" que diría Ferlosio), el mercado (producción), los intereses particulares (laborales) arrasan con el carácter despersonalizado, indiferente, "objetivo", común, instructivo, formativo ( en conocimientos), y desterritorializado, de lo público en lo educativo. Donde la lógica del interés privado, sea del capital o de las familias, o del dirigismo gubernamental, no tienen, no deben tener, fuerza alguna. Esa brecha abierta, en definitiva, lejos de evitar la desprotección de los hijos y su ignorancia, consigue precisamente lo contrario: borriquitos con chándal; nos hemos dado un tiro en el pie. La vida pública es la invadida y agredida, y la vida privada, la invasora y agresora. La privatización de la escuela es doble: una cuestión doméstica y de mercado. 

4. (Frente al mar, junto a L) Pienso en el artículo de Zizek en El Mundo, ¿Por qué el perro se lame los testículos?, y exactamente, veo que sólo sobresale y destaca en lo que más y mejor soporto de él y su escritura, sus chistes y su ateísmo, sea político, estético, ético o teológico, paradójicamente. Las vedettes del cabaret académico, expertas en aparentar no romper huevos para hacer tortillas, se matan por escribir en los periódicos, aunque los escriban, como en la UB, con los pies y las partes pudendas. El caso de Zizek es distinto, éste, es un texto más, y se nota: su único talento es el chiste de rotativo, de ensayito a vuelo corto, de vuelo bajo, en este caso, un chiste a tres columnas. Lo único que podemos destacar es el nuevo nombre que da a la dialéctica del reconocimiento o dialéctica del amo y el esclavo; la cosa va de huevos, lametazos y perros; justo el poder. Lo ve como nadie en sus ensayos, aunque lo escriba como cualquiera en sus artículos. Aunque apunte en buenas direcciones, no conoce los caprichos del papel pulpa, ni sus exigencias ni necesidades; cuando cobra tanto por ello, sin saber hacerlo, es uno más, en el doble sentido, moral y físico. Si no se escribe con la misma brutalidad y acidez con que impacta la realidad y choca contra nuestra experiencia, si no se consigue golpear en la boca del lector, agarrarle del pelo y arrastrarlo por el suelo, los chistes y las tibias ironías terminarán por envolver el bocadillo de sardinas que acompaña al niño durante el recreo. No se puede vivir siempre de la "marca" `publicitaria, y si es académica e internacionalmente conocida, peor. Lo único salvable de un artículo que huele a ceniza fría, y aire ya respirado por otros, es la concreción metafórica de su título, nada más.  

5. ( En el bus de vuelta a casa veo a un anciano leyendo "El Periódico", y recuerdo...) Hace poco vi con el sobresalto que me provocan las estupideces y degradaciones socio-culturales mediáticas, las "Cartas al lector, entre-todos" del mismo diario del anciano, El Periódico; inevitablemente pensé en Benjamin, que ya cuestionaba las cartas al director. Bajo la apariencia del debate ciudadano y el mercado de ideas, se oculta, como se oculta bajo la venda una falsa herida, la supresión del límite y la frontera entre autor y público, entre trabajo y ocio, entre crítica y productor, que tan bien hace al capital. La escritura se sindicaliza y reina en ella el Victimato, la justicia poética del Tertuliano, campan a sus anchas las charcas de sentido, sus universos trágicos de reivindicación, activismo, resentimiento, revancha y cooperación laboral; se borra la huella de la instrucción y la formación del trabajo intelectual, y se reduce a su física necesidad, a su inmediatez y desnudez esencial. Los anónimos, sin firma, arden en la impaciencia del que se siente excluido y se cree sujeto del derecho de tomar la palabra para defender sus intereses, se apropia de la autoría, en esa fétida hiperdemocratización para cáscaras de hombre que denunciaba Ortega, y su "trabajo", su "causa", toman la palabra, asaltan la escritura y apresan la prosa. Degenerando, como está hoy, la prensa burguesa hasta límites de frivolidad y superficialidad inaguantables. 











lunes, 11 de abril de 2016

Un apéndice para mi pequeña xenofobia




Algunas notas dispersas que en el anterior artículo no encontraban su sitio, se quedaron desparramadas sobre la mesa, secas, junto a la ceniza fría de mi extinto cigarrillo. Desde el cajón en el que fueron encerradas posteriormente, en una exagerada soledad y densa oscuridad, ahora piden airearse, tomar siquiera algo de aliento antes incluso de ser escritas; las expongo pues, primitivas, bárbaras ellas:

I) El Manifest Koiné es la expresión textual, en forma de libelo (nada de informe técnico o académico; o quizás sí que es de nuestra academia de barretina y chichinabo...), del mito político que en el SXX, nuestra época técnica y lingüística, se ha convertido en una ingeniería de la despolitización y técnica trófica de la imaginación exuberante, en la que el mito, como sostenía Roland Barthes, es un "habla despolitizada", cuyas imágenes y símbolos, que articula y en los que vive instalada, no son considerados como tales, sino como insobornable realidad (naturaleza). Esta realidad no puede ser criticada o rechazada (negada), sino, aceptada pasivamente como necesaria e inevitable, como un fenómeno meteorológico irreversible; no como un artificio con métodos y planes de expertos y especialistas en técnica política: fabricadores de cáscaras ideológicas, espumas políticas etc. Por lo tanto el nacionalismo lejos de ser, como consideran algunos liberales, una excepción o un anacronismos en la comunidad europea de nuestros tiempos; es un fenómeno cuya naturaleza se adapta perfectamente a la condición técnica de nuestra época; que aún vive de los viejos resortes políticos del SXX. 

