jueves, 26 de marzo de 2015

Dinero y trabajo ¿redención y pecado?



Lo peor de los pueblos parece haberse extendido como modelo hasta las ciudades (mal llamadas cosmopolitas), y no lo digo sólo por los provincianos y primitivos nacionalistas (pleonasmo), que a duras penas dejan espacios de silencio, para que el silencio hable y deje de retransmitir el vacío de sus cabezas y su ideología; perdón, religión. Me refiero más bien a las figuras más arcanas y atávicas de su estructura social: el sacerdote, el guardia, el alcalde, el payés y la puta. Todos sumidos en la más que generalizada concepción de la moralización del dinero que cubre bajo su polvoriento manto, no solo la superficie, sino el propio esqueleto de lo urdido en el entramado social.  Rara es la vez que no encontremos en cualquiera de sus formas, la figura del "alcalde" reivindicando el mérito familiar, el orgullo de lo endémico y la apología de lo cerrado y enquistado de la descendencia, en un juego de prestidigitación, en que se pretende asimilar su voluntad individual (la de la siempre empalagosa y cursi familia con poder) con la voluntad de una suerte de fuerza objetiva de lo que sea: la historia, la tradición, la realidad material, el espíritu o cualquier otro "hermano mayor" que  legitime lo ilegítimo o moralice lo amoral; a todas luces contrario al sentido común. Una empresa ruda y fatigosa que solo se mantiene por la búsqueda del prestigio; un prestigio que no lo da la dedicación a la política en el sentido republicano, res publica, como lo entendían nuestros siempre homónimos griegos de la antigüedad, que siempre se sacan a pasear en procesión como a los santos. Ni siquiera lo da el frágil y tóxico poder del que hablaba Weil; sino el siempre inocente y neutro dinero, que sólo que ensucia cuando se moraliza con él. Cuando se pretende ver virtuoso al que trabaja por un salario, ruidoso, contante y chillón, en posesión de un trabajo en-sí-mismo "bueno", es decir, aquellos trabajos entendidos como "para" o "de" burgueses (sin que esto implique una distinción entre un "ellos" y un "nosotros"; dejo la psicologización política para el inombrable Nietzsche), aquellos trabajos que todo "padre responsable" desea para su (debe ser) "hijo de bien"; y se ve de manera compasiva (condescendiente) y vergonzante al que se dedica más a otros trabajos (sen activos o reflexivos) que no dan nada de dinero, pero que contribuyen a la formación y no a la especialización; entonces digo, es cuando se moraliza el dinero y "con" el dinero.

Pues es indiferente lo que el sujeto haga en un sentido profundo del término, es decir, a lo que consagre su acción integral; mientras aparezca y parezca "honorable" en su trabajo asalariado y  ante los demás, y obtenga grandes beneficios por su actividad, sea cual sea, mientras sea asociable a un conjunto de valores conservadores y burgueses que la gente, el resto del "pueblo", entienda y pueda ensoñar durante largas y enfermizas masturbaciones con ellos. Cuántas veces no nos hemos encontrado (ahora hablo a través de un "nosotros", pues espero que nadie indigno me lea) al portero (siempre viendo porno y por el "plus"), a una vecina viuda y su caniche (lesbiana), a nuestra pescadera (triunfando entre tripas de merluza), a nuestro mecánico (engrasando con la "Cope" de fondo y dispuesto a morir por su "Espe") etc. Y nos han  atracado con sermones apocalípticos, sobre lo que deberíamos hacer con nuestra vida, nuestro tiempo y nuestro trabajo (sea remunerado o no), y sobre todo nos han animado de manera impositiva y con un "debes..."  ponerte a trabajar y ganar dinero... ¿Sea en las condiciones que sea? ¿como prioridad ante cualquier cosa? ¿ganemos lo que ganemos y simplemente por convención o reconocimiento social?... Ciertamente, los vagos son una plaga y un peligro personal y social si se quiere, pero no los vagos identificados por no tener trabajo, sino por aquellos que no han hecho el esfuerzo de pensar jamás, aquellos que no han tenido la valentía de detener el tiempo financiero de nuestros días y subvertirlo mediante la experiencia heterodoxa de la lectura, de la escritura crítica o el diálogo político con los demás. Quizás aquel chico joven de traje y corbata, que es abogado o economista, sea un "eichmann", un analfabeto integral, un perezoso completo para pensar; sea un sirvo fiel y acomodado, un cabrero dócil y obediente, que cumple, parafraseando a Franco, a rajatabla la esencia moral de esta, nuestra, comunidad: "haz como yo y no te metas en política" y que podía extenderse a "haz como yo, y no dejes de trabajar" que es la consigna que los sacerdotes y los guardianes sacuden por todos los rincones y pretenden integrar en las conciencias juveniles. Y todo ello siendo un fiel cumplidor de la exigencia del dinero y el trabajo asalariado; pero nada docto en el trabajo de formación. 

Esa idea de que ganar dinero es algo "bueno", no "útil" o "práctico", sino "bueno", y que además es  un "deber" ganarlo con tu trabajo (con "el sudor de tu frente"); constituye una de las más insidiosas mitologías neo-liberales y conservadoras; una trampa en la caemos como moscas, pues, es la infiltración de una moral parasitaria en la sociedad que legitima y justifica los pretextos ideológicos (correlatos de los prejuicios atávicos de los pueblos) que persiguen el trabajar en condiciones inestables, precarias, inciertas, efímeras, incluso indignas; para aquellos cuyas circunstancias materiales les obliguen a "ponerse a trabajar", a "ganarse la vida"; y un sin fin de mitos y eslóganes ideológicos insufribles. Es la excusa perfecta para acabar con la filosofía, la historia, la música, el cine, y la política, y situarlo en el cajón de los vicios o de los entretenimientos nocturnos, del tiempo libre, pero no de la profesión o trabajo como formación: auto-reflexión del espíritu que permite introducir la razón, la función crítica y la emancipación en el mundo, según Adorno. Pero sin necesidad de caer en barroquismos y romanticismos varios, es por decencia y dignidad, sostener y compartir, que el trabajo (asalariado o no) debería ser aquel mecanismo que ofrezca, en parte y entre otras cosas, razones para vivir la vida, razones para una vida digna de ser vivida, para realizar una verdadera vida humana; y no una mera reducción mínima antropológica a "mera vida" o "nuda vida" (Agamben); una lógica vital de la animalidad y de cuerpos sin nombre, sin voz, sin rostro y sin conciencia, destinados a servir como esclavos. 

Moralizar el dinero y el trabajo conducen a criminalizar lo que vale la pena conservar por-si-mismo, además de ser un síntoma de algo mucho más perjudicial: la especialización como cosificación de las conciencias, resultado del proceso denunciado ya desde la Teoría crítica, como tecnificación y racionalización (reificación) del "espíritu" ( y de las ciencias del espíritu). No quiero repetir ni recordar las tesis más que exageradas, pero no por ello faltas de razón, de Adorno en algunos de sus textos ("¿para qué aún la filosofia?" y "la filosofía y los maestros"), y repetir aquello de Quevedo, "todo necio confunde valor con precio". Pero sí que es necesario atender a su reivindicación; que consiste en no dejarse, en resistir y subvertir (Marcuse; aunque no lo vieran posible con muchas esperanzas) las imposiciones que pretendan por distintos mecanismos y diversos motivos (y propósitos), concebir el trabajo y el dinero como una redención del mal, y la falta de ellos, como un pecado mortal y moral; y por lo tanto, pretendan moralizar una dimensión meramente material (en todo caso económica). Dejando entrever un síntoma de algo mucho más general y más peligroso; a saber, que aquello que lo produce: el capitalismo o el neoliberalismo, que son vistos como progreso indefinido, desarrollo técnico del bienestar y la abundancia, seguridad, estabilidad y orden político-social, son los mismos mecanismos regresivos y conservadores (reaccionarios) que recuperan los viejos sacerdotes, los viejos alcaldes, los viejos guardias venidos a matarifes (...) como nuevos garantes de la moral y el ethos público.  Tampoco es de recibo invertir los términos y odiar al rico por ser rico y criminalizar el dinero; eso sería ilegítimo y una falta ética si no viviéramos en un sistema capitalista que juega con el exceso, el derroche y la corrupción como modelo de crecimiento y despliegue, y de cuya lógica nos vemos impregnados, condicionados e incluso hasta incriminados. De tal modo, y hasta el punto, que convertir los psicologismos, tales como, resentimiento, odio, venganza, envidia..., se convierta en un discurso político objetivo; y sean sus exabruptos escatológicos, una consecuencia prevista por el "sistema"  y contemplada como material para reforzar aún más su unidad y cohesión frete a ataques furibundos y violentos. Vistos por la santa opinión pública provincial, quizás prostituida, como movimientos y discursos trasnochados o utópicos, cuando lo que se reivindica es el trabajo digno, no redentor, y el dinero neutral e inocente, y no como una cuestión moralizante.






















martes, 17 de marzo de 2015

¡Queridísimos intelectuales!



