lunes, 5 de enero de 2015

La inexistencia ontológica de la libertad de expresión (II)




En el artículo anterior, nos quedamos con una síntesis esquemática del problema, una introducción a la problemática de formular como un derecho la libertad de expresión; podríamos decir que la primera conclusión, hasta ahora demostrada, es que la libertad de expresión es una "idea fuerza" (Fourier), más que un planteamiento político teorético o gnoseológico. Si avanzamos en la argumentación, podemos establecer una distinción entre: a) libertad negativa y b) libertad positiva (I.Berlin) o la aún más clásica distinción entre, la libertad de los modernos y la libertad de los antiguos respectivamente (B.Constant). En la acepción negativa, es decir, "libertad de", se entiende como una ausencia de sanción, trabas, obstáculos y límites para la realización de la "expresión" (de opinión, pensamiento etc.), un ejercer el derecho de libertad de expresión sin coacción, sin encorsetamiento o barreras que impidan su extensión locucionaria, su capacidad de ser dicho y oído por otros. La acepción positiva, "libertad para", sólo es posible si se ha dado de alguna manera a), si dicho momento se ha dado, entonces b) puede sucederse, pues consiste en un "llevarse efectivamente a cabo", un "realizarse " o "materializarse", es decir, empezar, iniciar algo nuevo, interrumpir una serie causal y acontecer iniciando un programa efectivo que implique e involucre un pensamiento o discurso dotado de una potencia y una fuerza causal suficiente. Por lo tanto la noción positiva implica un iniciar una cadena o serie causal de determinaciones en el mundo (material y empírico), un "llevar a cabo" o "sacar adelante" algo concreto con poder causal que implique una lógica de condiciones. Podríamos decir que la libertad abstracta y negativa, es la libertad suficiente y propia de los liberales al estilo S.Mill o J.Locke, por no hablar de I.Berlin o R.Rorty, ya más recientes; y la libertad positiva (Kant, Marx etc.) la encontraríamos en la respuesta que lanzó Lenin a Fernando de los Ríos cunado este tras un congreso y la exposición del proyecto político, le pregunto dónde quedaba la libertad. Lenin le contestó: ¿libertad para qué? Ese "para qué" no es un desprecio o negación del valor de la libertad, pues en la propia pregunta se presuponen cuatro aspectos: 
  1.  La libertad existe de forma concreta y material y no abstracta y formal (liberal).
  2. Deben definirse explícita-mente los valores y atributos de la libertad antes de formularla universalmente, es decir, la libertad debe estar determinada y no indeterminada. 
  3.  La libertad es un concepto operativo y funcional, y como tal, necesita de una dinámica contextual, teleológica, con propósito y final, con un fin operatorio y no eterno, absoluto y sin final.
  4. No cabe presentarla como algo evidente, inmediato y acepado por todos de manera necesaria, sino contingente (por lo tanto no puede decirse: "en este país hay libertad de expresión, así lo dice la constitución"; hasta que no se establezca, se inicie o empiece una cadena o sucesión causal nueva que altere o cambie lo dado, no hay libertad; la lógica es en dirección contraria, primero hay libertad y luego se proclama, no al revés, pues es in-operativa. Lo mismo sucede con el estado de derecho; no debe operarse así porque lo dice el estado de derecho, sino que si actuamos "así" se actúa como en un estado de derecho, y entonces es existente de facto.)
De este modo, vemos que la distinción entre libertad negativa y libertad positiva no comporta una  des-conexión ontológica, una separación, abismo o ruptura radical (corte epistemológico) entre ambas, sino más bien al contrario, implican una "symploké", que es necesaria para ejercer la "libertad" completa: la sucesión de una libertad negativa y una libertad positiva como dos momentos asimétricos pero complementarios de una realidad material discontinua e inconmensurable en sus partes sectoriales. Siempre que hay libertad para algo es porque hay una "libertad de" obstáculos, una ausencia de trabas; aunque si hay libertad negativa, no implica necesariamente la libertad positiva, cosa que sí se da viceversa; del mismo modo, los límites de la negatividad, es decir los obstáculos, trabas y barreras, sólo son posibles si "apriori"  y a la luz de una, ya existente libertad para en potencia, esto es, un proyecto, algo que decir, algo nuevo a iniciar o un programa; podríamos decir que ya existen unas "notas" que deben realizarse. Es decir, los límites y fronteras sólo aparecen ante un proyecto-para ya dado y "anotado", un proyecto de expresión que se viera imposibilitado por ellos; pues sin proyecto, sin libertad-para-anterior, no habría obstáculos, ni libertad-de, que posibilitara la libertad-para-causal. Con esto demostramos: 
  • (a) la libertad no basta con su formulación universal, que meramente es una "pre-condición" (dependiente de un "para-anterior") necesaria, pero no suficiente para la "libertad". 
  • (b) poseer libertad negativa de expresión "en-si" (sin un para-si), no opera ni funciona para nada, y puesto que la libertad es un concepto operativo, sin operación ni función, esto es, sin alteración relacional o causal del estado y orden de cosas establecidos en el mundo, no existe como tal la libertad. 
  • (c) si el sujeto cognoscitivo posee libertad negativa, pero no tiene poder causal, nada que decir, o sólo repetirá mitos y propaganda, falacias y estereotipos; o lo que es peor, "presupuestos tautológicos", es decir afirmaciones reiterativas de la dimensión unidimensional cerrada; la culminación con el inicio de una serie o cadena de implicaciones causales no se realiza. Pues si no se dice nada, o nada nuevo con sentido, nada cambia en el estado de cosas o las relaciones causales del mundo, y por lo tanto no hay libertad efectiva o material (con contenido). 
Aunque parezca una sutileza o una minuciosidad estúpida -esto es cierto sólo en lo práctico, pero no en lo ontológico- siempre que hay libertad hay opresión, es decir, para que un sujeto empírico posea libertad, hay un tercero que se ve limitado, podríamos decir que es un juego de relaciones asimétricas materiales, no recíprocas, un juego de contrapesos dialécticos sin superación o reconciliación que impliquen graduación o progreso. De manera que para yo ejercer mi libertad de expresión, cuanto mayor sea esta, menor será la del censor que la podría limitar o trabar; o poniendo otro ejemplo, siempre que un sujeto empírico sea libre ocupa una dimensión que otro no puede abarcar ni llenar y por lo tanto es "menos libre". Esta concepción se contrapone a la noción de libertad como libertad de elección o decisión (en la que se basa la no-idea de libertad de expresión); pues la libertad voluntariosa aunque sea positiva (como la kantiana), comete un error, sufre una falta, que es la de la fundamentación del sujeto voluntarista, ¿de dónde surge y cómo es posible un sujeto como causa de la libertad, un sujeto libre antes de ejercer la libertad, como es posible una causa incusada, auto-generada o surgida de la nada? Esto no es otra cosa que pedir una solución a la antinomia kantiana de la libertad: "una libertad como causa y una causa como libertad", nosotros diremos: "o" una cosa "o" la otra, pero no ambas a la vez. Pero antes de exponer esto en el siguiente artículo (III), cabe matizar que la postura materialista implica un "determinismo causal" pero no sin simploké, es decir, el materialismo implica una libertad material y causal, pero no un "todo esta relacionado con todo" o "una sola" cadena de determinaciones causales unilateral y unidimensional determina el "todo"; sino que el materialismo es negativo (dialéctico) y por lo tanto implica la "symploké": "todo tiene una causa, pero no todas son reductibles a una original", o un "todo tiene su determinación causal en el todo, pero no todo esta relacionado o determinado por el todo". Concluimos (II) que el materialismo no es un monismo, aunque sea "determinista causal"... 