II) De los profetas y panfletos providenciales, como el Koiné, dice Gellner: " La imagen que de sí mismo tiene el nacionalismo, y su verdadera naturaleza se relacionan de forma inversa y con una perfección irónica que pocas veces se ha visto, siquiera, en otras ideologías triunfantes. Ésta es la razón por la que creemos que, en términos generales, no podemos aprender demasiado acerca del nacionalismo estudiando sus profetas". Pues bien, yo, como Francisco Caja en La raza catalana, creo justamente lo contrario. Que no hay nada más revelador que la exposición pública de sus textos ante un espejo en el que se refleje intensamente y al aire libre, su mentira y su vileza; exactamente como sucedió con las figuritas de lladró del mandarinato catalán con el papelucho Koiné. De modo tal, que quien siga pensando en la jovialidad y el entusiasmo inocente y festivo de los nacionalistas, será él, el único y verdadero responsable de su negligencia política; no cabe engaño ni moralidad diferida alguna ante la evidencia. La responsabilidad de los individuos que forman parte del incoloro fantasma de la masificación que produce el mito político, no siempre permanece recluida en ese yo social en el que nos proyectamos e instalamos dejándonos llevar por la corriente dominante, para no actuar cuando el acontecimiento es inminente e inmediato, para no pensar genuinamente cuando el pensamiento único nos acecha, clavándonos su amenazadora mirada en el pecho.  

III) El mito político (el nacionalismo) es ucrónico, por lo tanto su refutación racional es imposible, pues, en el fondo el mito coincide con el deseo colectivo personificado en el narcisismo de las diferencia. Idéntico a las convicciones de un grupo que se cree "único" y "excepcional"; y constituye la expresión de esos deseos y convicciones en un lenguaje beligerante, hostil y de movimiento continuo, de acción colectiva y permanente, de un solo cuerpo sin más oposición que la "fobia al exterior", en un plano ficcional de alteración temporal, en definitiva, de atemporalidad, en el que los análisis históricos y críticas políticas se desactivan e inutilizan a priori. Convirtiendo al otro, en enemigo de la realidad. Crea así, un universo de sentido en que cualquier dialéctica política (en el sentido político más amplio y e el sentido filosófico más estricto) que ataque el marco en el que se construye y habita el nacionalismo, más sólidamente lo incrusta en la mente de los conservadores incondicionales como en la de los progresistas moderados, afectados ambos por la falta de responsabilidad y espacio político. La negación de un marco, activa ese marco, reafirmandolo proporcionalmente a la fuerza e intensidad del ataque. Apoyes o ataques al nacionalismo en su universo de sentido o fuera de él, lo estás ayudando y consolidando.  

IV) Que el núcleo doctrinal del catalanismo es la doctrina de la raza, que el nacionalismo es una especie de racialismo; lo vemos en Taguieff, en forma de cita en el libro de Francisco Caja:  

<<  a) el desplazamiento de la raza hacia la cultura, y la sustitución correlativa de la pureza racial por la identidad cultural "auténtica"; 
b) el desplazamiento de la desigualdad hacia la diferencia: el desprecio dispensado a los inferiores tiende así a dejar el sitio a la obsesión por el contacto con los otros y, más profundamente, a la fobia  de la mezcla; 
c) el recurso a enunciados heterófilos (derecho a la diferencia etc.) más que a enunciados heterófobos. >>

V) Un artículo en La Vanguardia (una Vanguardia que cada día pretende, inútilmente y con una dosis de cinismo y oportunismo incalificables e inasumibles, imitar y parecerse a la de Gaziel. Al menos en cuanto a una escritura, una melancólica y sudorosa prosa, que carga con algo perdido, irrecuperable, pero que siempre esta presente en la burguesía catalana como una aspiración ilusoria y entusiasta de realización plena: una Cataluña, en fin.) de Gregorío Morán nos revela la verdad sin tapujos ni trampantojos sobre el neofascismo lingüístico. 


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Bulerías para cinéfilos. 





viernes, 8 de abril de 2016

Mi pequeña; mi liberada xenofobia


( Raúl Arias. Una zona de recreo) 

<<1. La urgència d’una presa de consciència del problema social que constitueix per a la societat catalana el desballestament lingüístic creat per la dominació espanyola, una consciència que ara manca en la majoria dels ciutadans i en molts dirigents polítics. Cal que tothom entengui que un dels grans problemes d’estat de la nova república, potser el més important, serà el problema lingüístic, perquè afecta la base mateixa de la cohesió social.>>  (Manifest koiné)