Se han dado infinidad de bochornosas definiciones sobre el intelectual, desde Sartre a Berlin, Adorno, Marcuse y Rand, pasando por Gramsci hasta Arendt; las definiciones han sido pintadas con exaltación y con el toque personal de cada protagonista. Algunos se desvinculaban de su inclusión categorial por el peso y carga histórico-conceptual del término que los encasillaba en un estilo, una forma y contenidos de un trabajo que consideraban insoportable, por "los demás"( el infierno siempre son los otros). Otros por su vinculación ideológica concreta y material con una "causa" o "partido" (véanse los mandarines o el intelectual orgánico); otros por una antipatía personal a miembros del gremio nacional, o una alergia irrefrenable a las clasificaciones sociales de cierto elitismo e idiosincrasia narcisista. Sea como fuere, cada cual ha pretendido singularizarse, distinguirse o integrarse finalmente en lo alto de dicha jerarquía. Por mucho que durase la pataleta o cacarease la gallina, se afirmaban intelectuales siempre con un orgullo sotto voce y una conciencia disimulada de auto-satisfacción personal, mientras mostraban la más desgraciada y desamparada de sus caras.

A fin de cuentas, intelectual es aquel que cobra por serlo, aquel que cobre por aparecer y presentarse públicamente como tal. Si queremos matizar; yo aceptaría sin complejos ni dejes existencialistas, la definición del bueno de Sartre: intelectual como aquel individuo que posee una contradicción interna entre aquello que "hace" y lo que "es". Es decir entre su rol social y su verdadera identidad, privada, solitaria, de poso cartesiano; un mínimo (de identidad) irreductible a cualquier máscara social-mente determinada y casi residual, pero existente por sí misma. Esto podría traducirse, como el sujeto que posee una trabajo teórico-contemplativo (cercano al filosófico o filosófico mismo) con el que su "ser" se identifica y asimila (con el que le es posible realizar su máxima expresión); y una voluntad social o compromiso político, una forma de acción en la comunidad. Constitutiva de nuestro "ser social", solo posible en diálogo con los demás; con terceros.  Por lo tanto, un intelectual como un teórico que se dedica a sus cosas y además participa, incide y actúa en política, en la vida pública a través de la crítica y la expresión. Hoy por hoy, podemos decir que el gremio de los intelectuales se ha industrializado ( no digo nada nuevo, de su obviedad me sonrojo), mediatizado así por mecanismos y aparatos económicos o instituciones administradas. Que los ha convertido o bien en empresarios (mercenarios) de la cultura, o bien en burócratas y funcionarios verticales, sin por ello perder el pluralismo y autonomía que caracteriza nuestras sociedades occidentales; eso sí, un pluralismo y una autonomía unidimensional como diría Marcuse, pero ese es otro jardín...

Los "intelectuales" que particularmente considero más interesantes son precisamente aquellos que no han sido secuestrado por las industrias culturales ni las pétreas e impermeables academias (con diversas excepciones concretas), sean estas las oficiosas y ostentosas "reales academias de..." , universidades, centros de alto rendimiento (véanse aznares y pedro jotas...), sindicatos o fundaciones de pensamiento, e incluso gobiernos caritativos ( ¡véase el gobierno venezolano, casi nos saca de pobres! ). Despreciando, solo hasta que me paguen (no creo que se de el caso), todas esas estructuras e instituciones, encuentro en otros "escritores" o "autores", el cumplimiento también de las funciones del intelectual, aquellos que no han habitado (en general, no soy sectario o dogmático) o parasitario sistemáticamente y durante toda su vida, en la condición de intelectuales. Arendt, Benjamin como teóricos clásicos (por no remontarme a Platón o Aristótels en adelante), Ferlosio, Hitchens y Espada como ensayistas, Leopoldo María Panero, F.ferrer Lerín como poetas, Houellebecq, Hemingway, J.V.Mirmont como novelistas (...) Me parecen mucho más interesantes y reales como pensadores, o al menos un mayor testimonio moral, que a estas alturas no consigo menospreciar o disociar de la obra en sí; que otros autores encorsetados y previsibles en el mejor de los casos, o comprados y falseados en el peor de ellos. La invectiva anti-intelectual de salón, no proviene de nada más que de la experiencia reciente de un acontecimiento atroz. En una de las infames clases contadas para niños en la UB, sobre los "posmos" franceses, me sumí en un momento de lúcida y plena consciencia sinóptica, en la que me di cuenta de donde estaba, de quién hablaba y de qué diablos hacia yo allí (no es una crisis existencial, simplemente una caída del caballo). Ciertamente el problema no es tanto lo que se decía, como el hecho de que "yo" estaba allí para escucharlo. La mañana de autos discurrió así: casi al finalizar la plástica clase de variedades, diversos "compañeros" (no considero compañeros a los reales, menos a los que tengo en una clase que voy como oyente)  se enzarzaron en una disputa nada interesante, sobre teorías nada comprensibles, con herramientas inexistente: textos y libros; pues no los habíamos leído y además tampoco podíamos, pues simplemente nos basábamos en "dos hojas" mal repartidas y mal fotocopiadas en una clase demasiado a "la catalana". Faltaba tanto la responsabilidad y la vergüenza moral de reconocer que no se entendía ni "pa-pa", y el reconocimiento de la carencia de la distancia y  poso suficiente para analizar críticamente presupuestos teóricos complejos y precisos, que en su ánimo parecen sobrevolar como una nebulosa divina las cabezas de los tristes mortales. 

No recuerdo, o no quiero recordar, todo lo que se dijo, todo lo que se balbuceó o blasfemo sobre el asunto, sólo quiero resaltar que el espíritu en el que se embutían aquellos jovenzuelos, provenía de las sobriedad y solidez de las paredes de la académica y de la atenta mirada maternal de una profesora atónita ante el gallinero que había construido. Pues sus formas y actitud era exacta a la de los ¡queridísimos intelectuales!. Nada de lo que se dijo correspondía a la decencia de los conceptos en minúscula y pacíficos, sino más bien aquellos que Weil decía que se escribían con mayúsculas y causaban ríos de sangre. Dichos conceptos en mayúscula constituyen en el discurso, según Weil, elementos absolutos, es decir, elementos incondicionados por la necesidad de la realidad (material se supone), abstractos y vacíos, y por lo tanto totalitarios. Pues constituyen los "ismos" por los cueles se pierde el valor a la vida y se asesina, yo diría que se pierde el valor a la realidad material o la verdadera realidad. Weil aducía el uso de conceptos en mayúsculas, de los "ismos", a una falta de instrucción o educación emancipadora. Dicha instrucción pretende suprimir el vocabulario superficial, las entidades absolutas, las explotaciones locucionales, y los retorcimientos lingüísticos. Devolviendo categorías como "limite", "medida", "condicionado", "relación" (...) al orden del discurso intelectual. Locuciones como "en la medida que...", "a condición de que...", "en relación a...", "limitado por...", deben estar presentes en la articulación de nuestro lenguaje intelectual, para no caer en "ismos" caníbales, irreales y absolutos (absolutistas políticamente). Paradójicamente, en ciertos cursos universitarios, sucede lo contrario; es en la "educación intelectual" en  la que se instruye para los "ismos" en mayúsculas. 

 La trampa de zorro, en este caso, la trampa lingüística que construían los estudiantes-intelectuales, pronto alcanzaría los cielos de la meta-lingüística infinita, en que lo importante eran las expresiones deportivas, el uso de la palabra decorativa, el juego del diálogo como recreo de la imaginación, lo jocoso y la gratuidad de la réplica, y por supuesto el "matiz" narcisista de las propias posturas subjetivas (necesitaron un sin fin de sutilezas de "todo a cien" para reafirmar sus intervenciones). Igual que sucede con los intelectuales del escenario público. Para la gimnasia lingüística yo recomiendo los bares de copas, los billares con amigos, las comidas copiosas en la terraza bajo el sol invernal y las reuniones trasnochadas con gente de mala vida, pero no la universidad y el espacio público. Aunque uno debe reconocer que a parte de ciertos compañeros del gremio (como M., L., G., P., etc.), las discusiones más interesantes y fructíferas han sido precisamente en esos lugares soterrados con mi amiga C. (trabajadora incansable y persona de provecho); que no pertenece al gremio, pero cuyos conocimientos, inteligencia y estilo estético sobrepasan con creces a los "obreros culturales" de la universidad.