domingo, 4 de enero de 2015

La inexistencia ontológica de la libertad de expresión (I)



A sabiendas de que debo ser una persona competente y ordenada, ni tan siquiera sé si llego a la segunda, la necesidad de clarificar conceptos comunes en la actualidad política empírica es apremiante; pues para la segunda parte de las reflexiones en torno al marqués de Sade, ya habrá momentos en este blog más tranquilos y sosegados para hablar de ello. Lo que hoy, -asfixiado por el trabajo de un estudiante mal organizado- me lleva a aplazar mi propio trabajo y las reflexiones a-temporales sobre Sade, y atender a la "actualidad" filtrada por los anteojos de la filosofía, no es otro que un tema general, derivado de un hecho concreto y nacional, circunscrito en los límites de nuestra más que unida, limpia, higiénica, ordenada y cohesionada nación. Pues bien, a raíz de la puesta en vigor de la ley mordaza (ley ciudadana para los tecnócratas, no para los ciudadanos), su "noticialidad" y publicidad, a uno se le planteó el problema de la posibilidad o imposibilidad, legitimidad o invalidez de la "libertad de expresión" en una comunidad política; no sólo en ciertos regímenes concretos y materiales, como pueden ser las democracias liberales administradas o las socialdemocracias neo-burguesas; sino en el reino categorial de las ideas políticas. Realmente el tema se me presentó a través de una experiencia personal: como consecuencia de una invitación (pequeño-burguesa) a la manifestación (pijo-progre) de no quiero acordarme que día del mes pasado, contra la susodicha y sobada "ley". De mi aceptación de la invitación, primariamente intuitiva - a uno le van más los saraos que  a un tonto un lápiz- surgió a los pocos minutos de reflexión, la certeza de que dicha manifestación no sólo sería una manifestación juvenil (soy de naturaleza misántropa, pero si son ya gente de mi edad, ¡no respondo de mi!...) sino que además se reuniría en tropel, el conjunto de politólogos, universitarios de papá y demás desencantados del mundo del "fundamentalismo democrático", como dice el bueno de Bueno. Una reunión semi-festiva del "pensamiento Alicia" en el que se reivindicarían conceptos (demostraremos que no son tales) o nociones políticas formales y abstractas, despreciando el contenido material o la lógica dialéctica que encienden; nociones que lejos de ser neutrales y "evidentes" (claras y distintas) a un nivel filosófico, son  altamente ideológicas y sectoriales, cuestionables y confusas, ambiguas y erróneas etc.  

Antes de entrar en faena, es necesario matizar que ante tal problema filosófico, me veo obligado a distinguir política y filosofía como dos ámbitos distintos, dispares y hasta incluso inconmensurables, para advertir, que mi posición filosófica sobre el concepto no es mi posición política sobre el asunto, por mucho que mi actividad o acción política se vea altamente influenciada por mi función filosófica (disculpen el atrevimiento); pues elaborar y tejer un discurso en el contexto abierto y luminoso del espacio público es en cierto sentido un "acto de habla" performativo; un discurso (más o menos acertado) es una forma de "hacer" cosas, de actuar "con" y "respecto" a otros. De este modo, mi postura política se ve influenciada y determinada por mi análisis filosófico de la cuestión, de ello que a los minutos de haber confirmado mi noble presencia (así se habla entre burgueses), de un modo automático, me apresuré a declinar la invitación, por la crítica filosófica y el "desprecio" que me merece la ideología mantenida en esa manifestación. El caso, es que debo dejar claro que mi postura política sería siempre una postura de resistencia, de reacción contra el poder establecido, y aún más ante un gobierno que no es ni liberal, ni conservador, ni tan siquiera "es", pues gestiona y administra de tal modo, que ni la figura del presidente resalta o se vislumbra de manera nítida, ¿quién sabe si ya hay un nuevo gobierno "de negro"? De modo que mi posición política consiste en negar y oponerse a la falsa legitimidad de un gobierno como el actual, no en todas sus medidas, pero si de un modo general en su ideología pragmática y tecnócrata o en sus excesos en la intromisión, instrucción o pedagogía ciudadana. 

Mi análisis se centrará en una desintegración del concepto concreto de "libertad de expresión" en el sistema democrático, que en este caso deriva de la experiencia empírica de la dinámica de una democracia homologada, pero que sería válido para cualquier contexto en que se formulara de la misma manera dicho derecho o concepto. Dicha desintegración se basará en la inscripción del concepto bajo las coordenadas y esquemas del materialismo filosófico (G.Bueno), un sistema dialéctico negativo que consigue disolver y deconstruir conceptos mal formulados o cosas que ni tan siquiera son conceptos, como es el caso de la libertad de expresión. Pues dicha noción baila sobre la tumba de la verdadera libertad, se justifica bajo la concepción de la libertad como libertad de elección o de decisión, una formulación formal y abstracta que elimina cualquier red de determinaciones causales y materiales, una noción vacía de contenidos y fundamentada bajo el "voluntarismo" más absoluto (incondicionado) que supone un irracionalismo de lo más vulgar y grosero, como enseguida demostraremos. Pues, declarar como derecho fundamental el expresar libremente las opiniones, pensamientos e ideas, mediante la palabra, el espíritu o cualquier otro modo de expresión, así lo recogen la mayor parte de constituciones homologadas (la nuestra lo es) y también así lo recoge la "Declaración Universal de los Derechos Humanos"; es declarar como derecho absoluto, eterno y natural, algo que no viene dado por divinidad alguna, o por concesión intersubjetiva de la humanidad, pues ni "todos" lo firmaron, ni tan siquiera existe la sustancia "humanidad". Además sus únicos límites, vagos y confusos, cambiantes teóricamente según convenga, son los restantes derechos que se presentan en sí mismos como también eternos y absolutos, como código o marco unidimensional de lo pensable y lo posible, como una demarcación axiomática auto-suficiente y armoniosa que no necesita nada "exterior" a ella para existir, y de la que no cabe su opuesto dialéctico, su antítesis; pues "fuera", un "más allá" del marco del código de derechos fundamentales, no cabe nada "existiendo", fuera de los límites de los derechos (de lo legal o jurídico, sea internacional o nacional) no hay nada real o sustancial, nada que no este contenido en el derecho puede ser aceptado, legítimo o discutido en tanto que político-cognitivo. Ese "existente" sin opuesto, es en si mismo una ficción jurídica, una maya circunstancial, un epifenómeno ideológico que no corresponde con la "objetividad" o imparcialidad si se quiere de una filosofía política que estudie de raíz y fundamentalmente los conceptos y categorías políticas.  

Si se vulnera este código se entiende que la democracia realmente existente es de baja calidad, es deficiente, mínima o que esta corrompida; se ve pues, como una proto-democracia, un ante-proyecto de democracia, en relación con su ideal abstracto de una democracia "pura", absoluta y angelical, a la que debe adecuarse y asimilarse la nuestra, empírica e imperfecta. Así la libertad de expresión aparece como un principio ético-político fundamental en la teoría liberal (desde Locke, Mill, Hume, Smith o Montesquieu...) y de su concepción de la democracia. Pero realmente, en su contenido material no se dice ni se consigue nada, pues con simples declaraciones universales, formales sin contenido y planteadas desde la ficción del "individuo" vacío y desnudo de sus determinaciones materiales, esto es, causales, y su condición en el mundo, esto es, su perspectiva y posición en un sector del mundo antagónico y contrapuesto al resto sectorial del mismo, y sin biografía; no se consigue una teoría que describa el funcionamiento y la lógica propia de la realidad político-social. Pues es evidente, que la mera formulación y mera universalización no sirven ni para el reconocimiento efectivo, pues el reconocimiento es un proceso material, entendiéndolo como "symploké" platónica, como ya se dijo en el artículo sobre la solidaridad polémica y orgánica. Por lo tanto, la libertad de expresión necesita responde a "quién" lo dice y al "qué" se dice (la misma crítica que se hizo y debe hacerse al falaz "derecho a decidir"), no puede ser independiente del contenido, pues en su aspecto formal ya va implícito un contenido-formal-contingente (a efectos prácticos, no así en teoría) que es ideología y propaganda del fundmanetalismo democrático. Entonces, si aceptamos la pura forma, estamos presuponiendo y aceptando implícitamente y como inherente a la libertad un determinado, efímero, re-ductivo y contingente contexto ideológico, pues el contenido material, por mucho que no lo formulen los liberales, es efectivo y real, quizás escondido, invisible o silencioso, pero inherente a toda producción teórica; toda reflexión nace de un contexto histórico-material dado, y sigue una ley y una lógica inflexible, aunque asimétrica y discontinua, que determina el contenido de esa teoría.