Sólo para estómagos fuertes, Manifest Koiné: un ejemplo textual -cuando lo ponen fácil, hincarle el diente es irresistible - del difuminado carácter étnico y racial de la doctrina nacionalista. Las tesis que sostiene el panfleto propagandístico son simples y falsas, reducciones históricas manipuladas por la ideología normativa de la lengua. El catalán no es la lengua de Cataluña, sino que ambas, el catalán y el castellano, lo son. El catalán no se ha desplazado, al menos a causa del Estado, de los ámbitos de uso lingüístico general, pues su uso, está normalizado y garantizado a nivel institucional, en las escuelas y las sucursales burocráticas; y en cualquier otro tentáculo estatal, el catalán es la lengua oficial, oficiosa, y ordinaria. No existe tal marginación ni tal peligro en lo institucional ni en lo social. Sólo un cambio de usos sociales, libres y sin dirigismos políticos o tutelajes pedagógicos culturales, puede variar el proceso de consolidación de la lengua; un destino, sea cual sea, que ni el poder político, ni ningún otro, deben determinar. En el libelo nacionalista las ideas se mueven por un espacio inventado, un lugar ficcional tanto en el mórbido presente como en el incierto e imperceptible futuro que nos depara. Ni la dominación  española del régimen del 78, como extensión del franquismo, que ellos aducen, ni la república catalana, inevitable Ítaca de todo delirio y perdición política, existe hoy; ni sería deseable que existiera, por cuestiones higiénicas. Tampoco existe ningún proceso, mal que les pese, de dominación política lingüística españolista (horrible palabro que adulteramente utilizan), esa colonización del idioma ¡inmigrante! ( considerar inmigrantes a los riojanos, andaluces, extremeños, castellanos... Me parece una de las mayores vilezas de su ignorancia y su flatulenta aristocracia racial), escondida y oculta en el bilingüismo como aparato ideológico. Ni su plasmación administrativa, en funciones, supone una subordinación y sumisión del catalán hacia el castellano. Sino que coexisten con normalidad civil y orden social, y en ocasiones, con conflictos generados ideológicamente, fomentados por un gobierno que lanza a unos ciudadanos contra otros en función de sus orígenes y pertenencia. No sólo los lanza unos contra otros, sino que los organiza para presionar a los tribunales y la ley. Al margen, claro, de la reflexión que la maquinaria y los aparatos institucionales y cuerpos legales nos merezcan, lo que esta claro es que en un gobierno "liberal" el fomento de la hostilidad civil contra las instituciones es una contradicción insalvable e inasumible. Así, la imposición jurídico-política del castellano orquestada por el Estado español, es una ficción más, un intento desesperado y pornográfico de construir un enemigo externo irreal, una brecha onírica entre el acomplejado y autosatisfecho "nosotros" y el sórdido y perverso "vosotros". Una de las múltiples estrategias sutiles de la beligerancia irredenta e inútil del narcisismo de las diferencias que los distintos grupos sociales del nacionalismo intentan imponer por frustración, al ver que ni su propio gobierno es capaz de soportar su cinismo cuando se enfrenta cara a cara contra su expuesta mentira. Ese maravilloso momento de revelación que conlleva la descomposición de las mentiras ante su propia imagen, nos lo ha hecho ver la incapacidad de ruptura de un gobierno secesionista con la ley española. ¡Y qué grata sorpresa! ver que los mossos, aunque involuntariamente, sirven para algo más que para obedecer y cumplir con el que paga.  

Ese arrinconamiento y esa degradación cualitativa de la lengua que se deriva de los exabruptos y sonidos guturales del libelo, en modo alguno pertenecen al resultado de acciones políticas reales de ningún gobierno español o alguno falsamente catalán. De existir, la degradación y el arrinconamiento, cosa que niego, serían producto de la decantación indeleble del paso del tiempo y la decisión y elección de los individuos, usuarios dicen, ¡bah!, sobre la lengua. Los hablantes serían sus únicos y legítimos jueces, a los que ninguna voluntad política, y menos aun religiosa como el nacionalismo, debe quebrar o torcer en su juicio y elección. Sustituida la etnia y la raza por la lengua catalana, de mismas y exactas funciones políticas que el Mito: la autenticidad, el reconocimiento del sentido y la justicia poética, que no real; parece, digo, que las observaciones lingüísticas son inofensivas, y cuanto más efusivas e impositivas, más pasionalmente técnicas y menos doctrinales parecen. Nada más lejos. Cuando un tropo sustituye a otro, los efectos se mantienen o se multiplican según el nuevo campo semántico y la nueva gramática política ( anti-política) que abre el trampantojo ideológico. Yo seguiré igual de atento a la lengua y a la viciosa jerga de la pertenencia, o la autenticidad, que a los movimientos de un gobierno nacionalista; pues el mimetismo entre ambos valdrá la pena identificarlo y analizarlo.  

 Esos especialistas en la sustitución, sustituyen el lenguaje por la lengua ideológica y sus preceptos, más normativos que productivos y creativos, por eso, (mal)tratando el lenguaje, creen estar tratando la lengua, y de ahí su confusión y vaguedad; las veces su abierta falsedad y malicia. Recordemos que no existe hoy, en la prensa, ninguna prosa en catalán, exceptuando a Lluís Foix y Valentí Puig,  que pueda considerarse al nivel de la prosa melancólica, la miel ácida, de Gaziel (Agustí Calvet), insigne director de La Vanguardia (entre 1920 y 1936), gran memorialista y dulce dietarista; o siquiera, algún periodista que siga como los discípulos siguen al maestro, el modelo lingüístico que Pla, y la prosa planiana, dejaron a la posteridad a modo de redención de la palabra. Esa decadencia - que por otro lado también se vive con el castellano, si no es que todas las decadencias son una ilusión, no son la excepción, sino la regla - no depende de "enemigos externos", sino de la mediocre condición del  mandarinato.Cat. Uno de los mandarinatos mejor retribuidos, y subvencionados con generosos fondos públicos; pues es sabido que el poder adora, y persigue frenéticamente, a los embellecedores, a los que adornan y decoran un discurso repleto de ruindad y zafiedad. Los que construyen en Cataluña el relato y la narración del poder, son los mismos sujetos verticales que viven de, por y para él; son los mismos "marginados" y "degradados" que se defienden en el panfletucho. Si su calidad literaria, intelectual, y lingüística es baja, no se debe a la falta de motivación teológico-monetaria, pues de dinero, ¡les sobra!; sino que se debe a su mediocre y decadente condición de dóciles y serviciales  intelectuales.Cat prostituidos.    

PD: Quizá sea verdad y uno de los problemas más graves de hoy, y del mañana, sea el lingüístico; o mejor, el del lenguaje en política. Pero no por la falsa cohesión social que se pierde, sino por el torrente y aluvión de mitologías y ficciones (sistema también de eufemismos) que se llegan a construir con la palabra mórbida que los panfletos y los libelos nacionalistas, apoyados por los medios televisivos, son capaces de introducir no sólo en el discurso público, sino en las conciencias individuales, con la forma de un deber religioso. No olvidemos que la lengua es ya la primera industria de Cataluña, una de sus mayores formas de negocio; existe una cantidad ingente de instituciones y de grupos de gente especialistas: lingüistas, filólogos, juristas, profesores y escritores, que se dedican íntegramente a la lengua, a promocionarla, a venderla y a crearla. Todo eso, en su mediocre y degenerada condición, tan ideológicamente determinada.  