No pretendo representar las flemas de un "hombre terrible" o un provocador, pero reconocer, que la tarea meramente contemplativa, académica, o estrictamente comercial y económica hace olvidar la verdadera realidad, la solidez y consistencia de la terca realidad, no es un ejercicio de polémica, sino de sensatez. Aquellos efebos, aceptaban sin revolverse sentencias tales, tan bruscas y torcidas, como: "no hay hechos, solo interpretaciones", "la verdad no existe como idea platónica sino como representación o juego de representaciones", "el instinto es anterior al concepto", "la filosofía no es epistemología sino estética (como contraposición y no diferencias complementarias)", "las palabras son metáforas (en el sentido más trivial y peyorativo del término)" y un largo sin fin de exabruptos filosóficos, toscos y confusos así dichos; que habrían producido una alergia incurable a mi amiga C. Aceptaciones que no sobrevivirían o pasarían el examen crítico de la luz pública (sentido común), y sin embargo habitan y se reproducen en las facultades de filosofía, generando estudiantes auto-complacidos e intelectuales verticales dispuestos para industrias y academias, sin compromiso y sin voluntad moral (o ética, según se mire), sin ser por lo tanto, ni siquiera el intelectual descrito por Sartre. 










jueves, 5 de marzo de 2015

¡Aló Pablemos! y el pujolismo



La sobre-presencia en los medios de comunicación, no solo de los representantes corporales (cada vez más automatizados) de Pablemos, sino de sus fantasmas; exceden los límites de la higiene intelectual y la pulcritud política. Lejos de representar "el pensamiento radical" o "pensamiento crítico" que tan a gala llevan algunos de los más arrogantes y acomplejados miembros directivos de la "nueva corporación" (también empresarial), como el irritante e insoportable Luís Alegre (ganó un "premio literario" en Venezuela de 150.000 euros, por su tesis doctoral) o el amanerado y snob de Monedero; sus flemas sofísticas, sólo sirven para lubricar los viejos engranajes de la mentira, no maquiavélica, sino moral e intelectual.  Además de activar y encender el aparato de propaganda, que al mismo tiempo que vende "gritos" y "mayorías" del socorrido e infecto  "pueblo" para fines políticos populistas, consigue producir jugosos y suculentos beneficios; fecundos ingresos impropios de "profesores" parlanchines de universidad. Ciertamente, de momento no puede demostrarse la financiación extranjera del partido, pero es innegable la multitud de nexos y vínculos que les une con el gobierno de Venezuela. No ya ideológicamente, por su política lingüística (populista y demagógica) o sus guiños narcisistas, sino por su transferencia material. Por la proximidad de las fundaciones que recibían dinero de Venezuela, configuradas por aquellos mismos miembros que ahora decoran como copas impolutas el elenco de  Pablemos. Con esto, no pretendo hipertrofiar su figura, y construirlos como bolivarianos enloquecidos al estilo tutsi; pero sí destacar sus gestiones prácticas y teóricas de "asesoría internacional", cobrando honorarios dignos de premio Nobel, pero con resultados que han conducido a Venezuela al puesto numero 15 de naciones con mayor índice de pobreza. Así aparece en un reciente estudio de Bloomberg. Entre otros consejos, también debían estar: la bufonada del "cesarismo", la pétrea represión policial hacia estudiantes y civiles (pobres; no sólo de la supuesta conspiradora-golpista derecha) la detención política e ilegal del líder de la oposición venezolana, Leopoldo López y la del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma (acusado por el propio Maduro, no por ningún tribunal de justicia, de formar parte de una conspiración de la ultra derecha golpista, en un eje: Madrid-Miami-Caracas; en un llamamiento demoníaco a los ínferos: "derechas del mundo, uníos" ) entre otros consejos peregrinos...

Más allá de si se les pagó más de 14 millones de dólares a dichas fundaciones, que servirían de tapadera para una supuesta financiación ilegal; de los 427.000 euros (aprox.) particularmente "donados" a Monedero por Venezuela, para implantar no sé qué modelo bolivariano en España, y pagar así  las campañas, los mitin y demás performance que realizan (son carísimas, UPyD nunca pudo hacerlas a tan gran escala). Lo más interesante, y sobre todo, lo único que podemos criticar con objetividad, es la miseria intelectual y la (in)decencia pujolista con la que se visten. Para demostrar lo primero, me gustaría que el lector degustará sin indigestarse, la siguiente "poesía" que Monedero le dedica a Chávez:

"He amanecido con un Orinoco triste paseándose por mis ojos.
Querer a Chávez nos hace tan humanos, tan fuertes. Chávez en la señora que limpia, Chávez en el señor que vende periódicos a la entrada del metro, Chávez de la empleada de la tienda, Chávez del vendedor de helados, Chávez de la abuela que ahora ve y de la que ahora tiene vivienda, Chávez de la esquina caliente de Caracas y de la lonja de pescadores de Choroní, Chávez de la poesía rescatada, de los negros rescatados, de los indios rescatados, Chávez de lo que hoy es posible en América y que hace veinte años era imposible.
He amanecido con un Orinoco triste paseándose por mis ojos y no se me quita. Fuerza Hugo. Aguanta. Aguanta para ayudarnos a quitarnos este miedo de la soledad de cien años. Aguanta Presidente. Aguanta. "
Queda demostrado que alguien que se las da de intelectual, y es capaz de escribir esa basura de la literatura política, ese vómito ideológico, no representa más que al intelectual orgánico del partido único, al vocero de las "facciones de partido" (Gramsci). Incapaz de dar lecciones éticas o estéticas, ni servir de ejemplo renovador o reformista en nuestras sociedades occidentales. Que si bien, sufren la explotación capitalista, y por lo tanto necesitan "artes de no ser gobernados" e ideologías de resistencia con un proyecto marxista (emancipación material); bien es cierto, que no pueden abandonar un orden de principios e ideas liberales e ilustradas. Pues son necesarias para poder combatir problemas estrictamente políticos (desvinculados de la dominación económica del capitalismo), como: el nacionalismo mesiánico, el conservadurismo católico, la culturización de la política, el progresismo posmoderno (victimismo e infantilismo), el terrorismo o guerra islámica, los nuevos fascismo tecnocráticos, y la política de la comedia (autoritarismo berlusconiano o de Groucho Marx). Dejando de lado la lírica séptica de Monedero (y de Pablemos), no podemos dejar de dedicar en el "Aló Pablemos" (Aló Presidente), un pequeño comentario sobre su "dignidad moral" que debería alertarnos y advertirnos de sus sombras. Me refiero al pujolismo rampante que se gastan los chicos de Pablo. Esa actitud "centrista" como tapadera que oculta una verdadera ideología fuerte de carácter autoritario (cesarismo), ese alarde, con una seriedad forzosamente impostada de ser hombres de "consenso" (como si en democracia se pudiera ser otra cosa; necesariamente todo político es de consenso una vez se establece en la estructura parlamentaria), esa vinculación de una política de contenido moral (legisladores de la virtud que sustituyen la moral por la dignidad pujolista). Ese fundamento mesiánico (trascendente) oculto; ese platonismo lingüístico, transmitido por un lenguaje adámico y originario (verdadero; los demás lenguajes políticos son copias), y ese propósito "tercerista" (siempre hay una tercera opción) (...) son los elementos que les constituyen como pujolistas. Una doctrina que se ha visto regresiva, corrupta, hipócrita y lo que es peor: mítica; susceptible de idolatrías y mitologías que se creen en posesión de una "única verdad". Que al no poderse imponer por la fuerza, jugará con los mecanismos perversos del lenguaje rastrero y servil del populismo tropical. 