Vemos pues, que la declaración del derecho a la libertad de expresión es un dispositivo ideológico formalista operativo, que funciona asimilando todo contenido ideológico posible, y en tanto que contenido formal, todos comparten el ser susceptibles de ser expresados, legitimados así por el mero hecho de ser contenido formal de la "meta-forma" teórica que es, su declaración universal. Operaría como una suerte de asimilación de los contenidos unidimensionales (no negativos, materiales o dialécticos) que aparecen en el orden del discurso constituido jurídicamente y producto de una ideología que implícitamente responde a un orden material (por necesidad inherente y real), oculto, no declarado y silenciado. Siendo en sí misma (la declaración universal o formulación formal) una pura ideología que se muestra como neutral, pre-política si se quiere, y lo que es peor, como reguladora y normativizadora de lo legítimo (válido), lo pensable (justificado) y lo real (posible). Por lo tanto, cualquier "contenido" de la "expresión" por el mero hecho de ser expresa-ble, esta justificado y es legítimo para ser expresado efectivamente, de hecho. Una suerte de relativismo de las opiniones, una especie de "todo puede decirse y expresarse", pues por el mero hecho de decirse y expresarse, se re-afirma el derecho de expresión (que es su finalidad); cuando debería ser legitimado por lo que se dice, no por el mero hecho de poder "expresar", pues decir o "expresar" es algo que incluso se puede hacer en dictadura (hablo desde un punto de vista ontológico-práctico, no puro-práctico).

 Antes de continuar en el siguiente artículo la demostración de la inexistencia conceptual del "derecho a la libre expresión", matizaré algunos puntos metodológicos. Como decía al principio, las consecuencias de lo dicho obedecen a una cuestión filosófica, no política, ni mucho menos ideológica, pues no estoy ni a favor ni en contra del derecho a la libertad de expresión, pues ni yo ni nadie pues estarlo, al no existir como concepto. Dicha futura demostración, no representa ninguna hostilidad, ataque o riesgo para la política y su orden fáctico, pues el compás del universo discursivo esta totalmente abierto, esto es, con suficiente plasticidad, multiplicidad e impermeabilidad, como para que desde la filosofía se destruyan sus cimientos y pilares (de la "verdad") sin suponer una amenaza para la política. Otro asunto es cuando el compás esta cerrado, y ya no queda en un sistema político "X" ninguna otra posibilidad que escoger entre "A" o "B", entre "esto" o "aquello", entre los bandos o facciones empíricas que se hayan construido y contrapuesto (entre blanco o negro); pues en ese momento la filosofía ya no tiene espacio, no tiene ámbito ni dimensión, no tiene nada que hacer. Es momento de la acción política y si se quiere, aunque el término este masturbado y sudado colectiva-mente, tiempo de "compromiso", de acción directa y de restablecer la apertura y curvatura del compás, para que la filosofía entre de lleno; como es el caso del momento actual. Puede que se este cerrando (especialmente en Cataluña) pero ni mucho menos como lo esta en Oriente, o en la Europa del este...







domingo, 28 de diciembre de 2014

En torno al Marqués de Sade (I)



Un personaje histórico altamente interesante en su peripecia vital y como filósofo menor de la ilustración invertida (negativa) o anti-ilustración; pues como el primer pornógrafo, sus novelas y textos - eróticos dicen algunos, pornográficos los considero yo (sin ningún tono peyorativo) - sirven de pretexto y modo de ocultación de una escritura irónica e hiperbólica (al estilo de Descartes), cuyo contenido polemizaba y cuestionaba, no solo el orden de reglas y normas morales de una sociedad ya alienante; sino que cuestionaba (directamente las negaba) las más altas creencias y convicciones sobre Dios, la religión, la naturaleza (también la naturaleza humana), el hombre y la relación antagónica entre el bien y el mal absoluto, polemizando con Kant, Voltaire y Rousseau. Oponiéndose así a todos los principios y al proyecto mismo de la Ilustración, pues la "diosa Razón" no era otra cosa que una explotación y una "prostitución de la Razón", capaz de defender y justificar cualquier atrocidad ( el terror de Marat y Robespierre).

 Este personaje es el entrañable Marqués de Sade (1740-1814), nacido en el seno de una familia de la antigua nobleza francesa; desde los catorce años servia como soldado del rey, y llega a participar en la guerra de los siete años. Formado en el servicio de las armas, por instigación familiar, llega a ser administrador real y gobernador de Provenza, casándose (matrimonio forzado) con la hija del presidente del tribunal superior de impuestos de  Montreuil. Confrontado en una relación de amor y odio radical con su suegra, llega a ser protegido por ella en diversos escándalos que sobrepasan el libertinaje, y a su vez acusado por ella por los mismos motivos. Dichas idas y venidas psicológicas siguen la misma lógica que la economía corporal de nuestro marqués, pues estuvo encarcelado por el antiguo régimen, su suegra (diez años en prisión), y por los revolucionarios; que lo acusaron de "moderantista" durante la revolución francesa de 1789. Viajes de ida y vuelta a las mazmorras que no complacían sus prácticas sexuales de "placer-tortura", pero que ayudaban a establecer un orden silencioso de trabajo, pues allí escribía sus homónimas novelas pornográfico-filosóficas. En su encarcelamiento como "moderantista" de 1794-1795 escribió La filosofía en el tocador, una de sus obras más conocidas, cuyo contenido filosófico es equiparable a obras como el "Cándido" de Voltaire, o el "Emilio" de Rousseau. Los escándalos le acompañaron siempre, no por el libertinaje y el adulterio, pues eran moneda de cambio entre la nobleza, según nos cuenta Safranski, sino por el establecimiento de "rituales" cotidianos de daños sistemáticos al cuerpo, orgías homosexuales, incestos, envenenamientos, pedofilia, torturas etc. Un largo listado de perversiones y parafilias que servirán como mina de oro para teóricos como Adorno o Freud.