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Otras artes y variedades del pueblo; un debate en 8tv; todo queda en casa.
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Un poema de Diarios de la Peste.
 Arcadi Espada


Declaración unilateral.

Mi pequeña
La hora de tu liberación debe llegar
Desde hace trescientos años
sufres de opresión
Dices
En la lengua
En el corazón
En la cartera

Pero solo se trata de una opresión
en el pecho
mi pequeña
Porque aún no has tenido el valor de confesar
la causa única y verdadera de todo esto

Yo también quiero luchar por tu liberación
Mi pequeña xenófoba

miércoles, 30 de marzo de 2016

Sólo para mayores de edad


Karl Kraus dejó escrito en las raíces de la memoria cultural y política europea, que son lo mismo que las brillantes páginas de Die Fackel (La Antorcha) - y que empezaban a sobresalir beligerantes, gruesas y arrogantes del fondo de una húmeda y agradable tierra hacia la seca y brutal superficie donde la luz lo abrasa todo -, aquello de que el periodismo y la política eran sistemas de eufemismos. Pues, la realidad cruda, inmediata, no podía tomarse sin cocinarla; resultaba intolerable e indigesta sin un tratamiento mediador, doméstico, domesticador. Quizá en los eufemismos de los medios y los agentes políticos, tanto hoy como ayer, sólo prevalece su moral pervertida y viciosa de metaforización fangosa, de analogía arbitraria (ideológica e interesada), de sinécdoques hipertrofiadas y repetidas, juegos macabros de hipóstasis, y metonimias apolilladas. Eso sí, en una jugosa y gordinflona libertad de expresión, nada casquivana. Quizá el eufemismo sea una herramienta autoritaria y un instrumento de dominación sutil, hasta que en sus últimas consecuencias, cuando el uso y el abuso desgastan la pieza de engranaje, el objeto utilizado, degradado y caducado, se vuelve meramente basura en movimiento, basura dinámica. Eufemismo encontrado, eufemismo desactivado. La diferencia mediática, pues, entre las democracias y los regímenes autoritarios, sean tiranías o dictaduras (los totalitarismo son más singulares y me quedan grandes ahora, aquí, en esto) es precisamente la cantidad de basura circular, en movimiento, que en sus dominios se desplaza y reproduce como insectos, y se acumula mórbidamente durante años. Las democracias evidentemente parecen hervir en una corrupción mediática y basura dinámica que burbujea hasta desbordarse del puchero. Suelen vivir acompañadas de ruido; graznidos agudos y roncas avalanchas de gruñidos colectivos. Sin embargo, los regímenes autoritarios suelen permanecer en un silencio sepulcral, inertes, hieráticos, recostados en el la mortecina prohibición de la palabra y la acción política. Sólo lo cómico puede desvanecer las densas e inaccesibles brumas de la dominación. De ahí parto para tolerar la estúpida, y seguro que fugaz, polémica: la falta de respeto hacia las victimas directas o indirectas, que la última portada de los divertidísimos e irónicos dibujantes de Charlie Hebdo, en su último número,  ha despertado; el que encabeza estas notas desde el córner. La endémica y patológica diacronía de los medios españoles, parece ser incurable y gozosa para los periodistas de cerebro estrecho desproveídos del sentido sincrónico de los hechos y tiempos políticos. ¿Qué mayor falacia diacrónica hay, que tomar el terrorismo como un único hecho, aislado, barbárico, que atraviesa distintas etapas temporales sucesivas y progresivas, en la civilización? Evidentemente; ninguna.

 Anoche, una noche más, tan tranquila y dilatada como todas; encontré en una tertulia televisiva, La noche en 24h (a partir de 1:32:00), un pestilente rastro de la incipiente polémica. Dos de los tertulianos de la mesa, horrorizados por la falta de respeto hacia las víctimas, aducían que por naturaleza, por el mero hecho de ser victimas poseían una condición, moral y cognitiva, distinta del resto de los mortales. Son el tipo de hombre mordido por el perro, no duermen por las noches, pero viven con las conciencias limpias e higiénicas; mientras que los que mordemos a los perros, no vivimos. Esos dos bichos son Ignacio Camacho, la peor pluma de ABC junto al indecible Burgos, reaccionarios que creen creer poseer algún arte, y la simple y llana doncella del erial de la derecha mediática, Carmen Tomás; especialista en arengas de todo tipo. Ambos representan exactamente el Tertuliano I, II (...) y el Victimato de los crujientes, dorados y deliciosos pecios de Ferlosio (los devoro como caprichos, aperitivo de cualquier lectura desde hace semanas; me acompañan como tentempié, digestivo, dulce postre y azucarada obsesión): 


<< (El Victimato) Se considera a las víctimas como algo sagrado y no lo son. Han armado una nueva configuración mental; han transformado el sentimiento en venganza sagrada, con su ganar o perder, al que no le falta su negra hornilla; se han constituido en asociación con lista de socios, que son los parientes de los muertos, con su organización burocrática, sus declaraciones públicas, su "doctrina"; al resultado de esta inversión capital es a lo que yo llamo Victimato.  [...] Decir "Tiene que haber vencedores y vencidos" es no reconocer más legitimidad que la de la victoria. >>


<< (Tertuliano II)  Sería una grave injusticia despojar a las víctimas de su derecho a contemplar el retorcerse de los cuerpos y oír los alaridos de sus verdugos abrasándolos en el fuego eterno.>>


Evidentemente en la desestructura mental de esos periodistas, propagandistas, del erial, en las paredes desquebrajadas de su conciencia moral, el motivo es la esencia y el espíritu del terrorismo y el Victimato de ETA; sin embargo, lo aplican a todo, paradigma general, en esa suerte de hipostización y homologación estéril y flatulenta de su contagiosa ideología, memética, pandémica. Juegan ese triste y desalentador papel de politizar la carnaza, los restos de la escabechina, en favor de su ideología. Igual que "las socialdemócratas", pero desde la otra esquina de la calle. Nadie quiere, nadie pide comprender. Aunque aquí tampoco se consigue eso, pues mi tarea siempre ha sido lo colateral y los bordes estéticos y cosméticos, al menos se es consciente de ello, y no se partidiza ni se administra el miedo, el terror, ni se gestiona la desgracia. Así es la prensa de la diacronía. 