La utilización propia de los limpia botas lingüísticos, de un lenguaje servil, sucio, sacrificado, honroso de la humildad intelectual, orgulloso de la miseria de la moralina (...) es el instrumento y la herramienta que les sirve para manufacturar sus artefactos y proyectiles políticos, conceptos tan cínicos a estas alturas como: "pueblo", "nueva política", "círculos ciudadanos", "gente por el cambio", "alarma social", "mayoría social", "los de abajo" etc.  Que atrapan el corazón de todo el mundo en un puño, pero que no sirven ni funcionalmente ni operacionalmente en teoría política. Sólo como técnica para adquirir el "poder" del estado o de un gobierno occidental a cualquier precio. La intención en sí misma de querer gobernar desde una postura de "izquierdas", me parece la mejor opción, pero si eso incluye tener que acoger el pujolismo y el populismo chavista, sería un precio demasiado elevado que no sé si estaríamos dispuestos a pagar, o si lo podríamos pagar aunque quisiéramos. A mi juicio, según una perspectiva físico-política, Pablemos sigue representando la mejor forma de resistencia, de alteración y subversión (no cualitativa, pero sí de la relación de fuerzas cuantitativa) del orden establecido. Aunque sea necesario e ineludible pulir su lenguaje como exigencia ética, ser escépticos y distantes ante su política comunicativa, mantenerse alerta y no idolatrar o aceptar el !Aló Pablo¡ bajo cualquier precio. Para todo ello, es necesario pretender establecer siempre, un cálculo de fuerzas que permita que los "cesarismos" o pujolismos no se sucedan efectivamente en el gobierno. Reivindicando a otros jóvenes o nuevos (quizás no tan nuevos) partidos políticos, que entran y juegan con fuerza e influencia en el escenario o teatro político; véase C'S y UPyD. Así pues, la miseria moral y la ignorancia intelectual de Pablemos no me parecen un espíritu renovador de ninguna "vieja política".












martes, 3 de marzo de 2015

De la lírica política al supermercado del populismo




La política, como todo en la sociedad pos-moderna, se ha vuelto una cuestión de elección, de inteligencia y decisión instrumental en el supermercado de lo público; unos grandes almacenes en cuyas tiendas podemos encontrar mecanismos, métodos y dispositivos de "socialización a la carta", en una casi ilimitada gama de posibilidades de "individualización". Según Lipovetsky (en "La era del vacío"), y en esto estoy plenamente de acuerdo (por muy marxista que uno se pretenda), las reivindicaciones, apologías y exaltaciones de las singularidades y particularidades ideológicas, o especificidades y diferencias culturales, que hacían de la política algo duro y fuerte, hostil y agresivo, son hoy en grado sumo, no ya los motivos de conflicto, tensión o síntesis (superación) discursiva; sino la mayor forma de identificación y asimilación política; convirtiendo la ideología y las ideas en algo flexible, blando, plano y frágil. Tan alternativo y variable como la compra de productos domésticos o caseros. La mejor forma de establecer sistemas, individuos, colectivos, ideologías y partidos, homologables y hegemónicos - convirtiendo así, los guetos irreductibles e irrepetibles de las nuevas culturas, a la vez, cool (indiferente) y  "radicales" (pero no subversivas) de lo político, en copias ideológicas - son los nuevos "programas de personalización" de las sociedades pos-modernas. Es decir, la información (democratización de la palabra), la expresión (deportiva, ociosa, erótica, culinaria, tecnológica o humorística) y la realización personal (narcisismo), como modos o medios de establecer el nuevo espacio de lo político. Estas sociedades del "individualismo-narcisista", son sociedades flexibles, abiertas, plásticas, y al mismo tiempo cerradas herméticamente a las clásicas concepciones, teorías o ideas de la tradición histórico-política de Occidente; pues constituyen alternativas subversivas, alteraciones cualitativas y categóricas de lo establecido. La vieja "Revolución" o el siempre recurrente "Progreso", como horizontes de proyección utópicos en el que se perfilan proyectos políticos emancipatorios: el hombre nuevo, el super-hombre, la teleología de la historia, el desarrollo del espíritu (...) son jarrones de porcelana que decoran las entradas burguesas de las casas más horteras y desfasadas.  Aquello de la "lucha de ideas" liberal, o la "lucha de clases" marxista, es hoy a ojos del sentido llano común, pura nostalgia y melancolía política, una antigualla histórica inservible, que conduce a una sonrojan-te disonancia estética (e incluso ética, según algunos), a todo aquel que osa interpelar a un tercero con dichos recursos retóricos "del pasado".

El "narcisismo" de nuestras sociedades, no significa "despolitización", sino un cambio de paradigma político. Pues si, como decían algunos, el fascismo es la intoxicación y contaminación política en lo privado (Arendt por el contrario, pensaba que el fascismo era la persecución y supresión de la política y la vida privada), es decir, la "politización de la vida" ("politización de la cultura"); la nueva era se caracteriza por la "privatización de la política" ("culturización de la política") como dice Lipovetsky. Algo así como una transferencia emocional y deportiva, propia de la vida privada, hacia lo político. Cuyo devenir ya no es como el de una tragedia griega, el núcleo del cual, son siempre los caminos de reconocimiento, sino el de una comedia. La política  pierde su contenido tradicional y se reescribe en clave de: sentido del humor, seducción-populista, hedonismo-emocional, erotismo-narcisista, agrupación-psicológica etc. Sustituyendo la dominación, la violencia, la opresión y la explotación del poder vertical, por la "seducción", entendida como juego de las apariencias.  Es decir, la seducción reemplaza a la vieja dialéctica que venía dominando el todo social o el espacio político desde Hegel. Abandonando el activismo colectivo y las movilizaciones de "clase" o partido (en Gramsci son lo mismo) por una indiferencia operacional y una "apatía" de las masas (individualismo hedonista-responsable). Todo ello debe matizarse y concretarse, pues estando de acuerdo en las líneas maestras del planteamiento de Lipovetsky: nos encontramos en la "era del vacío", en la que ya no hay Tragedia ni Apocalipsis; es necesario advertir que esa posmodernidad que hace de la política y la ideología algo blando, frágil y débil, personal e individual, es una posmodernidad que no llega de una vez por todas tras su proclamación o declaración. Podemos entender que sucede igual que en el proyecto ilustrado, lejos de estar terminado y caducado, aún permanece en construcción de manera asimétrica, irregular y discontinua, como muy bien dicen algunos. Respondiendo al esquema de despliegue de la symploké. Pues al no darse de una vez y de manera uniforme, responde a las discontinuidades materiales del desarrollo histórico-político de cada cultura o comunidad política. De la misma manera esa posmodernidad "del vacio" es mucho más parcial, sectorial y limitada; de lo que deducimos, que de momento no se ha concluido el ciclo o proceso, o bien, que dispone de menos fuerza política (emancipadora) y filosófica (reconocimiento de la tradición) que la ilustración, para realizarse de manera universal y general.

Ante todo esto, lo más interesante es lo que en nuestras comunidades macro-políticas sucede con la seducción; aquel juego de máscaras, que sustituye la dominación y la coerción por el arte de persuadir y ser persuadido en la voluntad política. Pues, aunque insuficiente y parcial, la producción del populismo como la forma de seducción más mediterránea, más nacional y provinciana, más cómica incluso, puede albergar gran significado para explicar los fenómenos y acontecimientos políticos de nuestra castiza y folklorica patria. La seducción nos puede aparecer como un término político polisémico, multiforme y travestido, pues puede entenderse seducción erótica, seducción económica, seducción por el terror y el miedo, seducción fundamentalista (prometer el paraíso en la tierra) o lo que podríamos asignar con denominación de origen: la seducción por populismo. Populismo como uso de máscaras y antifaces con referencias absolutas "por" y "para" el pueblo; para la excitación y eyaculación del "pueblo" y la exaltación y glorificación de la miseria popular. Por un lado, parece una mera técnica de comunicación, inofensiva y pragmática frente a los damnificados cimientos y fundamentos de las estructuras políticas (aparece como recurso ocasional); y por el otro, aparece como una plaga bíblica cuyo destino es ensombrecer y oscurecer nuestro mundo "ilustrado"; una pandemia insoportable que parasita un lenguaje y un discurso político originario, puro, virginal y verdadero, del cual derivan sus falsas copias, perjudiciales y nocivas para la ecología política.  Parto pues, del convencimiento de que ambas caras son exageraciones y en su falsedad y constancia, reside su peligro como arma. Cabe analizar el populismo bajo un esquema de limitaciones y aduanas cognitivas, en el que el sujeto crítico-reflexivo, también realiza un trabajo moral en primera persona; y no solo analiza los límites del populismo como proyecto teórico, sino que resiste personalmente y corporalmente a sus tentaciones de ejercicio y aplicación. Es decir, el populismo, debe ser visto como lo que parecer ser hoy: el nuevo modo de seducción política y por lo tanto de lenguaje y comunicación ideológica, en el que sabemos que el arte de prestidigitación y  engaño lingüístico, juegan un papel esencial.Pero no debemos dejar engañarnos en la "acción" y persistir en una moral del reconocimiento antes que una moral del narcisismo de las diferencias.