El escándalo más sonado fue el caso "Rose Keller" (1763), que según nos cuenta Safranski, el propio Sade no admitió, y hoy día no sabemos si la mitología que le acompaña es del todo verídica, si esta exagerada, inflada y sobre-explotada (...) Como iba diciendo, a Sade se le acusó de azotar a una prostituta, luego le produjo cortes con un cuchillo y derramó cera caliente en las heridas y la incitó a la lascivia con símbolos cristianos, mientras le introducía hostias en las diversas oberturas de su cuerpo. También fue acusado diversas veces de intento de asesinato, torturas y envenenamiento de prostitutas y niñas. Dichas acusaciones y castigos hacia su persona (encarcelamiento sistemático) no me llamarían la atención, si no fuera por la coincidencia entre su figura corruptora y "siniestra" y los nuevos cambios en las técnicas, dispositivos y estrategias del poder. Porque en el S.XVIII, como muy bien reflexionó Foucault en "Vigilar y Castigar", se produjo un cambio de los juicios penales, las estructuras políticas (panóptico) de control, castigo y disciplina, y las relaciones espacio-temporales en lo público y lo privado. Los castigos penales del S.XIII al S.XVII se basaban íntegramente en el suplicio público al cuerpo, en el espectáculo de la tortura, en la "marca", la "huella", y el "rastro" de la condena inscrita en el propio cuerpo carnal ante una plaza pública, una multitud de personas cómplices y participantes, que le reconocían el delito, la pena y la culpa. La paradoja se produce en que, mientras las nuevas técnicas y estrategias sutiles y espirituales (las penas se centraban en la pérdida de bienes y de derechos, y no en el castigo y suplicio público al cuerpo) de castigo y poder se ocultaban, silenciaban, ensombrecían y se privatizaban, Sade construyo un mundo, de la orgía pública, del goce universal, de la supresión y sustitución del poder por el placer y el goce, de la racionalización de las relaciones, al gobierno de las pasiones desenfrenadas etc.

 Podemos decir desde la perspectiva de hoy, que Sade publicitaba con sus ideas la "antítesis" de los tiempos, denunciaba la incoherencia y contradicción de la política para con la vida natural-ontológica, y encendía los motores de la dialéctica y la lógica de la desintegración de lo establecido. Iniciaba un período de negación material de lo real a través de sus obras literarias, de sus gestos textuales; además de ejemplificar vivamente la contradicción entre las lógicas, dispositivos, técnicas y redes de relaciones del poder institucional y estructural espacio-temporal de las relaciones sociales, y el retorno irónico e hiperbólico de la simplicidad y desenfreno (liberación y emancipación) del orden natural. Dicho de otro modo, de aquella complejidad que denunciaba Foucault de las relaciones normativas y reguladoras al margen de la ley, como producto político, y la racionalización de los espacios y ámbitos vitales que se estaban llevando a cabo en el S.XVIII; Sade aparece como la contradicción de los tiempos, la antítesis, el anacrónico, el anti-hombre (anti-cristo), en definitiva el adanismo de su tiempo. Pues promulgaba un retorno a la ley natural, la supresión del fundamento de las normas morales y sociales, sus ideas eran el antagonismo y la subversión del propio fundamento de la cultura. La posición e individualidad de Sade promulgaba "lo contrario", el retorno al mandato e disposición de la ley natural (Eros y Tanatos), es decir a la supremacía del "principio de placer" frente al "principio de realidad" constitutivo de la cultura y la civilización. A la sublimación del goce frente a la sublimación como productividad social de la cultura y las artes (oponiéndose a Freud); a la destrucción de las normas sociales, a la eliminación de toda verdad absoluta como fundamento de la política (algo que recogerán filósofos como Dewey, W.James, Rorty o I.Berlin). Sade es pues, una resistencia a la gobernabilidad de los instintos naturales; una resistencia al nuevo "sistema" regulativo y distributivo (espacio-temporal) que se estaba conformando en la Francia ilustrada. Pero lo que aún es más importante, es el subversivo y antagonismo ontológico de los cimientos de toda civilización, de los fundamentos de toda cultura descritos por Freud: orden, limpieza, represión libidinal e instintiva,sentimiento de culpa, necesidad de castigo, justicia, ciencias y artes. Sade es la representación intelectual y vital de la inhibición de la autoridad, de la conciencia moral, del sentimiento de castigo no como oposición, sino como sinónimo del placer, de la liberación de Eros y Tánatos, como binomio incontrovertibles sin oposición alguna, vinculando así destrucción y placer, muerte y amor, como lo hará Freud posteriormente. Pues, y aquí reside la cuestión, ¿cabe afirmar a Sade como un gran irónico e hiperbólico filósofo, al estilo de Descartes, que demostró la existencia de Dios a través del "genio maligno"; y por lo tanto interpretarlo invirtiendo todo lo que dice; como la antítesis de Freud? o ¿interpretarlo "literalmente" y concebirlo como un "proto-Freud", un precursor de las tesis de Freud? Ahí reside la problemática; sin embargo nada de lo dicho contradice las similitudes y diferencias con su tiempo (según la descripción de Foucault), con los fundamentos de la cultura según Freud, o con las oposiciones y conflicto entre naturaleza y cultura de sus contemporáneos (Rousseau).

Su figura como vemos es controvertida y polémica, entrañable y divertida si no llegamos a comulgar con su mito y nos acercamos al pensador que se esconde detrás de una pluma llena de talento e ironía, aunque quizás falta de la calidad e inteligencia literaria en algunos momentos. Pero de lo que no cabe duda, es de la frescura, radicalidad y originalidad de sus planteamientos filosóficos que subvirtieron el orden de una sociedad alienadora y reaccionaria como la del antiguo régimen; y levantaron odios y furiosos ataques por parte de los revolucionarios (su peor enemigo fue Rétif de la Bretonne, el ideólogo de el Burdel del Estado), al cuestionar sus ratio y fundamentos para la acción y la actividad del terror. Ya en el primer y tercer diálogo de La filosofía en el tocador, el "pérfido" marqués nos construye el marco sobre el que girará su temática: la legitimidad del mal absoluto y la inhibición del bien, la inversión de las normas y reglas establecidas respecto a lo bueno y lo malo, es decir la negación del consenso y el pacto (contrato) social, la propiedad privada o pública de los cuerpos concretos (...) Además podemos deducir que sus preguntas e interrogaciones podrían ser como estas: ¿existe o no existe un derecho del cuerpo individual para el placer? ¿es el hombre dueño de sus gustos e inclinaciones?, ¿debemos obedecer a las disposiciones naturales o suprimirlas por leyes culturales?, ¿si Dios a muerto, todo esta permitido?, ¿la razón puede justificarlo todo, atrocidades, asesinatos y violaciones?, ¿existe la obligatoriedad del goce; todos tenemos derecho a él?, ¿si somos republicanos e ilustrados, democratizaremos el goce y el placer disolviendo la individualidad?, ¿se puede instruir y educar en el amor y el placer?, ¿amor y placer, son cosas distintas?, ¿es posible el "amor puro" (a dios y entre los hombres)?, ¿cabe hablar de delitos, penas y culpas absolutas; existe la verdad pues? etc.

Un bloque temático de cuestiones que hemos desplegado esquemáticamente, pero que necesitan argumentación, toma de posición, crítica y polemización con otros autores, como Kant, los ilustrados franceses y Freud...















domingo, 21 de diciembre de 2014

Gustavo Bueno y la solidaridad polémica (yII)



Como hemos visto en el artículo anterior, el concepto de solidaridad, vamos a llamar realmente existente ( fundamentalismo democrático), presupone teóricamente dos fundamentos erróneos o falsos, estos son la idea de una sustancia como género humano, y la solidaridad en perspectiva monista, sometida a una realidad unidimensional, continua, unilateral, concatenada todo con todo etc. Es decir presupuestos que pueden desmitificarse fácilmente, pues la discontinuidad en la realidad es evidente, las contradicciones y los cortes o rupturas conflictivas son la lógica y dinámica propia de la historia. Y en el caso del género humano, podemos aducir que es una idea infundada en una, quizás mala interpretación, del primer Rousseau y la filosofía del "buen salvaje", de un individuo natural aislado y dado como acabado e irreductible en sí mismo, desposeído de un contexto y por lo tanto de una eticidad (hegeliana). No existe tal origen o inicio del "género humano", pues la primera aproximación al hombre y lo primero que es dado como primates-homínidos son los Australopithecus, Neanderthales (...) cuya condición de "personas" es inexistentes para poder considerarlas humanas; ya resultaría difícil llamarles "hombres", piensen que se haría hoy día si apareciera uno por alguna de nuestras casas, nuestras ciudades y demás, lo más probable sería una detención y estudio al estilo cobaya, una vulneración directa de los derechos humanos. A veces las categorías antropológicas echan por tierra conceptos metafísicos desligados de la realidad y fácilmente perfilados por oníricos planteamientos; y en este caso es evidente, pues el hombre es el resultado de un proceso evolutivo y una cadena o sucesión de determinaciones naturales que despliegan la "condición humana" de manera progresiva y evolutiva, nunca dadas de manera inmediata.