Concluyo. La única cosa que los terroristas no pueden soportar, como también sucede con las redes institucionales, los aparatos y la maquinaria de Estado (Universidades, Tribunales, Burocracia varia...) y las ideologías identitarias, es que no se les tome en serio. No soportan, en su sentido fisiológico y evolutivo, lo cómico: el humor, la ironía, la risa... la prosa satírica krausiana. De la misma manera, poder considerar a los terroristas como payasos, figuras trágicas, patéticas y absurdas en la realidad, es algo que no podrían soportar sus frágiles y delirantes mentes; y que además, desactivaría sus estrategias y pretensiones de introducir el Miedo (primer elemento de la política moderna y del poder, desde Hobbes) en las venas de los infieles e incrédulos que habitamos en democracias kindergarten. Crear polémicas de basura dinámica, huecas y sordas, como la presente, pretender prohibir esas portadas satíricas, nos muestra hasta que punto la conciencia democrática es frágil y vidriosa, en nuestras cínicos y encebollados demos infantiles; y hasta que punto las raíces de la memoria intelectual europea son un gran eufemismo histórico, un magnífico tropo. Bergson sostenía, revelando lo implícito, en esa maravillosa pieza filosófica, La Risa (1899), que la diferencia (libertad) sólo es posible mediante la espontaneidad y flexibilidad de la risa, lo cómico, frente a lo siempre igual, la repetición y lo mecánico de la dominación. Algo comprendido, únicamente por mayores de edad.  
 









sábado, 26 de marzo de 2016

"Ellas" y "las suyas", sobre el terrorismo y la pluma ligera


Miércoles, 23 de marzo de 2016. Son las 19:07:?? de una tarde suave y dilatada, como si la calma húmeda y amarilla que siempre acontece tras las matanzas y las carnicerías humanas, descendiese, arrastrándose, reptiliana, desde el norte hasta nuestras distraídas y ruidosas tierras; y permaneciera suspendida, flotando, durante días, como una untuosa espuma en el ambiente. Todo sucedió, si es un suceso lo nuestro, en ese medio tan caliente y revelador que es la televisión. Una "mujer experta en oriente medio", así se hacía llamar, con esa doble condición problemática y friccional de "mujer" y "experta" como categoría profesional, sospechosa e irritante, por lo de militante sindical de cuotas, aparece en un programa verde de ímpetu generalista; de masivos y ociosos espectadores. En ese espacio recreativo y visual del periodismo, hoy, la primera forma de ocio y pasatiempos de los individuos "civilizados", el más goloso y sabroso de los tentempiés ciudadanos, la "mujer experta", de la que no recuerdo el nombre, construyó, como sólo los niños construyen sus efímeros y caducos juguetitos, el siguiente lazo pirotécnico: - no se está produciendo una radicalización del islamismo, sino una islamización de la radicalidad. Sintagma, si la gramática política lo permite, tan socialdemócrata y buenista que no persigue enemigos, sino la exclusión y marginación de ciertos discursos ideológicos que hablan de guerra (asimétrica o de religión, no clásica o fría) o de responsabilidad ante las atrocidades de la violencia religiosa y, como un zorro cuando en unas semanas de hambruna se equivoca de madriguera y se come a sus propias crías con devoción, fomenta lo que precisamente intenta suprimir, la inexorable muerte; escondiéndolo todo: el origen del terrorismo, y todas sus etiquetas. Disfrazando a los asesinos islámicos de esa justificación y redención  universal que es, el mal radical o absoluto; y que no sólo es un indulto político, las veces teológicos, sino un Prozac para la comprensión de lo acontecido.

La muchacha, siempre tan parlanchinas y redichas esas socialdemócratas, expresó, en un indolente alarde de torpeza, aquello que uno siempre anda buscando como una formulación, un final discursivo, audaz y feliz, y que en escasas ocasiones logra producirse en mi cabeza, y mucho menos logro expresar con la precisión quirúrgica que una disección se merece. En este caso, la chica, formuló exactamente lo que pienso sobre el tema, invirtiendo geometricamente su sentido, el de ella, su condición, y su binomio especulativo, su metafísica del mal, mucho más reaccionaria que la del conservadurismo al que pretende excluir y marginar de la ecología mediática. Pues suponer que el mal existe al margen de alguna de las grandes arquitecturas del sentido, todas artificiosas y fácilmente manipulables, y sus pequeños y dóciles albañiles, peones contingentes, es un doble salto mortal metafísico que sólo un cura o un socialdemócrata (el típico progre de hoy), las veces a la limón, puede llegar a proferir en público, sin la inevitable rojez de mejillas y nariz, sintomáticas de la vergüenza, propia y ajena, práctica y teórica. Esas arquitecturas del sentido, religiones, ideologías, sistemas económicos, intereses particulares (el beneficio cenital que promete el liberalismo) y conciencias solipcistas; almacenan en sus flatulentos sótanos los motivos, fines y objetivos, adornados con los ropajes de la historia y el sentido, la excusa y expiación del "mal". Almacenan como rastros y huellas fósiles los orígenes de la violencia, la guerra y el terrorismo. Siendo menos beligerantes, hemos dicho que el sustituto político de ese gran ornitorrinco teológico del mal, es la violencia o la guerra. Pero precisamente a esos términos también reaccionan alérgicos los, las (la), socialdemócratas. Buscan enmascarar el "mal" de esos radicales sin casa ni origen que sus adulteras cabezas del wishful thinking han creado; como pretenden ocultar términos que escapan a su sofisticada y cínica economía del lenguaje condescendiente y perdona vidas, porque según su lógica binaria, eso conduce inevitable y fatalmente hacia la islamofobia, el racismo y la impunidad de los crímenes de guerra. Nada más lejos de la realidad. Dejar esas bolsas ideológicas, lingüísticas y religiosas intactas, sin explotar, e irreducibles entre sí: el conflicto entre religiones, el choque de civilizaciones. Ocultarlo o edulcorarlo a través de mentiras o sucios eufemismos, aumenta el conflicto, lo agudiza, creando nuevas contradicciones que las ideologías canónicas no contemplaban: la mezcolanza arbitraria y gratuita de contenidos, y las afinidades inesperadas e impensables entre movimientos religiosas reaccionarios y falsas izquierdas progresistas, posmodernidades de casino, que emergen como aliados discursivos de los propios terroristas.

