sábado, 15 de octubre de 2016

Juegos prohibidos


Resultado de imagen de aznar caricatura como militar

Los ojos oxidados de la prensa hace tiempo que dejaron de iluminar las mentiras, como la antorcha que prometía Kraus, aquel corrector universal de la cultura de papel capaz de enjuiciar estéticamente una época; la prensa prefirió crear las mentiras como mercancía, de manera sistemática y mecanizada, a las órdenes de matarifes capitalistas y muñidores estatales. Como una gran industria de la mentira que moviera para su fétida y ruinosa construcción espiritual los frágiles cimientos de unas sociedades que se enorgullecen de su civilización, del cadáver en descomposición, entre fluidos anaranjados y rosados, de su propio reflejo emancipatorio. Lo proclaman día tras día, guerra tras guerra, invasión tras invasión, hasta la extenuación, con la expiación moral, pura autocomplacencia, de hacerlo en nombre de no sé qué justicia universal. La limpieza frenética de ciertos tiranos orientales, de tierras con grandes posibilidades de explotación económica para tiburones empresariales y mercados sin escrúpulos (¡pleonasmo!), ha llegado a extremos insostenibles para mantener la decencia y la dignidad de un mundo político, precario y somnoliento, donde los hombres viven (vivían) entre otros hombres. Rebasando en mucho, casi satíricamente, el límite de lo que una comunidad política que se precie avanzada o abierta puede tolerar. Si los gobiernos, torciendo y quebrando los instrumentos estatales occidentales que ya no sabemos de quién son o a qué ente extraño obedecen, son capaces de doblegar, asesinar, masacrar, grandes masas de población en los países ocupados, con la total indiferencia de los ciudadanos occidentales, esos animalitos conformistas y asimilados a todo, nuestra responsabilidad, o conciencia moral, debería quemarnos hasta dejarnos el cuerpo en carne viva. La prensa recure a la civilización cuando no sabe exactamente como justificar sus hipócritas atrocidades, las suyas, y las de aquellos que las financian. Nos referimos a la sofisticación y ocultación de las redes de opresión económica y estética en nuestras sociedades, toda apariencia sensible ha perdido su brillo, las cosas no brillan al manifestarse, o a las deliberadas, pensadas e hipócritas, campañas militares de liberación política internacional que consisten en exterminar a la gran masa de la población civil y expoliar sus riquezas, ocultándolo todo bajo un ejército atomizado de eufemismos fraudulentamente democráticos y benevolentes.

Podría parecer que no hubiesen nombres propios para los fondos criminales de una época. Pero sí. Nos equivocamos si no lo mencionamos y el flujo, el torrente, de la historia borra su firma indeleble de injusticia. Un hombre con risa de hiena, cabeza partida de conejo, es actualidad. Le han hecho otra vez tiempo presente para juzgarlo públicamente. Bien está. La derecha lo amaba, su fuerza, su vigor; la izquierda lo detestaba, un alma de cucaracha y corazón de corcho. Aznar, ese muñón intelectual y moral, ordenó, en aquella época (1996-2004) lo controlaba todo, a un grupo de periodistas y militares (para Kraus, en los albores de un siglo de sangre y moho, eran casi lo mismo), en los que había una mezcla de héroes y ratas en un mismo cubículo de moscas, atacar a un enemigo construido en base a una ficción, con los años delirante y sádica. Estos fenómenos suceden cuando los hechos son de arena y las opiniones prêt-à-porter; cuando la opinión pública esta devastada, como ahora. Una Guerra que destruyó a muchos hombres que llevaban una vida precaria en una tiranía, pero al fin, una vida que otros, desconocidos, arrogantes y panzones, les arrebataron por el chato y sucio interés económico. La fundación del acto bélico se basó en la mentira que mueve el mundo. La excusa era la bomba que estigmatizó y traumatizó, coloreó de dolor y sufrimiento, las entrañas de un siglo entero; pero la realidad era otra: el oro negro, los ríos y los pozos de oro negro que alimentan la mala sangre, la sangre sucia. La mentira se anticipó, se destapó con toda su crudeza y pestilencia al poco tiempo, y nada les sucedió a los criminales de guerra que la pertrecharon para mayor gloria y fama, por pura egofagia y geofagia. Bush, un idiota cuyo acto más relevante fue dejar de beber (gracias a su discreta y buena esposa) para desgracia de la humanidad y dudoso beneficio familiar. Blair, un mequetrefe buscador de fortunas, perro viejo de la cínica alta sociedad británica (se convirtió al catolicismo al terminar su período criminal). Y Aznar, señorito mesetario, el más digno heredero de la babosa tradición familiar de servilismo al poder que representaba su abuelo Manuel Aznar Zubigaray ( breve director de La Vanguardia, y antes, del diario El Sol, donde escribía, en palabras de Ortega,"la masa encefálica de la nación": Unamuno, Ayala, Madariaga, Maeztu, el propio Ortega y Gasset, y su extraño amigo Pla. Léanse sus Darrers escrits, ahí viene todo el concentrado de una época, además de ser una delicia salada). Desataron unos tiempos geopolíticos de guerra arbitraria y casi imperialista que nos llevan hasta el cementerio, el estercolero, mundial de nuestros días. El trío de matarifes circenses, de toreros degradados de la plaza política (ahora  en manos, o en zarpas, de una máquina de sufrir como es el Capitalismo), son los responsables, de modo general y falto de matices importantes, de la situación bélica en Oriente y sus desastrosas relaciones exteriores. Digo esto, sin atenuar el grado de responsabilidad de los regímenes teocráticos y dictatoriales imperantes en esas tierras, que devastan cualquier posibilidad de pensar o actuar genuinamente, cuando no, destruyen física y corporalmente, hasta la extinción sin rastro en la memoria, las vidas de los hombres. Pero en nuestro caso, para nosotros, el que debe responder ante nosotros, no lo hizo, se fue de rositas, afamado, glorificado, y ese fue Aznar, el mayor ejemplar de estas chinches del todo social.

Podemos lo ha denunciado política y judicialmente, esperando que sea tratado como lo que es: un criminal de guerra. Se espera su respuesta; su silencio, su nada, ¿en los medios, en el parlamento? Nuestro erial político adolescente e infantil, dudo que este preparado para afrontar un debate de este peso y densidad. Sus voceros ya claman a los cielos inmisericordes, ya balbucean, antes de vomitar basura, nerviosos ante la incapacidad de defender la desvergüenza de un el carácter autoritario y la condición criminal de un ex presidente. Tiemblan pensando a quién le va tocar sacrificarse. La prensa, como siempre, ataca al que señala con precisión y atino al criminal, mientras este se ríe de todos y de todo. No prosperará este justo juicio del pasado, primera tarea política: relacionarnos con el pasado y recibir, para comprender, una herencia sin testamento. Sin embargo, muchos soñaremos con que un banco de acusados de un juzgado, sea aquí o en la Haya, espere fresco y vacío, crujiente, la llegada del convicto. Hay monstruos entre nosotros, monstruos que te sonríen en el ascensor, que te miran al cruzar la calle, que te hablan a través de la pantalla pidiendo el voto, pensando en la guerra mientras acarician los rosados y redondos mofletes de un niño rubio adorable. Hay monstruos que viven eternamente, impunes, sin nadie que les juzgue, sin nadie que les pida explicaciones, quizá estemos solos, solos a su merced...


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