Como decía, en el caso español, la democracia de chirigota, sodomizada por el fantasma y verdugo del pueblo y su clamor, han radicalizado los llamamientos justicieros, las condenas ejemplarizantes, la explotación pornográfica de las imágenes informativas, los resurgimiento de chovinismos sadomasoquistas y "centrismos" mercantiles-electoralistas, entre otros. Hemos llegado hasta el extremo de aceptar, sin más vergüenza torera, que las comicidades de los políticos más paletos y torpes (una cuestión de estética de las costumbres, pero no de ética) se conviertan en categorías políticas trascendentes, capaces de levantar y derrumbar gobiernos. El "caloret" de la Barberá, el "relaxing cup of café con leche in plaza Mayor" de la Botella, "el duque empalmado" del duque empalmado, el inexistente inglés de Zapatero, las amantes de Monago, la "multita o bronquita" de Aguirre, el "Lúís se fuerte" o el "Its very dificult todo eshto" de nuestro presidente Rajoy, son a ojos de muchos miopes "ciudadanos", categorías políticas suficientemente sólidas, fuertes y potentes, como para destituir cargos, hacer volar escaños por los cielos de Madrid y precintar ministerios. Como si a la condición de "buen político", le fuera consustancial, o le viniera implícito el vicio de hablar inglés y valenciano, o la virtud de no follar sin reproducirse.  Un latigazo populista gravado a sangre en un cuerpo más que castigado por la miseria y la ignorancia, los dos males de la democracia según Savater, hacen del populismo una borrasca que ha llevado a remover como las olas del desierto mueven los campamentos tuaregs, todos los asentamientos liberales que cualquiera, incluso un marxista ingenuo (de nuestro tiempo), podría afirmar. La presunción de inocencia, el derecho de defensa pública, el deber de una justicia no prevaricadora,  y el deber a no confundir política y moral, son ejemplos de una multitud, de principios olvidados por nuestra mascota exótica (el pueblo), que sacamos a pasear cuando más nos conviene.

El ejemplo con nombre propio, puede establecerse en nuestra dieta mediática e informativa diaria; desde los inicios de UPyD, C'S, (no hablemos de los "progres posmodernos" y los nacionalistas vascos o catalanes) y ahora "Pablemos", los discursos populistas se han  radicalizado y extendido por toda la lingüística política y el espacio retórico. La carrera por conquistar una terminología y poner en juego la propia " palabra política" (o incierta identidad política) se persigue limpiando las letrinas del ego discursivo, sin reparar en una lírica o una poética política; transgrediendo y degradando así los géneros clásicos ( al menos de una manera formal e intencional) no para subvertirlos en una superación, sino para degradar y dañar el propio discurso. Convirtiendo la política en "una opción", una elección de "formas de vida" locales, de lo que nos es propio, el recurso y la apelación a lo "popular" ;como quien elige en un supermercado su propia individualidad y personalidad (siempre relativa a un ethos o pueblo común).

Concluyo con dos ejemplos de los desastrosos efectos del populismo: la caza de brujas  al imputado; concreta-mente, en F.Camps ex-presidente valenciano y X.Trias, el alcalde de Barcelona. A este último, el diario "El Mundo"(bajo la dirección ya, de Casimiro García Abadillo) acusó al sobrio alcalde, de poseer una ingente y escandalosa fortuna en una cuenta suiza (siempre Suiza), que difícilmente podría proceder de probos orígenes, pues no se le conoce actividad empresarial multimillonaria alguna, al viejo doctor venido a alcalde. Tras estas acusaciones, Trias respondió y afirmó que no poseía ninguna de esas cuentas y que denunciaría a los medios y los periodistas que lo publicaron y los que lo difundieron sin comprobarlo... De todo aquello ya han caído varios soles, y todavía no ha sido imputado por ningún tribunal. Ni ante la evidencia, los del segundo diario de mayor tirada nacional, ni siquiera han rectificado o se han disculpado públicamente ante agravios que podrían hundir la carrera y reputación moral de un individuo, de uno especialmente considerado en el nacionalismo catalán, por su mediocridad, discreción y docilidad. En el caso de F.Camps, no puedo hacer nada más que animar al astuto y avezado lector a que lea los dos artículos ("La justicia automática"  y "Lo llaman Tribunal y Superior, y de Justicia"), siempre brillantes y lúcidos (en estilo y contenido) del siempre huraño y cicatero Arcadi Espada. En el que se demuestran que a través de una "traducción sioux" puede imputarse a alguien delitos ( o irregularidades) fundados en invenciones. Dos ejemplos del "injusto término medio", que consiste en castigar públicamente a personajes del teatro político, situando el castigo entre el salirse de rositas y la condena penal; pues si no hay ni una ni otra durante un tiempo, se le adjudica el San Benito. Producto del populismo moribundo que lleva a hacer al populacho (no a los ciudadanos) juicios aventurados, similares en sus efectos al terrorismo periodístico que "El Mundo" (Pedro J. Ramírez) y "La Cope" (Federico Jiménez Losantos) hicieron con el 15-M. Llegaron a acusar a Rodolfo Ruíz de un conjunto de falsos delitos, muy graves, que le llevaron por la presión y el impacto del ataque, a graves costos personales. Los resultados del populismo, pueden ser del mismo calado a escala social.















martes, 17 de febrero de 2015

La reina de corazones del PSOE



La recién reina  de corazones del "nuevo PSOE", la reinona Pedro Sánchez, hija bastarda de la reina madre "Rubalcabra", se ha tomado muy en serio las consignas (sólo algunas, la de las imputaciones se la trae al pairo; véase Chavez y Griñán aún calentando el escaño) con las que consiguió la secretaria general de su partido, PSOE. Pues decapita a  todos aquellos que incumplen sus nuevos códigos organizativos "o estas con la reinona o contra ella". Díganselo si no a Zapatero, que por adulterio, la Sánchez ya no le dirige el saludo (se negó, con recursos poco sutiles, a darle la mano a ZP) . A nuevo partido, le corresponden nuevas siglas, éstas podrían reducirse a "PE" (partido español) o simplemente a "E" (español), pues ni es socialista ni es obrero (como decía la canción) y algunos ya se preguntan si siquiera es un partido. Ya que todas aquellas estrategias, técnicas, dispositivos y planes que tan bien describió el maquiavélico Gramsci, que debían ejercer, y de hecho ejercen los partidos, se han convertido en imperdonables errores y desajustes de no sé que organización benéfica y local que reivindican los nuevos socialistos (como dicen las malas lenguas). Han retrocedido en sus propósitos y han señalado el horizonte no a lo lejos, en sendas casi inexpugnables (como otros), sino bajo sus narices, a ras de suelo, se han convertido a la ideología de "sor coliflor", una mezcla entre el localismo cerril y tosco de Ada Colau y la sucia pulcritud moralista de las  polvorientas monjas de clausura. 

Los "nuevos socialistos" han asumido con normalidad los cambios "radicales" (superficiales) de su imagen y organización, de la propia cúpula;  parafraseando a A.Guerra, y en este caso no hablando de España sino del "PSOE": "no lo va a conocer ni la madre que lo pario"; y efectivamente así es. Desde el abandono del marxismo primero (González) y la era zapaterista (pensamiento Alicia) después, el socialismo y el obrerismo dieron paso a una socialdemocracia más que marcada y hermandada con la derecha, pues no sólo hacia "manitas" a escondidas con los conservadores (PP) sino que le hacía la cama al nacionalismo más regresivo y reaccionario (cualquier nacionalismo periférico). De aquello surgió la transición de la reina madre "Rubalcabra", que tras una lenta degeneración general del sistema orgánico del partido, la fuga de electores, el travestismo del PSC, y la irrupción de viejas nuevas formas de "la política radical" (los muchachos de Pablemos); han visto necesaria la generación de un héroe apolíneo de corte y tallo americano. Es decir, la joven reina de corazones: Pedro Sánchez. Ese muchacho sonrison de alegre busto, con aires de niño que sabe embutirse los zapatos y atarse el nudo de la corbata al cuello. Un producto de propaganda política, un Ken de los barrios medios que sirva de ensoñación erótica para las viejas glorias (señoronas) del electorado femenino de los "sociatas" (ahora hay que hablar así). Que poco o nada podía conseguir con la buena cara de madurito atractivo, asumiendo así los nuevos tiempos de guillotina, la nueva condición de verdugo orgánico del partido, y decapitando en primer lugar a Tomás Gómez (con Susana Díaz !no hay narices¡ no de dejarla embarazada, de echarla, me refiero). El de Parla, se revolvió con la intensidad de una pescadilla recién pescada, pero sus lamentos duraron lo que dudaron sus apoyos (lo que duran unos caramelos a la puerta de un colegio), que al "segundo" día, el día que se repartían los nuevos puestos (cobrando a man salva), formaron escuadrón al toque de corneta de la nueva reina,  !no vayan a ser ellos los decapitados¡