Como decía, hemos detectado dos nociones de solidaridad, la realmente existente que G.Bueno identifica como solidad armónica: la relación entre realidades que se identifican y se asimilan como continuas y unilaterales, que conspiran y aspiran a un mismo propósito y fin subjetivo, un mismo propósito voluntarista, pero que es capaz de armonizar la realidad objetiva y material. Y por otro lado, identificamos la solidaridad polémica, como dice Bueno: que consiste en una solidaridad del conflicto, la lucha, la oposición y la tensión entre partes que se niegan, entre grupos constituidos solidariamente "frente" a otros; una solidaridad interna de la enemistad externa y la animadversión, figuras que permanecen juntas y unidas para luchar entre sí, es decir, choque necesario entre solidaridades diversas y distintas, con fines distintos. La pretensión ideológica del fundamentalismo democrático consiste en eliminar la solidaridad polémica del marco de lo conceptual, de lo pensable y del espacio de la acción posible, pues funcionando como el universo cerrado unidimensional de Marcuse, la alteridad, la discontinuidad o el antagonismo radical, no pueden ser aceptados por la ideología dominante re-definitoria de lo real y lo posible. El fundamentalismo democrático opera pues como una suerte de ideología positiva unidimensional y sustituye la solidaridad polémica (la ontológicamente real) por la solidaridad armónica como única e indiscutible posibilidad y noción del concepto de solidaridad, niega así, no solo su ontología, sino su intrínseca polisemia. Llegados a este punto, Bueno, introduce una distinción de Durkheim sobre el concepto de solidaridad, una introducción afortunada para concretar y definir mejor, en qué consiste y cuál es la estructura ontológico-antropológica de la solidaridad; para Durkheim existen dos tipos de solidaridad en sociología: a) Solidaridad mecánica: es la solidaridad más primitiva, propia de "cosas iguales", es decir de sociedades pre-estatales, es decir comunidades totémicas o pre-totémicas si se quiere, cuya organización se produce a través de la fórmula igualdad=solidaridad, pues siguen la estructura de las tribus de anillos repetidos, es decir comunidades o pueblos que se organizan según una sucesión de anillos  distributivos y productivos, concatenados y progresivos como el cuerpo de una lombriz. b) Solidaridad orgánica: es la solidaridad propia de comunidades estatales y plenamente políticas (eticidad), donde la solidaridad se da entre organismos de partes heterógenas, engranadas y conectadas a-simétricamente unas con otras, en una totalidad orgánica múltiple, cuyas partes son inseparables, pues cada una es el eslabón necesario y suficiente para una totalidad orgánica y holística (pues igual que en un cuerpo humano, el todo es más que la suma de sus partes y algo distinto a ellas).

Para Durkheim pues, la solidaridad es eminentemente orgánica, es una necesidad y una determinación social, pues evoluciona al mismo tiempo que se transforman y cambian las organizaciones distributivas de las comunidades humanas. De la misma manera Bueno acepta tal distinción, y fecunda su concepto de solidaridad, que no es suyo en un sentido subjetivo, sino una elaboración objetiva (teórica) suya; pues une la solidaridad polémica con la solidaridad orgánica, noción ontológica y antropológica, que van con-sustancialmente ligadas y unidas en Bueno. Reforzando así la dinámica dialéctica, pues el organismo social apoya la organización de bloques o conjuntos heterogéneos y contrapuestos que se unen y constituyen en oposición a otros, frente y contra un tercero ajeno y distinto; por lo tanto si desaparece la oposición desaparece la solidaridad y el organismo mismo, esto es la ciudad o estado, cosa que históricamente no ha sucedido, pues las comunidades políticas han desaparecido por invasión externa, o bien por el predominio de un grupo interior solidario, pero no por la independencia absoluta de cada uno de sus miembros como un organismo autónomo. Un ejemplo de ello es la solidaridad obrera frente al capataz, la solidaridad de los ladrones frente a la ciudad, la solidaridad de los tiranos frente al pueblo, expresiones que poseen un sentido, y no la solidaridad humana, o la fiesta solidaria de la gamba roja, la paella solidaria de Marbella etc. Que no poseen ningún sentido, pues no dicen contra qué o quién tienen o necesitan ser solidarios, cuál es el obstáculo o límite antagónico. Como vemos, el concepto de solidaridad, se ha tomado siempre de manera positiva (claro y distinto) como una virtud o un valor en sí-mismo, y de una manera formal, un formalismo que conduce a presuponer implícitamente juicios de valor y categorías ontológicas que un formalismo abstracto no puede otorgar, más que por medio de la concreción en sus contenidos; es decir la solidaridad no puede verse formalmente sin su contenido material específico, se es solidario no en-sí, sino para algo específico. De este modo, las declaraciones por ejemplo de los políticos, cuando califican a un colega o compañero de "solidario" carecen de sentido y entidad, es necesario requerirles que especifiquen de qué contenido: ¿Ante sus amigos empresarios, ante sus amantes , ante sus camellos, ante sus abogados y a veces psiquiatras?

Para finalizar, G.Bueno realiza un análisis de la estructura biológica de la solidaridad, para demostrar que el intento de ampliar la solidaridad con los animales y el reino natural, es un contrasentido y obedece a criterios ideológicos y no filosóficos; pues dicho concepto de solidaridad polémica y orgánica en el reino animal y vegetal, es exactamente la definición de la Biocenosis. La tesis se sustenta en la misma idea de discontinuidad: los organismos naturales no se encuentran aislados, separaos e independientes unos de otros  (ni una célula, ni un árbol), irreductibles y desconectados de la red causal de determinaciones naturales; siempre viven condicionados pos su "población". Aquello que los biólogos llaman población, es una acumulación de organismos de una especie; cuando el conjunto forma una unión estable, que se reproduce, crece o decrece, es necesario que ese conjunto no este constituido por una sola formación, sino por muchas especies y poblaciones que por su carácter heterótrofo se alimentan unas de otras, y conforman una suerte de red de relaciones solidarias, en la que dependen unos de otros. La solidaridad orgánica es una solidaridad de organismos y seres vivientes heterótrofos, una solidaridad polémica (biocenosis), ya que su solidaridad supone la muerte constante y sistemática, la alimentación entre ellos es permanente y fija, de unos contra otros. Entonces, hablar de solidaridad con la naturaleza, es hablar de biocenosis, una solidaridad igual que en plano antropológico, polémica y orgánica, una superposición de grupos solidarios entre ellos y opuestos a otros, que les permite permanecer unidos y cohesionados en su solidaridad, subsistir en definitiva. Desmontando así, el mito de la Europa como unidad espiritual, sin conflictos ni contradicciones, unidimensional y acabada, cuyo problema es la voluntariedad y el deseo efectivo de sus componentes, y no su desarrollo dialéctico material, en que se ha construido como depredadora, parásito y devoradora de "otros". Quién piensa aún que la unión europea no se mantiene para competir con China, la India o EE.UU. Sin mitos intelectualistas o espirituales; la construcción de Europa es un acto de solidaridad, no como categoría moral, pues la solidaridad moral sustituye las verdaderas virtudes y valores como la generosidad de la Filia aristotélica o el Agape bíblico, o la caridad (caritas) como amor sin temor a pérdida agustiniano; sino que se mantiene como proyecto político en el más amplio sentido del término.