El terrorismo en sí no posee ninguna entidad ni sustancia, ningún fin a realizar, es un conjunto de prácticas neutras y blancas dirigidas a la destrucción a través de la violencia, comprendida como medio para alcanzar un fin mayor, superior. El terrorismo, ajeno al "universo de sentido" autónomo, funciona según el imperativo y las reglas de una construcción y producción de sentido heterónomo, sea del orden y la naturaleza que sea. Afirmar entonces, que una religión, tan dogmática y brutal, y que sólo ligeramente y relativamente puede tomarse al margen de su literalidad, - " Matadlos donde los encontréis... Tal es la retribución de los incrédulos" (Corán, II, 191) o "Matad a los politeístas, doquiera que los halléis" (Corán, IX, 5); puede "integrarse" (palabro tristemente imperialista) en un orden o sistema de valores, o simplemente de estructuras políticas básicas, occidental (democracias liberales burguesas y burocráticas); no sólo es atentar contra el sentido común, sino que manifiesta una férrea voluntad de manipulación mediática y mentira empírica. Implica el nefasto relativismo sobre los hechos, y la manipulación de la prosa fáctica, que los posmodernos creen herencia de las democracias, pero que indefectiblemente, son producto y herencia del totalitarismo. Las citas anteriores no pueden ser precisamente fragmentos interpretables por ninguna hermenéutica moderna, sino, simple y llanamente, obviados ad hoc, ocultados y silenciados, en beneficio del que los practica o unos terceros que lo relativizan. Unas palabras de Albiac en el ABC del miércoles aclaran algo el asunto: << Y el islam no se parece a ningún otro monoteísmo. Judíos y cristianos se asientan sobre la exágesis de un texto inspirado. EL islam, no. El Corán, que existe eternamente junto a Alá, es por Alá dictado en una sola operación y un solo copista. No admite interpretación. Se repite y se replica. Literalmente. el córan no se lee; se recita. Sin que una sola tilde pueda ser alterada (...) Ante el Islam todos son culpables. >> "Ellas", esas progres, las rojas desteñidas... No entienden que ante esos axiomas coránicos, ninguna comunidad ética, cultural o política puede permanecer indiferente. Debe establecerse como sucede con las ideologías en un espacio político crítico y plural, un escrutinio estético y cognitivo de igual brutalidad y acidez con que la realidad golpea al resto de animalitos políticos, hambrientos y sedientos, que nos rodean. Esa impunidad de las religiones, en espacial el Islam, hace retroceder en múltiples siglos una decantación temporal sobria y sabia del pensamiento y la razón, y su producción de límites y fronteras intelectuales, morales y políticas. Se mata en nombre de un Dios, cruel, indiferente e inflexible, y de tal modo, las comunidades identificadas y definidas por ese principio rector y normativo, deben responder al terrorismo. Deben responder como teocracias o como miembros de sectas, pero inexorablemente deben responder con la palabra política. No sirve ocultarse bajo sujetos abstractos, vagos y retóricos de perdón, solidaridad, humanidad y fraternidad con las democracias. Las teocracias directa o indirectamente los amparan; aunque sólo sea por compartir una misma cosmovisión bajo los techos adornados del poder, y el poder económico, cosa distinta en ocasiones. Nada que oculte eso será lícito o legítimo ni ética ni estéticamente; o aún peor, nada que lo oculte, será verdad.  

 Ante ese acontecimiento atroz del terrorismo que requiere, antes que las habituales clasificaciones binarias y obsoletas de buenos y malos, civilizados y bárbaros, verdugos y víctimas, o peor: todos inocentes, y cualquiera de los binomios que a las incontinentes mentes pequeñoburguesas puedan cocinar, lo cierto es que lo esencial y primordial, siempre minoritario, es comprender. Entendido como esa carga y resistencia a lo acontecido (que como poso, permanecerá en la memoria) del que no pueden deducirse causas pues nada lo antecede de un modo tan determinante que aplastara su espontaneidad y singularidad; y menos comprensible sería, cuando aún los cuerpos siguen calientes, los gritos adheridos al eco, y los huecos de las bombas humeando negras nubes como chimeneas a pleno rendimiento. Algo, temporal y espacialmente, imposible. No se puede escribir de la vida, a veces la política aún no siendo lo mismo se adhiere a ella de forma insoportable y obsesiva, con escuadra y cartabón. Pero, sí, es necesaria cierta frialdad y superficialidad para que el emotivismo del "sentimiento de humanidad" que "ellas" profesan, quede desactivado e inservible. Hay gente que no encaja en la vida, que sus mentes, no así sus bolsillos, no encajan con este mundo anhelado de comprensión. Una vez más, aquellos que se supone deben combatir y erradicar las raíces teológicas de la política, son los que las extienden, alimentan, nutren y amparan, en su cínica temperatura uterina. Unas manías, costumbres, que desde todo punto de vista son contrarias a "su" propia noción de progreso. La manipulación de los muertos por esa suerte de doble moral que los, las,  progres se gastan en la contabilización partidista de las víctimas, ese pesar racial, religioso, e ideológico de las víctimas en una balanza partidista, es sin duda lo que los hace incompatibles con esa vida. Pues esta, no funciona según la lógica que ellas declaman: los muertos se comen a los vivos. Una tesis formalmente bella pero moralmente cínica, que está contenida en uno de los peores libros de Ortega ( España invertebrada, 1922), ese gran ensayista español. Sólo queda preguntarse, aunque en cierto modo, no del todo (nunca se tiene nada del todo ni se pierde nada absolutamente), ya he respondido:  ¿Aprovecharán los agentes políticos concretos que los representan a "ellos" y a "ellas" el caudal de sangre derramada en favor de su molino?

