domingo, 7 de mayo de 2017

A modo de aperitivo



Horas lentas, taciturnas y cargadas de incertidumbre -escatológica-. Así afila la prensa, y su correlato institucional socialdemócrata, y la lógica del gran capital, cual sílex, sus titulares y sus consignas apologéticas y apocalípticas en defensa de un sistema casi primitivo que es como un gigante, ciego y sordo, con pies de barro, varado, y envarado, en la intangible costa de la marchita y maltrecha esperanza ilustrada y civilizadora de la bienaventuranza secular. Un sistema moribundo, extraviado entre empinadas y vertiginosas cuestas, que son los obstáculos que él mismo, su mentira, su negligencia, su cinismo, su relativismo, su enajenación, su fetichismo, se autoimpone. Signo, sello, cárcel, evidente, de nuestro tiempo de despolitización y tecnocrácia, de vaciamiento crítico, nulidad reflexiva, esterilidad de la acción honda y veraz del hombre. El llamado neofascismo de Le Pen, al que se enfrenta morbosamente "lo establecido", es un lobo viejo, desdentado, cano, yeso, despeluchado, blando, tosco, desmedrado, enfermo, y cansado de vivir arrastrado y de hambrear por las sombras. Merodeando famélico en busca de residuos, cadáveres que roer como las ratas su alimento. Lo han conseguido. El lobo, ¿resucitado?, es la única alternativa disidente a la repetición mórbida de lo mismo, a la copia, la reposición de lo siempre igual, a lo idéntico, y a la asimilación vergonzosa e indigente con el sistema moderno de infamia general. La ignorancia hiperbolizada de los otros deja al hombre concreto a solas con su conciencia, en conflicto con sus contradicciones y sus fantasmas, esa es la única verdad, el resto, cháchara, bullshit, ruido, maracas y propaganda. El hombre debe escoger si lo uno o lo otro, o nada, el voto en blanco masivo que toda persona honrada desearía como resultado de este encuentro en el que el universo invierte sus inflexibles y recelosas leyes para que el perro coma perro en un festín caníbal.

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