Así y con todo, las críticas, comentarios, opiniones o prejuicios de los medios de comunicación, de sus editoriales, periodistas a sueldo, colaboradores a banderín (...) han sido de todo tipo. Reivindicando democracia donde no toca, transparencia cuando es innecesario, explicaciones cuando los motivos son claros (próxima imputación, sobre-costes y resultados electorales desastrosos) y un sin fin de pretextos para las palabras decorativas de los periódicos y la retórica de mercadillo de las tertulias televisivas y radiofónicas. A mi juicio lo más interesante - pues el hecho de que un partido mantenga liderazgos fuertes, establezca gobiernos y equipos de gobierno afines y explote el "cesarismo" que decía Gramsci, cortando cabezas en beneficio electoral, me parece de lo más normal -  es lo que en un  plano más abstracto y conceptual ( más pedante) esta sucediendo en el PSOE. Esto es, la in-definición y agotamiento ideológico de sus bases orgánicas, la imposibilidad de recuperar un léxico y una retórica política afines a los tiempos de explosión estética y a la posición que históricamente ocupaba: la unidad racional y moderada de la izquierda. La perdida de "la palabra política" y de la firma y marca ideológica (la reina de corazones se deja la vida en los mitin reivindicando que son un partido de Izquierdas; pero suena a cuando la novia te dice que no volverá a suceder), conducen al precipicio a toda la formación. Pues el partido no es que este falto de líderes (la reinona ya es apuesta), sino que esta falto de ideas y formas estéticas, capaces de irrumpir e interrumpir los acontecimientos del espacio público, capaces de hacerse ver por sí mismas y no por luchas de ratas en las cloacas. Las supuestas renovaciones de la "nueva política" de Podemos simplemente aprovecha aquello que dijo Zizek del "autoritarismo de Groucho Marx" o política Berlusconiana. Copiar y emular regímenes de cómic, la política de dibujos animados donde hay "buenos y malos", donde no nos jugamos nada en serio y no existe la muerte o el sufrimiento como dolor, pues la explosión de color y el campo virtual juegan el papel de velo o maya hipertrófica que moldea y transfigura la realidad en un "tablero de juegos o variedades" político. Esta nueva forma de la política espectáculo, donde los márgenes y límites, el cambio y lo racional se extienden en un horizonte onírico, constituyen una realidad sin peligro, sin imposibilidades, sin dualidades (unilateral) continua y suspendida en la ensoñación del "bien"; en la embriaguez del final feliz. 

"Pablemos" ( y sus chicos) ha sabido inscribirse en ese juego, sin nombre y sin etiquetas - no son ni de izquierdas ni de derechas, sólo de "abajo" (contra los de arriba) -  han sabido aprovechar (comicamente) el espacio vacío que el PSOE abandonó antaño, reconvirtiendo la vieja parcela socialistas (de izquierdas) en una parcela anónima pero multitudinaria, masiva y hostil. Pues su mecanismo religioso y su proyección onírica me recuerda a la promesa del nacionalismo; el progreso regresivo. Ante todo esto, qué se le puede pedir a la reina de corazones, ¿que no haga nada mientras el barco se hunde, que se quede de brazos cruzados mientras la orquesta toca el último compás? ¿que pierda el tiempo en primarias en las que se presenta un único candidato como sucedió con Tomás Gómez? o que apueste por, como se ha rumoreado, Ángel Gabilondo, una apuesta que a mi juicio es más que razonable desde el punto de vista moral e intelectual, pero dudosa electoralmente.  Ciertamente el "Tic-Tac" de los socialistos es sentencia de muerte si no juegan dentro de las nuevas coordenadas de la sitcome política. Su única alternativa es adaptarse e inscribirse en el panorama que a brocha gorda, Zizek estableció como campo de batalla político contemporáneo en la vieja y cansada Europa. Zizek dibujó un mapa caducado en que la derecha y la izquierda se homologaban en la socialdemocracia administrativa o la tecnocrácia liberal, mientras que los nacionalismos, ideologías reaccionarias, regresivas y populistas (más derechistas que los liberales), se radicalizaban. Ambas alternativas están ya amortizadas, y según Zizek las nuevas tendencias que irrumpen en su sustitución son los "Berlusconianos" y el "Nuevo Comunismo" (hegelianismo marxista); que estarían representados en España por: la política de las televisiones (Telecinco, Antena Tres, La Sexta y Cuatro)  y  por Podemos, respectivamente.

Advertiría dos cosas a lo dicho por Zizek: a) no creo que la tecnocrácia y los nacionalistas sean sustituidos por nada, pues el pragmatismo, utilitarismo y confort de unos y las ideas teológicas de  otros, siguen encandilando y seduciendo a toneladas; y b) no aceptaría totalmente esa distinción tan clara entre la política de la comedia o de los "cartoon" y el nuevo comunismo, como si éste último tras aparecer como tragedia no pudiese parecer otra vez como farsa; como así a sucedido en China y Corea.  Dicho esto, la situación del PSOE no es nada fácil, o bien optan por seguir con la socialdemocracia homologada con los conservadores (seguro que se mantendrán por el empuje del PP), o bien, se transforman en comedia de cartoon. !Susto o Muerte¡ reina de corazones... 








lunes, 9 de febrero de 2015

De promesas y mentiras como arte de la política maquiavélica



No sé quién dijo que la política era el arte de lo posible; pero podríamos entender lo posible como arte de la promesa y mentira; pues para ellas todo es posible, cualquier inversión, transfiguración, superposición, y cualquier silencio, pueden entenderse como una mentira política; y cualquier aspiración, sublimación, deseo y anhelo en una promesa. Aquello que se sabe a conciencia que es verdad y no se dice, aquello que se oculta, se asume en silencio o se esconde, cumple las mismas funciones y busca los mismo resultados que aquello que dice "verdad" de una ficción o una ilusión. En política no sólo cuentan las ideas y principios, los ideales o fines, sino que además se juega con medios (seudo-fines), instrumentos, herramientas y estrategias que sirven a intereses más o menos generales/partidistas; utilizando la consustancial dosis de la mentira, presente en toda seducción y persuasión; mecanismos propios de las democracias homologadas. Que si bien no consisten  en mentir totalmente, sí en prometer el cielo y la tierra o la paz y la inmortalidad; y en omitir las más que sombrías oscuridades de nuestros pozos nacionales en beneficio del partido; algo que también consideraríamos una mentira política. Mentira no en tanto que engaño y estafa que nos incumba a "todos", sino en tanto que somos cómplices, partícipes y miembros de ella. No por ello quiero afirmar la más que exagerada sospecha de Adorno sobre la mentira como fundamento de toda sociedad y de todo régimen político, pero bien es cierto que es un elemento imprescindible en toda agenda política del doméstico y cotidiano juego dialéctico de guardar y traicionar la palabra dada. Un aval, sin la exageración extenuante de la cual, no habría objeto político de intercambio, paquete bomba para el rival o pacto y consenso entre los partidos; pues el mercado de lo público hace ya unos años que descambió la moneda de las ideas, por el contrabando de las promesas y las mentiras. Es posible que las mismas ideas relucientes y brillantes que antaño se exponían en plazas menos pobladas y menos cargadas por la historia (y sus antecedentes criminales) como vasijas de oro, ocultasen dentro de sí, la esperanza de una promesa envolviendo una mentira. 


Quizás sea el momento de distinguir entre falsos enemigos y confusas alianzas, entre abismos reales y oasis producto de la deshidratación; quizás sea el momento de no recurrir a la condición ciudadana del desairado, de la percha del mundo o el llorica de la tribu; en definitiva, distintas encarnaciones y reencarnaciones de Sísifo como figura absurda de lo civil. La condición absurda del trabajo inútil y sin esperanza; condena de los civiles por los dioses de la política, no sólo contempla el carácter fatigoso de su tarea eterna y su insobornable sentido del desdén y el desprecio por el destino (controlado por el gobierno o lo que llamamos "clase política"). Sino que incluye la auto-condena y auto-infligido castigo de la minoría de edad, cuyo peso ( más engorroso que el trabajo forzado) solo es sublimado a través de la pornografía comunicativa (informativa y mediática) y de la convención formal de la glorificación de una verdad ingenua y espontánea, que aparece cual tesoro pirata enterrado en las lejanas islas del caribe; cual cáliz mitológico de cualquier religión secular. Una minoría de edad, que nos obliga a ceder no sólo la autonomía política y ha reducir la especificidad y trascendencia de la acción política, sino que nos hace creer en esa falsedad que decía Adorno en Mínima moralia sobre la verdad: "La verdad es inseparable de la ilusión de que alguna vez entre las figuras de la apariencia, surja, inaparente, la salvación". Como sí la verdad (en política) apareciera según formas teológicas de la revelación, como si fuera aquello portado por alguien como una suerte de iluminación sacerdotal y mesiánica. 