sábado, 20 de diciembre de 2014

Gustavo Bueno y la solidaridad polémica (I)



El concepto de solidaridad en nuestros días, es usado con total arbitrariedad, gratuidad e ignorancia no sólo por parte del más pintado hablante común, sino incluso por los más destacados "intelectuales" representados por la industria cultural. Se han llegado a escribir incluso artículos  y libros, y dictado conferencias (Ricoeur y Honneth) fundados en la solidaridad como ratio y centro de las categorías políticas y morales, como solución a los problemas políticos y éticos de la comunidad; es más, se ha llegado a citar, nombrar y deletrear dicha palabra hasta la extenuación y la saturación, llegando a conformar una suerte de escatología filosófica o masturbación analítica de la idea. La explotación de conceptos como solidaridad, paz, caridad, tolerancia, democracia, derechos, libertad, son en nuestras sociedades occidentales, el nuevo "opio del pueblo", y si además sumamos el fundamentalismo científico y socialdemócrata que todo hijo de vecino debe soportar, encontramos una poza perfecta para que el filósofo chapotee y se divierta con el fango y bajezas del "Pensmiento Alicia", como diría Bueno.

Gustavo Bueno (1924), es a mi juicio, la figura junto con Ortega, Zubiri y Zambrano, más destacada del pensamiento español estrictamente filosófico; y por supuesto el único filósofo español vivo (perdónenme: G.Albiac, V.G.Pin y F.M.Marzoa); pues filósofo es aquel que como hoy, ayer y siempre, posee un sistema filosófico ( o es un descubridor de alguna hazaña en historia de la filosofía y ha ampliado el horizonte de los conceptos de la tradición o de algún autor), y Bueno posee el flagrante y polémico "materialismo filosófico" como estandarte de sistema. Cierto es, que el sistema del materialismo filosófico cobijado entre las paredes de la Fundación Gustavo Bueno en Oviedo, es una corriente que ha creado secta; pues visionados casi todas las teselas, conferencias y sesiones de la fundación, y leyendo numerosos artículos; a ninguno del gremio (al que aún no pertenezco) le gustaría asistir como objeto de sus reflexiones, pues sería rápidamente deconstruido o destruido por un ejército de seguidores furibundos, discípulos agresivos e yihadistas del materialismo filosófico; cuyo objeto es promover y promulgar la filosofía de Bueno por la tierra y el universo, la escuche éste o ignore siquiera su existencia. Aunque caricaturesca, certera y precisa es mi apreciación del asunto, pues mucho le debo a Bueno, entre otras cosas el decidirme por estudiar filosofía (noble pero desagradecida tarea); por ello mismo no puedo menospreciar sus obras, artículos, conferencias (espectáculo digno de ver) o "broncas" literales en televisión. Encuentro en él, un filósofo con sistema, sólido, duro, preciso y riguroso, quizás demasiado enquistado y escayolado en su sistema, pero es lo que tiene tenerlo y usarlo; y como diría Arendt de Heidegger, veo en él un zorro atrapado en su misma trampa, un filósofo que se hace ideas de todo, y que cae en su propia idea como trampa.

El concepto de solidaridad, es un concepto sobado y amortizado hasta sus límites de decencia, así pues, he visto necesario ver que decía el bueno de Bueno sobre dicha cuestión, pues realiza un análisis ontológico, antropológico, jurídico y lógico de su estructura conceptual. Aquí me centraré en deshilachar la estructura metafísica del problema como aproximación a la des-activación operacional y funcional del mismo. El término de solidaridad se presenta necesariamente fundado (tal y como se usa hoy) en la noción más ambigua y sospechosa, de "género Humano" o "humanidad", un sujeto que no responde y una sustancia que no existe. Según Bueno, el género humano sustituye la función que cumplía Dios como unidad y creador de el mundo como auto-salida de-sí (de Dios), y despliegue de una auto-creación, una multiplicidad que se va creando a si misma; esto es, el hombre y el mundo. De la misma manera, dice, el género humano actúa como ese origen de lo auto-generado que son los distintos pueblos, culturas, comunidades (...) que nacen unidas y se separan, según una interpretación bíblica, por la caída y el pecado original. y según el marxismo por a-simetrías o discontinuidades materiales (existen mil interpretaciones antropológicas, psicológicas, políticas o éticas del asunto). Y que a lo largo de la historia se re-ajuntan y vuelven a unir, para dar lugar al "fin" de la historia, de los hombres, el crepúsculo del progreso o el último canto del cisne de la humanidad. Esta Humanidad sufre una caída, se dispersa y se enajena, se aliena en sus partes, hasta que se juntan y surgen los lazos de solidaridad, como máximo sentimiento evolutivo y avanzado del género o especie humana, como objetivo y propósito de la humanidad, cuyo reconocimiento va más allá de las relaciones mercantiles y jurídicas como dice Ricoeur. Éste es el concepto de solidaridad hoy; una solidaridad con el género Humano; una solidaridad como tendencia o virtud a reunir a todos los hombres en una sociedad de "paz perpetua" de fraternidad, hermandad y caridad (amor), en unión y armonía.

Dicha noción de solidaridad que vemos reflejada en la ideología del Pensamiento Alicia, en la "alianza de civilizaciones", en los discursos políticos nacionales e internacionales, en los debates televisivos, en la conversación con nuestra vecina pitonisa etc. Toma como presupuesto, la necesidad de una reconciliación, reconstrucción o re-escritura del género humano, aceptando así dos implicaciones: a) La existencia misma de un sujeto que es sustancia que es la humanidad, y que es anterior y original; b) La sustitución de las funciones de Dios (res infinita) por otra sustancia: la humana. Implicaciones altamente cuestionables, pero que no podemos ni debemos abordar aquí. El tema es la solidaridad en tanto que "simpatía por todo el mundo", simpatía por lo humano, por el origen que nos une y nos hace hermanos, nos determina mediante relaciones fraternales y de parentesco, de pertenencia y unidad original; ideas que Bueno identifica propias del S.XVIII y el monismo de H.Henkel y Oswald Spengler, monistas materialistas (burdo materialismo, no el filosófico). Analizando así la estructura antropológica y ontológica del concepto de solidaridad, fundado y constituido en el género humano como sustancia y una interpretación monista del mundo, una suerte de "todo esta relacionado con todo", algo muy distinto a que todo este co-determinado o concatenado por algo, un "todo tiene relación con algo", pero no todo con todo.  Por lo tanto, Bueno no se opone a concebir la co-determinación o concatenación causal de la realidad monista, sino a su total sustancialización y cierre, se acepta pues la "conexión" universal pero no total de todas cosas o elementos constitutivos con sus "otros".  Se afirma así que no existen elementos aislados, independientes o desligados de alguna relación o condición, de alguna determinación, pero no desde una perspectiva monista, pues el materialismo filosófico es pluralista, y acepta la "causalidad", el hecho que cada cosa este conectada o vinculada con otras, pero no que "todas lo estén con todas". Esto es lo que Gustavo Bueno llama la "symploké" platónica, es decir: la tesis que sostiene que si nada estuviera relacionado con nada, no podríamos conocer nada, y si todo estuviera conectado con todo, es decir si todo estuviera en todo y viceversa, entonces tampoco podríamos conocer nada; es necesario pues, un principio de discontinuidad como estructura de la realidad y la propia razón misma. Una discontinuidad, un corte o ruptura con un todo relacionado pero no continuo y recíproco en sus partes. Bueno, pone un ejemplo que a mi juicio es como imagen insuperable, pone de ejemplo un plano reglado, un espacio cuadriculado, un eje de coordenadas reglado, en que cada línea tiene sus paralelas, pero siempre hay horizontales o verticales que cortan y por lo tanto no existe ya la conexión de paralelas, pero todas poseen una y por lo tanto están conectadas o relacionadas con otras necesariamente aunque no simétrica o armónicamente continuas.