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Cortesías...

Arcadi les recordaba esto a "las suyas", - que no son "las mías", tampoco "las muchas", ni "las más", pero en fin, "son", y abultan - en su día señalado: 


<< ¿qué son acaso las flechas del amor y el corazón sangrante sino pruebas de esa violencia cenital?
Al margen de cualquier sarcasmo Menguzzato acierta a exponer un cierto pensamiento fracasado: del amor, como de la vida, solo existe su desdicha. ¿San Valentín? ¡Querrá usted decir la matanza de San Valentín! Es un serio problema que el gobierno de los países esté en manos de fracasados. De gente que acude a la política para extender colectivamente su desolación privada. >>
Y estas, resuelven rápidas, incontinentes ellas, con el ritmo del gallo, el pito, y su incontrolable, expansiva y perfumada sangre; todo su arte:












lunes, 21 de marzo de 2016

Un PE, sin la "S" ni la "O", pero con Pdr Snchz y los trampantojos de la memoria




El país está de mudanzas, simplemente. Como todo desbarajuste familiar, eso implica discusiones teológicas como las de Salamanca sobre la propiedad y la bienaventuranza de las cosas, el orden y distribución de las cajas acumuladas, la salvación y condena de lo viejo, la esperanza de lo nuevo, la resurrección de lo atávico, las ofensas y sensibilidades afectadas por el griterío administrativo, las pérdidas logísticas por el duro y nostálgico camino, y los nuevos habitáculos de conquista, nuevos espacios a domesticar y traducir a la temperatura hogareña de cada cual; idiosincrasias múltiples. Algunos apocalípticos, por el contrario, firmes defensores de la tozudez reaccionaria, perciben en el ambiente el caos, el desorden y la inestabilidad orgánicas. Sí, perciben sensiblemente lo metafísico, algo insólito en filosofía, pero de lo más común en la encebollada política española; la de antes y la de ahora. Parece, por lo dicho, que la "regeneración", el "cambio", en fin, la "nueva era", sea verdaderamente un sintagma marxista, o por lo menos izquierdista, así, suspendido en su balsámica ambigüedad, que pudiera acelerar la taquicardia a los conservadores. Pero no. Resulta que es más marketing amateur y publicidad rapidita la que opera en nuestras calcificadas tuberías mediáticas. Es más televisivo que político nuestro pequeño mundo. Veo en ese supuesto "cambio" lo de la "Nueva Era" de Ferlosio en sus deliciosos pecios reunidos en Campo de retamas:

<< (Albas de profetas) ¿Por qué les da tanto gusto decir "amanece una Nueva era"? Primero el verbo "amanecer": sabiendo lo que sabemos de tantas Nuevas Eras del ayer, no sé cómo una vez más tienen la desvergüenza y la osadía de teñirse el pelo con los dorados rizos de la aurora. Las Nuevas Eras son los salientes de roca de los despeñaderos por los que la Historia viene precipitándose aceleradamente hacia el abismo. Así que cuando oigáis Nueva Era echaos a temblar: la palabra sonriente de esa rubia teñida y de dientes postizos es el engaño que anuncia el renovarse la eterna desventura >>

Así que de "Nueva Era" nada. Una simple y vulgar mudanza; algo ajetreada y exótica por los exabruptos deportivos, pero mudanza al fin y al cabo. Algo que no consigue disolverse en la grumosa papilla primitiva socialdemócrata contenida en las paredes estrechas de la psicología sociata posfelipista, en la que viven instalados los vástagos, agradecidos o desagradecidos, de Pdr Snchz; el guapo, la marioneta, llamado candidato, que el viejo periódico vertical del sistema, El País, creó en difusa y viperina imagen. De todos modos, en ellos, por desgracia, perfectos matarifes, residen las dos claves de la legislatura, o mejor, dicho sea en liberal-conservador, de la gobernabilidad y el orden: la posibilidad de un gobierno pro status quo, pro teología del capital. Dando un rodeo, Arcadi, en sus Cartas a K., El elefante blanco llega al congreso, sostiene que sólo existe un elefante blanco en el congreso que no se ve, y este es, el nacionalismo, el soberanismo o ¡cómo quiera dios que se llame! Aquel sombrío y espinoso tema que nadie quiere tratar con nitidez analítica y compromiso existencialista, no vaya a ser que alguien se queme los dedos. Conociendo el carácter arcadino, sé que está y habla desde el final de la historia, una unidimensionalidad que no admite la disidencia y la resistencia política subversiva, algo tan sencillo como las posibilidades políticas, emancipadoras (dirían) o rupturistas, de la "izquierda", o lo que quede de ella, sea su semántica política o su educación sentimental. Y precisamente de esa omisión arcadina, se construye su propia trampa (falla como analista por sus prejuicios ideológicos) traducida en incomprensión. No hay un elefante blanco, sino dos; y uno de ellos con una pequeña cría a cuestas. Una situación zoológica o zoofílica en la que no sólo está involucrado el "PE" (antiguo PSOE) sino muchos otros partidos que aglutinaban lo que se llama "izquierda". El elefante arcadino advierte de la necesidad de conjugar una decisión inexorable que el "PE" tendrá que asumir de manera unívoca y clara, al margen de pactos y estrategias en forma de abrazos de oso con los nuevos niños liberales; y que hasta el momento evita y camufla con trampantojos ideológicos. Tendrá que decidir si gobernar o no con los nacionalistas, si reconoce el estúpido y pueril "derecho a decidir", sus xenófobos "hechos diferenciales", y sus mocosos y viscosos espíritus colectivos de inherente lógica escatológica. El segundo de ellos, el que no ve Arcadi, es la elección entre izquierda o derecha, dicho así sin sutilezas teóricas y con las banderillas más afiladas de la inmediatez política. El PE deberá asumir que el tablero ya no puede estirarse como un chicle, pues el binomio en forma de juego de suma cero está rígido y firme: o la derecha y sus niños lechosos, cuyos componentes conservadores o tecnócratas han quedado marginados por todos los grupos políticos, o la izquierda violeta, purpura, fosforita, pop, cool y soft, cuya imagen mediática se deforma por momentos gracias a los grandes grupos mediáticos que en su desintegración del "periodismo" (entiéndase la escritura, el lugar del autor, el buen periódico), imposibilitan cualquier análisis riguroso sobre la condición izquierdista de los podemitas y asociados; pegados como lapas. Regionalistas trepas y aprovechados que ahora se suman al carro de la fama y las ansias de poder para reivindicar sus ridículas y absurdas idiosincrasias valencianistas, galicistas, catalanistas, y cualquier "ismo" o "ista" que derive de las lúdicas y comerciales actividades de las guías del ocioso turismo nacional.  