Las promesas y mentiras de la política (realpolitik) obedecen a una idea manipulada de un celebrado texto de Nietzsche (Sobre verdad y mentira en sentido extramoral) en el que se sostenía que el impulso hacia la verdad, venía del espíritu de auto-conservación, de supervivencia y adaptabilidad al medio. De la misma manera, es la mentira el mayor recurso evolutivo de la "clase política" para mantenerse en los órganos y centros de poder, seguir ocupando el aparato del estado con cierta estabilidad y perdurabilidad, mientras usan el arte de la promesa (cuanto más elevada e inalcanzable mejor) utópica, como el mejor cesto donde contener el conjunto de mentiras necesarias e innecesarias que se usan en política. Como ya dije en algún artículo anterior: " El mentiroso, no dice una mentira ontológica, sino que abusa de las convenciones, es decir, dice ser rico, cuando su estado de cosas materialmente le corresponde describirse como pobre; en definitiva el mentiroso invierte y pervierte los usos, las palabras y los nombres. Tan fuerte es el arraigo de la verdad, que los individuos de una sociedad temen las consecuencias de la mentira, pero no al propio mentiroso, temen ser apartados y expulsados, temen ser marginados si engañan, no porque la mentira sea un desajuste con la realidad, sino porque violenta las convenciones y con ello el pacto de paz. Los hombres de la sociedad pues, sólo desean la verdad en la medida en que conservan la vida, no por ella misma, por su valor intrínseco u ontológico" . Por lo tanto, la verdad sirve a un criterio de utilidad y pragmatismo, en tanto que es la creencia que sustenta todo el convencionalismo y formalismo social; pero sólo mediante su existencia fuerte, puede realmente emplearse la mentira como un arma de mayor sofisticación, como un instrumento de coleccionista para la micro-política, mientras que la "verdad" aborde los asuntos de la macro-política nacional. A mi juicio la minoría de edad antes mencionada, genera la ilusión teológica en una verdad por revelación (vestigios románticos y adornianos) propia de los textos bíblicos, pero alejada de la investigación científica o ilustrada de los hechos que la proporciona, una noción de verdad que no posibilita y permite el abuso de la ,mentira y la promesa del mago; pero sí un uso racional de la misma, necesaria en ciertos asuntos en la que le es intrínseca (servicios secretos, estrategia geopolítica, operaciones de rescate, ciertos procesos judiciales, inteligencia militar el buen gobierno, etc.) . La desvalorización sea por exceso o por defecto, de una noción rigurosa y contenida de la verdad, ofrece un inexistente muro de contención, una ausencia de resistencia y límite para el uso indiscriminado y arbitrario de la "mentira" en todas su formas, sean estas las legitimas en política, o las que pertenecen al campo de lo intolerable. 

Ciertamente cualquiera se preguntará  ¿qué mentiras pueden tolerarse en democracia y en una época de intenciones y propósitos de transparencia absoluta en las instituciones públicas? La respuesta no puede más que remitirse a Maquiavelo; que en su más que conocida obra "El Príncipe", ya nos advertía que existen modos para que el príncipe guarde y mantenga la palabra dada a su "principado" (a los ciudadanos; nada de exorcismos como el de "pueblo") sólo en ciertas circunstancias: "Es necesario, por lo tanto, ser zorra para conocer las trampas y león para amedrentar a los lobos. Los que solamente hacen de león no saben lo que se llevan entre manos. No puede por lo tanto, un señor prudente - ni debe - guardar fidelidad a su palabra cuando tal fidelidad se vuelve en contra suya y han desaparecido los motivos que determinaron su promesa" . La aceptación de la mentira como juego estético-erótico, como un juego de todos aquellos elementos que se comprometen en una "seducción": la apariencia, la estrategia, el elogio, la retórica sofística; en busca de un mejoramiento no de las reglas de gobierno pues estas deben ser públicas, visibles y claras, sino de ciertos usos y actos de gobierno que con ellas se hace, es una aceptación básica para empezar a ser ciudadanos, es decir, mayores de edad. Y no menores de edad o "Sísifos" como figuras representativas de la política del absurdo.  Así, un gobernante o representante político debe mantener por encima de todo una "estética de la mentira" o como diría Maquiavelo: " (...) No es, por tanto, necesario a un príncipe (partido político) poseer todas las cualidades anteriormente mencionadas, pero es muy necesario que parezca tenerlas. E incluso me atreveré a decir que si las tiene y se las observa, siempre son perjudiciales, pero si aparenta tenerlas, son útiles; por ejemplo, parecer clemente, leal, humano, íntegro, devoto y serlo, pero tener el ánimo predispuesto de tal manera que, si es necesario no serlo, puedas y sepas adoptar la cualidad contraria (...) Pues a menudo (el príncipe) se ve obligado a conservar su Estado, a actuar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad y contra la religión (...) Y como ya dije anteriormente , a no alejarse del bien, si puede, pero a saber entrar en el mal si se ve obligado (para el bien del Estado)".  Como vemos, la mentira puede servir para mantener un espíritu reformista y no utópico-revolucionario, que consiga mantener las formas estéticas suficientes y necesarias para reafirmar la confianza en un sistema hundido en la corrupción, pero cuyos valores y principios son la mejor forma de gobierno.  

La cuestión no es, exigir una pureza y castidad máximas, una limpieza y transparencia "supra-humanas", a los políticos profesionales (como hoy se hace); pues ni tan siquiera en la sociedad civil existe  la "obligación" (sí el deber) de no mentir. La segunda realidad (la realidad virtual), las representaciones estéticas, las imágenes fotográficas (artísticas o periodísticas), el periodismo mismo, la televisión, la publicidad (propaganda) el propio mercado o comercio, las domésticas vidas personales etc. Están instaurados en una economía de engaño, seducción, promesa y mentira legislativa-mente y moralmente aceptadas, pues como destacaba el propio Maquiavelo, existen dos formas de combatir (políticamente): una con las leyes, propia del hombre, y la otra con la fuerza, propia de la bestia. Pero ninguna debe ir independientemente de la otra, aislada y separada, sino que deben conformar un solo cuerpo (Minotauro). La conjunción de ambas constituye el "juego estético de la mentira", entendiendo que su flexibilidad  genera una multiplicidad de estrategias del hombre y  de tácticas de la bestia, necesarias para mantener el orden en una comunidad política. Si no aceptamos el "Minotauro" (mitad bestia, mitad hombre) como la figura de la política y su imagen como una imagen que debe ocultarse en parte (la parte de la bestia) entonces caeremos en las ingenuidades, las promesas vacías, el buenismo sentimentalista, los auto-flagelamientos y los lamentos nacionales de la minoría de edad. Por lo tanto, las alternativas son: o el mero humo del formalismo declarativo (la vacuidad de las promesas políticas) o la sustancialidad de esas mismas promesas, sabiendo que la mentira es y será un hecho inevitable, más aún con los aparatos de hipertrofia como decía R.S.Ferlosio, que son la televisión y la publicidad. El "hecho de la mentira" no constituye un debe en sí, sino un debe  tras la aceptación del hecho; pues ella es irresistible, siempre existirán los sujetos débiles y fáciles de engañar y los crápulas y "trileros" profesionales. ^Por lo tanto, se debe exigir, que en lo que se mienta, se mienta bien. Lo que se debería pues reforzar, no es la demanda pueril e infantil del "no mentir", sino la mayoría de edad y la formación ilustrada  para poder discernir sobre lo que es mera propaganda engañosa, publicidad ideológica y política de verdad. No pienso pecar de utópico, y se perfectamente que dicha ilustración civil sera inabarcable e incompleta, pero al menos debe atenderse al espacio que ocupa un discurso no ebrio y dopado que sólo critica nociones pueriles, sino que atiende a la sobria raíz del problema político.  











martes, 3 de febrero de 2015

Doctor Zhivago y el sujeto político pos-moderno





Sería interesante ver con profundidad y cierto rigor filosófico un análisis político sobre el cine, que cuidara de no extenuarnos de placer intelectual de conciencias sin cuerpos materiales; y atender a la frialdad y frivolidad (no al sentimentalismo) requerida y necesaria en todo análisis político de un producto cultural inscrito en un contexto real y hostil desde una perspectiva objetiva (propio de ciertas filosofías; no de todas). Sin necesidad de recurrir a exaltaciones  efusivas y optimistas de lo universal y general de los contenidos de una mercancía cultural, desligado de lo político material; de la diferencia. Es decir, no utilizar el nombre de la academia y "la filosofía" (así, dicha en general como una sola, sin vergüenza) como lugar y espacio del tribunal de la razón formal kantiana "apriori". Esto es, no condicionada, vinculada o relacionada con lo empírico, preexistiendo una teoría política anterior al momento o acontecimiento político material. Y ocultar sus claras intenciones políticas, de las que ya, desde Kant y Hegel sabemos que envuelven integralmente toda nuestra realidad y virtualidad teórico-practica. Pues por mucho que el aspecto formal de la cultura sea el de un objeto comercial universal (simplemente movido por el interés) y ciertas condiciones de su contenido hayan cambiado - han dejado la lucha y el conflicto directo atenuado por la relaciones comerciales -, es cierto que la cantidad de interpretaciones y conclusiones que pueden extraerse de una lectura fiel a la taxonomía  fría del producto, pueden conducir y servir a líneas ideológicas varias y distintas, contrapuestas y antagónicas entre sí. Seria interesante realizar un análisis filosófico que desenmascare la "campaña", la "causa" o finalidad política que oculta todo propósito cultural industrial; y hacerlo desde perspectivas reales de análisis político, es decir materiales. Pero del mismo modo, cabe distinguir esta auditoria política de aquello incontrovertible y autónomo político, que posee toda obra de "las artes" o de la cultura. Aquella contradicción interna que denunciaba Adorno entre su autonomía como derecho a existir y su relación con el todo social (determinación socio-económica o fait social). Que consiste en desobedecer a su naturaleza social y traicionar a su creador (amo) aliándose con su enemigo (esclavo).  Es decir, servir a su vez de instrumentos y herramienta de partido para distintas ideologías, sin necesidad de que para su resultado objetivo de interpretación sea necesario plantear una teoría pura despolitizada o una analítica de la verdad. 