Lo mismo sucede con la solidaridad, puede que todo este en relación a algo, que se determine en relación a algo, que no exista hombre o individuo vinculado o conectado, pero siempre se corta y se limita esa unidad en "frente" de otras unidades relacionadas, por lo tanto la relación es disyunta e inconexa, no existe una vinculación de solidaridad con el todo. Dicho de otra manera, la solidaridad es propia de un grupo de personas unido que comparten intereses comunes y los comparten "frente" o "contra" un tercero, contra "otros", contra un obstáculo o límite de tus intereses grupales compartidos; por lo tanto, la solidaridad es un concepto negativo y no positivo, un concepto que se opone, que lucha y niega las determinaciones o condiciones de "otros" grupos solidarios, su lógica y dinámica de configuración en la realidad es dialéctica - es decir, si se es solidario con unos, se deja de serlo con otros - entonces la solidaridad de la humanidad no tendría sentido o significaría: a) solidaridad humana frente a la humanidad, y por lo tanto contra ella misma, contra nosotros mismos, somos solidarios con y contra nosotros mismos, con lo que estaríamos en las mismas (situaciones insolidarias); o en un vacío de significación; b) una solidaridad humana contra los marcianos, contra lo que no es humano, sean animales, dioses etc. Es decir la solidaridad debe plantearse desde el materialismo filosófico como un término dialéctico, esto es, en discontinuidad, ruptura y cortes constantes en la lógica de establecer relaciones de "simpatía fraternal unos con otros", existen pues oposiciones y contradicciones ontológicas en la propia realidad práctica que lo impiden, lo demás, monismos ideales (...) son mistificaciones y mitos políticos.





























viernes, 7 de noviembre de 2014

Burda mediocridad





No es suficiente con tener que enfundarse la lengua en determinadas situaciones, cuyo contexto es propicio al envenenamiento hasta la asfixia de nuestros interlocutores (no siempre deseables), sino que en condiciones normales uno no puede ni tan siquiera respirar a destiempo, moverse asimétrica-mente o no responder con un !Sí señor¡ al toque de corneta; se nos esta prohibido incluso blasfemar sobre lo notablemente falso. ¿A quién se le esta prohibido blasfemar en un país liberal? se preguntará el noble y paciente lector; pues a los no católicos políticamente. Todos tenemos, mucho a nuestro pesar, algún que otro amigo católico, esto es, nacionalista. Incluso tenemos alguna especie exótica y extraña, casi camaleónica si no fuese por su sucio color grisáceo, con problemas de identidad, que nunca se sabe si suben o bajan, que se dicen a si mismos ateos de pro, mientras se masturban en sodomías de catecismo familiar o adoran a figuras totémicas seculares de la trascendencia.

Ciertamente este tipo de vulgaridad y mediocridad, no es nada excepcional, quizás uno mismo, el que escribe como el que esta leyendo, acaten dócilmente imposiciones repugnantes a su siempre higiénica y sana personalidad,  quizás aceptemos obedientemente consignas y propaganda que interiorizamos e identificamos con nuestra condición, sin reparar en la evidencia de la siempre insaciable y constante repetición ideológica de lo privado. No me gustaría recaer en un tono paternal, figura que me repela tanto metafórica como fácticamente, ni caer en una moralización de las costumbres y los hábitos pensando que uno esta libre de pecado. Pero ciertamente no solo mi experiencia personal, siempre reducida, local y provincial (vivo en Cataluña), sino la percepción general en los medios, es la de una atomización del individuo, sacralizado en su creencia de los "derechos individuales" para lo "no-político". Pretenden politizar ellos mismos algo que no tiene porque serlo de normal; una auto-violación o magreo de su propio proceder instintivo, un proceso de saneamiento y limpieza, que obliga al individuo a levantarse cada día con el traje de domingo puesto; como si en los trajes cotidianos no tuviéramos suficientes manchas.  A mi siempre me ha sorprendido, no aquellos que no hablan de si mismos, mentes perversas y retorcidas que ocultan vacíos profundos o banalidades insustanciales, sino aquellos que hablan de sí mismos como si su privacidad fuera una especie de texto sacerdotal, una especie de coto privado sumarísimo, dichos apocalípticos de lo personal deben de tener privacidades muy densas. Además suelen ser los mismos que se dedican a comprar voluntades para su gobierno de las emociones, como una especie de democratización de los sentimientos. Una constante tentación a la inocencia y al infantilismo, al que se recurre para contar las debilidades de las peripecias personales, recubiertas de indomable valentía o incluso actos heroicos, nobles relatos de la burguesía inmadura; cuentos de niños fantasiosos.

La mediocridad no sólo se demuestra en lo cercano, en lo propio, o en la experiencia de las costumbres y hábitos urbanos cotidianos, sino en las estancias más elevadas de la sacristía política, tanto en su expresión celestial en la teoría, como en la institucionalización más rígida y sólida de la misma. En aquellas practicas que vemos como lejanas, recubiertas por la bandera e inscritas en las viscosas tripas de la patria; que convierten los argumentos y posturas ideológicas de sentido común, en un disparate revolucionario, en una anormalidad política que no cabe en el nuevo marco de corrección discursiva y gramatical. Palabras que antes parecían neutrales ahora son propias de "fachas" (siempre españoles, ya se sabe aquello de "sólo se ve la paja en el ojo ajeno"), incluso se llega a confundir el debate político con una discusión personal, las agresiones a ideas políticas, se convierten en agresiones personales. Las ideas son sus nuevas extensiones corporales, burlarse o dañarlas a ellas, es dañar inexorablemente a un cuerpo maltratado, que encima es representación somática del cuerpo colectivo, atacando pues la idea de nación o pueblo, estas atacando no sólo a un sujeto en un plano personal-carnal, sino a todos los catalanes dispersados por el mundo; un disparate en toda regla de la mediocridad. Una regla que predica "no usarás el nombre de Dios en vano" podría traducirse por "no usarás el nombre Cataluña en vano". 

Como iba diciendo, la saturación retórica y sofística del nacionalismo, no solo imposibilita la capacidad de discrepancia (si no estas a favor de derecho a decidir, no eres un demócrata y les estas oprimiendo), sino que ni tan siquiera pueden denunciarse sus abusos como tales, es decir, no es posible deshilachar de una manera objetiva el contenido doctrinal de su ideología y revelar la "verdad"; es decir la verdad que se oculta tras la ideología y el dogmatismo propios del arraigo a la tierra. Su entusiasmo y alegría imposibilita una experiencia rasa de lo que significa levantar un nacionalismo y un proyecto de país en blanco, sin más programa que la superioridad moral y cultural (lingüística) de su Nación. Mediocridad es pues, la postura de esos herederos del relativismo pos-moderno, que sostienen que no hay una "verdad" en política; ni aquella que se revela públicamente, que es iluminada por la luz de lo común. Pensarse que todos y cada uno de los individuos puede presentarse en el espacio público exponiendo sus fantasmas familiares o deshacer  el armario de viejas opiniones, como si los hechos no hablasen con una relevancia y brillantez deslumbrante en ciertas ocasiones: véase la acusación de Arendt al pueblo alemán sobre los acontecimientos del fascismo, o véase los propios hechos del 11M en Madrid. Quién podría negar (dejando de lado a los de la teoría conspiratoria) que esos atentados fueron una respuesta política por un grupo terrorista islámico; quién puede negar que la violencia ejercida era una advertencia, un toque elevado de atención, un aviso de pre-guerra en casa. De la misma manera debemos pues, disponer de una lectura de revelación de la verdad sea según procedimientos o formas teológicas como en Adorno, en que (teología negativa) las cosas se van definiendo por lo que no son; aposentándose por su propio peso y sesgo según el proceso de negación  de determinaciones y condicionamientos inadecuados, llegando al fin a una revelación negativa; o sea de cualquier otro método que no banalizara, simplificara o relativizara la verdad.