Estos últimos, los podemitas violeta, mucho más maltratados por la prensa que los sospechosos niños liberales (¿quién diablos ha financiado a C'S para poder presentarse en todas las comunidades en las elecciones municipales, autonómicas y generales? Son perros a los que pronto les tirarán del collar con la fuerza que sólo posee el brazo y el músculo de las finanzas, el mítico ímpetu libidinal del mundo empresarial), introducen gracias a lo que representa la música de su discurso, pero no su letra, lo del tercer pequeño elefante que no se ve: introducen el discurso "crítico" y rupturista con la Transición; aunque de ello no se derive la aceptación ciega que ellos pretenden, de considerar la Transición como fuente de todos los males. Sin embargo, no la Transición, pero el relato, la leyenda y la mitología que de ella se desprende como una costra bien seca que oculta una vieja y honda herida en la memoria ética y estética, sí supone uno de los grandes problemas de este país acalorado: el árido desierto del olvido que ese proceso de desmemorialización y amnistía ideológica, supuso (véase El precio de la transición, y El cura y los mandarines de Gregorio Morán). Pdr Snchz y su PE, deberán asumir y aceptar los tres elefantes o quedarse, como parece por su tramposo y cínico pacto de legislatura con C'S, con los mitologemas de la "derecha", formando lo que llaman en los mentideros periodísticos un bloque constitucionalista: PP, C'S y PE. Siguiendo pues con la leyenda de la Transición y su desmemoria, su exquisita y caprichosa unidad de España  monárquica (que responde a aquello del viejo izquierdista: "a España le huelen los pies a franquismo") y la obediencia de vida a la teología del capital. Parece que esta última opción del bloque constitucionalista, no le brinda al PE la oportunidad de jugar su papel de cínico trampantojo, y prefiere pactar con C's y exigir responsabilidad de Estado a los podemitas o la "izquierda" en general, aposentándose cómodamente en el gobierno sin haber tenido que definirse sobre nada, sin haber tenido que apostar por aceptar o negar ninguno de los elefantes blancos invisibles para el congreso. En misa y replicando le llaman. Esa opción de momento es imposible, y el incierto futuro de repetir elecciones se acerca. En ese escenario futuro y repetido, podrían salvarse del dilema zoológico, si IU y Podmeos (y asociados) pactaran ir juntos a las elecciones y, con las previsiones de un resultado semejante al anterior en numero de votos, ocupar ese puesto tan privilegiado da partido bisagra para todos los pactos de gobierno. De ese modo el dilema estaría resuelto y los elefantes visibles y enjaulados; eso si, el PE se desplomaría y perdería todo su poder. No sólo perderían poder económico y político sino también mediático. C'S pasaría a ser la nueva apuesta de la prensa socialdemócrata, negando el pan y el agua a todos los demás. Aún con los problemas que un gobierno en coalición con los podemitas implicaría con Europa, se abriría por fin, no sólo en la teoría, sino en la cruda y desnuda práctica, un camino de comprensión con lo sucedido en el pasado olvidado y enterrado. La mera presencia de esa resistencia y hostilidad hacia el relato de la Transición en el poder, abre el camino a la comprensión del acontecimiento tal y como lo entendía Arendt; al margen de las imposiciones ficcionales que nacionalistas, regionalistas, o izquierdas pop quisieran re-introducir. Arendt lo escribía así en Los Orígenes del Totalitarismo:

<<  Comprender, sin embargo, no significa negar la atrocidad (lo acontecido), deducir de precedentes lo que no tiene o explicar fenómenos por analogías y generalidades tales que ya no sientan ni el impacto de la realidad ni el choque de la experiencia. Significa más bien, examinar y soportar conscientemente la carga que los acontecimientos han colocado sobre nosotros - ni negar su existencia ni someterse mansamente a su peso como si todo lo que realmente ha sucedido no pudiera haber sucedido de otra manera. La comprensión, en suma, es un enfrentamiento impremeditado, atento y resistente, con la realidad - cualquier que sea o pudiera haber sido ésta. >>

A mi juicio, y eso es poco, el camino de comprensión puede no aportar ningún rédito electoral para los partidos, y ningún beneficio material o económico para la nación; pero sin duda, y conste que la comprensión por si misma ya vale una vida, decantará en favor de una verdad reparadora de cuerpo moral, al modo que solo el buen vino y el paso del tiempo pueden hacer con los sabores infinitos, el recuerdo y el relato de un acontecimiento manipulado en beneficio del "poder" (en este caso el Estado y su forma monárquica, y el pastel partitocrático) y en contra de la memoria.