Dicho esto, que no se si aclara o embrutece más el asunto. La película Doctor Zhivago de David Lean - cineasta de la cuerda de Stanley Kramer y en ocasiones Frank Capra, es decir, caracterizado por hacer un cine de trama e idea expresamente político de manera consciente y no meramente como presas del inconsciente político para depredadores como Zizek - es una verdadera obra maestra de las artes estéticas y políticas. La película no solo merece la admiración formal de un cine sobrio, moderado, estéticamente potente y reprimido en entusiasmo; no es la explosión estética del cine político de Bertolucci; ni las charangas narrativas de David Lynch y el segundo Kubrick (parece que nadie recuerda al primero y más perfecto: "atraco perfecto" o "senderos de gloria"). Sino que además merece una gratificación en su escritura política, pues lejos de poder ser acusado de imparcialidad (nada extraña en el cine americano de hoy), "americanista", propagandista...e imperialista. Su cine mantiene una distancia crítica y prudencial de los acontecimientos políticos reales. Más bien, se dedica a engrandece las peripecias personales de individuos moralmente "excelentes", aunque intensamente humanos, dentro de un engranaje perfecto de un aparato político que pretende establecerse como canon geométrico. Mantiene en todo momento un vehículo de dos velocidades; pues consigue ,mantener un alto nivel de textualidad político-moral y una narración personal y emocional que no necesita de indignas publicidades y sucias imágenes sexuales para erotizar y seducir en sus escenas al más "rancio" espectador. El juego lineal y continuo, sobrio y entero de los diálogos, le dan una madurez y seriedad a toda la cinta, una entidad y empaque digno de cualquier ensayo novelado de la literatura política. En cuanto a la estética, la textura y color de la película, es necesario destacar el color intenso de la cinta en las escenas más carnales y corporales, y más privadas que transcurren en interiores; y los colores políticos (grises y blancos) de los exteriores, donde sucede la acción pública. 

¡Qué decir del reparto! Omar Sharif (Yuri, el protagonista) constituye una novedad y un grato descubrimiento interpretativo;  Geraldine Chaplin ( Tonya, la mujer de Yuri ) conforma uno de los pilares de mi educación sentimental, y Julie Christie ( Lara, la amante de Yuri) podría ser la amante ( y mujer) más bella y preciosa soñada por cualquier hombre. Pero además, su presencia constituye (y no exagero) el elemento estético esencial; ya que conecta las escenas de exteriores (de nieve), e interiores (rojos intensos y colores cálidos) como núcleo temático, aunque aparece desapercibida en algunos momentos; es decir, sin excesos de protagonismo o saturación argumentativa. El color oro de su pelo y el azul océano de sus ojos, juegan una suerte de apuesta por la perdición erótica y el enloquecimiento estético de los personajes, podríamos decir que Lara (Julie Christie) es el sujeto distorsionador, más intenso y pasional de toda la obra. Es el "puro objeto de deseo" libidinoso y de poder hecho carne, pero no por ello accesible o tangible, es por la lógica del propio devenir de la cinta, el sujeto político clave y el sujeto de deseo primordial. En ella encontramos el punto de fuga: los cimientos del sujeto político pos-moderno, que vinculará el poder con el deseo en una sola figura estética, convertida en político-artística, es decir bella. Así puede verse en el film, pues el personaje es por ejecución u omisión el motor de todo el despliegue fílmico, ella moviliza el deseo de los agentes políticos que en su seguimiento y obtención tejerán los firmes acontecimientos y estrategias de poder y resistencia, todos ellos subyugados por una belleza salvaje. Podría decirse que Lara (Julie Christie) destapa el significado más inconsciente de la película, la pretensión de vincular el deseo con la política, y ver, como tal relación de dependencia y anhelo es el máximo brazo destructor de lo real, el constituyente de los discursos de poder estetizados; y por lo tanto de los nuevos fascismos  regresivos disfrazados de progreso.   

La película no sólo es una pieza inexcusable para todo cinéfilo, sino que además todo politólogo o moralista que se precie debería interpretarla y contrastar sus opiniones, pues con una inteligencia incluso superior a Stanley Kramer - director mucho más influenciado por la cultura del humor y el tradicionalismo americano de plantear los problemas -  David Lean en su proyecto político-fílmico consciente, es capaz de apostar por un anti-comunismo en tanto que (materialmente en las circunstancias soviéticas) comunismo-totalitario. Una postura ideológica que no consiste en una apología del liberalismo, ni mucho menos de los valores sacrosantos de occidente: propiedad, privacidad, libertad, egoísmo (en el sentido de A.Rand), sino en una visión crítica de un comunismo abolicionista no de la propiedad privada de los medios de producción, como decía Marx; sino de cualquier tipo de propiedad domestica o personal: objetos particulares, casas, automóvil etc. Es decir, su perspectiva crítica pretendía deconstruir los discursos políticos sumidos en la utopía y las quimeras revolucionaras de querer empezar juegos de suma cero, donde sólo pueden existir vencedores o vencidos. Los sujetos políticos de Lean (los tres protagonistas) son sujetos de una condición moral exquisita, comparten los cuatro virtudes aristotélicas esenciales: fuerza, templanza, justicia y moderación; encerradas en el caparazón del individualismo racional kantiano, vinculando así el ejercicio de la libertad al de la moral. Pues sólo son actos libres (autónomos), aquellos que son verdaderamente morales, es decir aquellos que resisten a las imposiciones y determinaciones exteriores, una noción de libertad desligada del mal tal y como lo planteaba el marqués de Sade. Una libertad que solo es, si es moral.  Por lo tanto reconoce a los otros hombres en tanto que hombres como iguales; como fines y no como instrumentos o medios, una libertad cuya ausencia comporta el mal (Lessing) y no viceversa. Pues vemos en los personajes principales esa libertad representada, que se enfrenta a la decadencia de un mundo que en ausencia de valores absolutos, tiende al pragmatismo del entusiasmo y la estética como fuentes y escuelas de "dar sentido", una ficción y engaño que conduce a la lucha por la dominación. Una lucha por el "ideal manufacturado" por grandes empresas propagandísticas, dirigidas por los mismos sujetos parasitarios o travestidos que son capaces de sobrevivir y adecuarse a cualquier sistema o esquema establecido. Pues su interés es el de la propia vida como desprecio de lo político, en tanto que saco de deseos particulares e inmediatos (...) el interés mas burdo y vulgar de lo tangible y corruptible. 

Por el contrario, Lean plantea la libertad y la moral como los verdaderos actos fundadores de los ideales políticos frente a las grandes empresas gregarias en que todo esta permitido, todo puede emplearse como medio, si el fin que se persigue es "justo". Lo que pretendemos destacar aquí, es como sus dos principios inquebrantables: libertad y moral, son a su vez susceptibles de ser superestructura ideológica de una "estructura libidinal o pasional" no económica. Punto clave para los nuevos teóricos políticos que analizan los sujetos pos-modernos como sujetos políticos del deseo y no meramente como sujetos económicos o engranajes de un aparato productivo. Así pues, vemos representado en la obra de Lean, la defensa de lo que se ha designado como "vieja política" (contractualismo liberal), pero a su vez, inconscientemente vemos como Lara representa la semilla del sujeto pos-moderno de la "nueva política". A mi juicio, los potables residuos de la "vieja política"  que algunos dirían; me parecen más actuales y nuevos que nunca, pues el olvido siempre renueva lo viejo.