Y la verdad en el proceso Nacionalista catalán, es que no es un movimiento ni progresista, ni socialistas, ni liberal, ni socialdemócrata, sino profundamente reaccionario, etnicista y conservador: en su forma regresiva de un pasado (paraíso) perdido orgánico y pleno, que hay que construir en el futuro, a imagen y semejanza del "ser-catalán", cueste lo que cueste. Sea la salida de la Unión Europea, la depresión económica de las clases más débiles materialmente, la exclusión política y cultural, la inclusión de la dialéctica amigo/enemigo en el interior del estado, o el propio ambiente chabacano de provincialismo de ignorancia rampante. Al fin y al cavo, no ver eso sea cual sea nuestra posición, es burda mediocridad.




lunes, 27 de octubre de 2014

"Merendendum" y "Pablemos"



Cada día es una aventura, una avalancha de emociones y extravíos, sensaciones que cualquier mundanal ciudadano descarta a la hora del cafelito del desayuno, demasiado contenta va la gente a trabajar a las 8 de la mañana, como para enterarse que el alcalde de Barcelona, (nadie lo diría, podría ser el amigo invisible de Mas) pasa por serios problemas económicos... miren como se le ha quedado la voz; tan sólo 13 millones de euros en la ya, nuestra amada y deseada Suiza; estoy por hacerme ciudadano espectral... tengo contactos por esa zona, ya veremos como se desarrollan las negociaciones. Dicho "colchoncito" para imprevistos domésticos, fue a sentar sus doradas posaderas casualmente y por azar en Andorra, lugar desconocido para los catalanes, casi ni se conocen, y ni mucho menos es Andorra una tierra de patriotas catalanes, !que grosería¡, insinuar que  Andorra se financia por la evasión fiscal de la alta burguesía y clase político-empresarial catalana, !no se ya donde tengo la cabeza¡

Como decía, hoy (27/10/2014) nos hemos enterado de la macro-redada policial que ha desahuciado a la comunidad de Madrid de alcaldes y consejeros (que como decía Fabra, no aconsejan porque no es su trabajo; claro esta, igual que los maestros no enseñan y los bomberos causan incendios), dejando a su población, sumida en un profundo dolor por la pérdida de tamaños "calcutas" de las finanzas. Pero realmente, lo verdaderamente importante ha sido la victoria de Pablo Iglesias en su disputa interna de partido, con lo que ahora llaman el "sector crítico" (el bueno de Kant debe estar revolviéndose en su tumba), venciendo o aplastando a Echenique, empeñado en que "Pablemos" recupere su nombre original (Podemos) y su condición de partido "cadáver". Es difícil entender y aceptar que los grupos y colectivos políticos necesitan un líder,que "no eres tú", para que tome las riendas y se preste al noble juego de la seducción electoral, alto nivel de erotismo y éxtasis social. Aquí veremos si Pablo Iglesias, a falta de ser un "guaperas limpito" (véase Albert Rivera o P.Sánchez) es un verdadero "chavista" de las palabras, un líder con peso y sustancia dentro de su partido y ante sus simpatizantes. Es de justicia comentar, que en las últimas semanas tanto los voceros (todos listísimos y preparadísimos, se ve que todos ven películas alemanas subtituladas en ruso, y leen las traducciones de Hegel al chino) de "Pablemos",  como su propio dirigente, han reculado, no una ni dos, sino miles de millas sus propuestas politico-económicas. Han abandonado el noble vicio de no pagar las deudas al estilo argentino, y se han configurado estructuralmente como un partido tradicional, eso sí, con bases asamblearías que cumplen todas las exigencias sanitarias e higiénicas europeas.

Han declarado, con sorna e ironía maliciosa, la novedosa y nunca oída frase "no somos ni de izquierdas ni de derechas" (nadie nunca ha sido perseguido ni ha muerto gritando "!viva el centro¡"); además de un largo sin fin de recortes en su planteamiento lingüístico y comunicativo, confirmando las sospechas de Marcuse, que sostenía que: en cualquier disonancia o disidencia en un sistema político industrializado era, o bien re-formulada o re-inscrita dentro de los márgenes y términos del marco ideológico establecido, o bien excluido, eliminado y suprimido del espacio discursivo. También advertía de la imposibilidad de ganar en ofertas, promesas y confort a la socialdemocracia, antesala o sub-producto del capitalismo, que a cambio de comodidades materiales y técnicas, y un amplio abanico de libertades negativas ultra racionalizadas, el individuo tan solo debe permitir un aumento de los instrumentos de control y dominación, de regulación total de la existencia urbana. Anzuelo que los de "Pablemos" han mordido como quién muerde una cereza recubierta de chocolate, cayendo así en el juego establecido de normas y coordenadas de la totalidad que parece tener el aspecto mismo de la "Razón"; y sin embargo la sociedad es irracional y esta llena de contradicciones. Como decía Marcuse, es paradójico (aunque interesado) que existiendo una multitud variada y amplia de medios de comunicación, en explosión orgiástica de medios, siempre se mantenga el mismo orden de discurso, los mismos valores dominantes, que son a su vez los que adopta "Pablemos": fundamentalismo democrático, mitificación de la voluntad del pueblo, libertad individual, estado del bienestar (socialdemocracia), glorificación del pacto y el consenso, parlamentarismo etc. Sin contar las paradojas económicas o militares: sólo se consigue o garantiza la paz mediante la amenaza de armas nucleares, lo que supuesta-mente niega la paz; y el crecimiento económico sólo es posible mediante agresivas y profundas crisis, cada vez más duraderas y graves; en vez de  un crecimiento equilibrado y sostenido...Pues bien, "Pablemos" aún no cree a Marcuse.

Mientras tanto, en las tierras de trapecistas y traperos, también conocidas como de barretina y butifarra; la payasada, la merendola, el onanismo de la "no-consulta" consultiva, o "movilización social institucional" sigue viento en popa, como el ángel de la historia de Benjamin (Angelus novus; Paul Klee) sin mirar los escombros y ruinas tras de sí; apoyado por las fuerzas objetivas de la historia y la voluntad de un pueblo fantasmal, (que ni esta, ni se le espera). Mientras el presidente representa el papel de "novia a la fuga" y abandona su actitud de trilero ( dónde esta el referéndum...aquí no, aquí si...) para ofrecernos la de Canciller (elecciones plebiscitarias)... La sociedad civil asimilada al discurso unidimensional prepara sus copas de plástico, su cava caliente, y sus fiestas "empurdanesas",  para una cita inolvidable en la historia de la comedía: un "merendendum" inolvidable. Que les reafirmará como soberanía nacional y voz de la mayoría, un reconocimiento local y provincial, reconocido como festividad o capricho, que ningún eco internacional tendrá. Los no-nacionalistas, desnudos de entusiasmo, y por lo tanto bañados de paciencia, emprendemos chistes, humor y sátira para no desesperar y no emborracharnos de pacata e inocente "voluntad" de una sociedad masificada y unidimensional. Perdonen los independentistas por la crudeza del humor de este escrito, mi intención no es compararles con el Ébola, yo no creo que sean tan mortíferos.